agofan
28-12-2005, 16:06:46
No es un relato erótico, pero he preferido que no lo sea, porque os lo quiero dedicar a apreton, llenues, Backdoor y Nobody.
Aprovecho para comentarle a apreton, como moderadora, y puesto que no me es posible hacerlo mediante un mensaje privado, que quiero hacerle una consulta con respecto a la publicación de un texto.
Gracias a los cuatro por vuestras respuestas al relato anterior. Aquí tenéis mi dedicatoria:
He regresado. Y mientras te busco, sólo pienso en tu sonrisa.
¿Qué estarás haciendo tú?
Te encuentro sentada, asomada esperando mi llegada. Eres una imagen adorable, y me entretengo para observarte, deleitarme con la sonrisa apenas insinuada en la comisura de tus labios.
Permanecemos un rato mirándonos, contándonos cuánto nos apetecemos sin decir una palabra. Y no puedo aguantar más lejos de ti, me acerco adonde tú me esperas, te levantas abriendo tus brazos y me acoges en un abrazo que me sabe a escalofríos, que es mi refugio y el lugar donde quiero perderme cada día.
Me aprietas contra ti, me estrujas mientras escondes tu cabeza en mi hombro y acaricias mi cabeza despacio, mi nuca, acaricias mi cara al tiempo que separas tu cara lo suficiente para dejar en mi cuello tu huella cálida, mojada, un beso para contarme todo lo que no sabríamos con palabras.
Desde tu beso, retrocedes por mi cara sintiendo mi piel con tu rostro; me quedo muy quieto porque quiero sentir cada poro de tu piel viajando sobre la mía, rozas mi mejilla con el pliegue de tus labios, es el peaje que pagas para llegar hasta los míos.
Y mis ojos hace rato que se han cerrado y mi cabeza navega por un mar donde ondas suaves nos mecen en un sopor en el que sentimos cada respiración, cada latido del otro como nuestro.
Estás frente a mí, nuestros cuerpos pegados, nuestras bocas entreabiertas asomadas la una a la otra, se aproximan sin apenas moverse, y al fin entran en contacto nuestros labios sin besarse, sólo para estar cerca, sólo para poder respirar el aliento del otro. Y permanecemos así sin pensar en nada más, porque ya no existe nada más.
Acaricias otra vez mi cara, dejas tu mano apoyada en mi mejilla, desde donde puedes tocar mi sonrisa con tus dedos. Y alzas tus ojos despacio para saludarme: Hola. Un susurro sin voz, y tu sonrisa tímida y dulce. Mi hogar.
Aprovecho para comentarle a apreton, como moderadora, y puesto que no me es posible hacerlo mediante un mensaje privado, que quiero hacerle una consulta con respecto a la publicación de un texto.
Gracias a los cuatro por vuestras respuestas al relato anterior. Aquí tenéis mi dedicatoria:
He regresado. Y mientras te busco, sólo pienso en tu sonrisa.
¿Qué estarás haciendo tú?
Te encuentro sentada, asomada esperando mi llegada. Eres una imagen adorable, y me entretengo para observarte, deleitarme con la sonrisa apenas insinuada en la comisura de tus labios.
Permanecemos un rato mirándonos, contándonos cuánto nos apetecemos sin decir una palabra. Y no puedo aguantar más lejos de ti, me acerco adonde tú me esperas, te levantas abriendo tus brazos y me acoges en un abrazo que me sabe a escalofríos, que es mi refugio y el lugar donde quiero perderme cada día.
Me aprietas contra ti, me estrujas mientras escondes tu cabeza en mi hombro y acaricias mi cabeza despacio, mi nuca, acaricias mi cara al tiempo que separas tu cara lo suficiente para dejar en mi cuello tu huella cálida, mojada, un beso para contarme todo lo que no sabríamos con palabras.
Desde tu beso, retrocedes por mi cara sintiendo mi piel con tu rostro; me quedo muy quieto porque quiero sentir cada poro de tu piel viajando sobre la mía, rozas mi mejilla con el pliegue de tus labios, es el peaje que pagas para llegar hasta los míos.
Y mis ojos hace rato que se han cerrado y mi cabeza navega por un mar donde ondas suaves nos mecen en un sopor en el que sentimos cada respiración, cada latido del otro como nuestro.
Estás frente a mí, nuestros cuerpos pegados, nuestras bocas entreabiertas asomadas la una a la otra, se aproximan sin apenas moverse, y al fin entran en contacto nuestros labios sin besarse, sólo para estar cerca, sólo para poder respirar el aliento del otro. Y permanecemos así sin pensar en nada más, porque ya no existe nada más.
Acaricias otra vez mi cara, dejas tu mano apoyada en mi mejilla, desde donde puedes tocar mi sonrisa con tus dedos. Y alzas tus ojos despacio para saludarme: Hola. Un susurro sin voz, y tu sonrisa tímida y dulce. Mi hogar.