ELLIOT
18-01-2006, 01:07:17
la piscina
Todos los dias iba a la piscina, era como un ritual que tenía que hacer. Eduardo debía de nadar, su afición a este deporte no le impedía nunca ir a su gimnasio . Sus jornadas allí eran siempre de 1 hora y 30 minutos aproximadamente. Y su único objetivo era disfrutar de la natación, con su cronometro, y sin hacer mucho caso de lo que ocurría a su alrededor. Solo le importaba su calle y el tiempo que medía sus series. Este deporte es individualista, igual que Eduardo.
Una fría mañana de un sábado de enero, sobre las 11 horas, Eduardo entró como de costumbre en las instalaciones de su gimnasio .Una vez cambiado, salió del vestuario con su bañador de competición, gorro, gafas, cronometro y toalla, no se requería más.
Tras los diez minutos pertinentes de estiramientos, y calentamiento muscular, Eduardo se duchó, y se dirigió en búsqueda de una calle, de las ocho que tiene la piscina olímpica..Siempre buscaba una calle de las denominadas rápida, y que tuviese menos afluencia. Observó que en la numero 5, solo había una persona, y además era mujer, este detalle para Eduardo era importante, pues las mujeres respetan generalmente más el espacio de una calle a compartir que muchos hombres ,que además se "pican" cuando los sobrepasas.
Eduardo entró contacto con el agua, y empezó su sesión con estilo brazas. Tras llevar 100 metros, cambio a espalda. En este estilo, existe la dificultad de que no puedes controlar bien lo que pueda haber delante. Por ello en un momento dado su hombro rozó con el de alguien que iba en sentido contrario, fue muy leve. Eduardo pensó que su compañera de calle, se habría desviado un poco en su trayecto.
Tras hacer 300 metros cambió de nuevo a brazas. Por tanto se sumergía tomaba impulso, y emergía para respirar. En un momento dado, justo cuando se acercaba a uno de los extremos de la calle, se cruzó sumergido con ella. Y la vio bajo el agua como cogía impulso flexionando sus piernas contra la pared e iniciaba el trayecto en sentido contrario. Sus piernas eran largas, y bien torneadas y su movimiento suave y armónico. Sintió inmediatamente una gran curiosidad por esa mujer. Había algo de ella que le atraía. Era algo inexplicable, como una necesidad de contemplarla.
Eduardo comenzó a nadar estilo crol, el más rápido. De vez en cuando se cruzaba con ella, que sin lugar a dudas estaba en muy buena forma, ya que no conseguía alcanzarla. Pero finalmente llegando a uno de los extremos de la piscina, percibió su silueta cada vez más clara, detenida y apoyada contra la pared.”Estará haciendo un descanso “ pensó .
A medida que se acercaba a ella descubría un cuerpo bien proporcionado, de hombros angulosos, pero finos, unas caderas en perfecta armonía con los mismos, una cintura estrecha , y unos pechos aparentemente en su tamaño justo. Y pensó en parar junto a ella, pero extrañamente no lo hizo, siguió nadando, pero desalentado, sin ritmo, como perdido en una piscina que otrora se le quedaba muy pequeña.
A los pocos minutos Eduardo se detuvo. Rapidamente la buscó. Ella dirigía hacia él con un más que aceptable estilo. Llegó a su vera y no eludió su mirada. Y a pesar de llevar el gorro y las gafas de agua se intuía un rostro bello y enigmático a la vez. Se mantuvieron las miradas breves segundos, pero de una intensidad como Eduardo no había percibido nunca.
Ella dio la vuelta y continuó. El salió detrás nadando y nadando. Así estuvieron casi una hora. jugando al ratón y al gato. Hasta que ella se izó enérgicamente por uno de los bordes, se puso de pie y se encaminó hacia un gran yacuzzi comunitario (cabrían unas 10 personas) que había justo al lado de la piscina. Suavemente se sentó en un lado más apartado de las pocas personas que en ese momento habían.
Eduardo también salió detrás, sentándose a su lado. Ella no lo miraba, tenía la vista al frente, y no se desprendía de las dichosas gafas. El pensó en decirle algo, pero tardó demasiado por que sin esperarlo, notó como una mano se apoyaba suavemente en su pierna. Entonces toda una sensación de placer le invadió, trató de mover él su mano hacia ella, pero ésta se la cogió y muy lentamente se la pasó por sus senos en una perfecta conducción oscilante, para acabar posándosela en su sexo. El Con un movimiento suave consiguió introducirla por debajo de su bañador, y delicadamente se lo masajeó con lentitud, disfrutando cada centímetro, gozando cada momento y ganando espacio con sus dedos hasta llegar a el lugar adecuado en el momento justo. Todo ello en un sinfín de burbujas y vapor que no permitían a nadie sospechar nada. Entonces ella volvió su rostro hacia él, clavó sus ojos verdes sobre los suyos e introdujo su mano también por dentro del bañador de Eduardo hasta alcanzar su erecto pene . Este sentía como suavemente inspeccionaba sus atributos aprobándolos, a juzgar por los movimientos.
El jamás sintió mayor placer y dulzura al mismo tiempo. Tuvo al poco una profusa erección. Tras ello, ella se levantó sin mediar palabra y se marchó al vestuario femenino, no si antes regalarle una bonita e inolvidable sonrisa.
Tras este día Eduardo nunca volvió a verla. Tampoco la olvidaría.
Todos los dias iba a la piscina, era como un ritual que tenía que hacer. Eduardo debía de nadar, su afición a este deporte no le impedía nunca ir a su gimnasio . Sus jornadas allí eran siempre de 1 hora y 30 minutos aproximadamente. Y su único objetivo era disfrutar de la natación, con su cronometro, y sin hacer mucho caso de lo que ocurría a su alrededor. Solo le importaba su calle y el tiempo que medía sus series. Este deporte es individualista, igual que Eduardo.
Una fría mañana de un sábado de enero, sobre las 11 horas, Eduardo entró como de costumbre en las instalaciones de su gimnasio .Una vez cambiado, salió del vestuario con su bañador de competición, gorro, gafas, cronometro y toalla, no se requería más.
Tras los diez minutos pertinentes de estiramientos, y calentamiento muscular, Eduardo se duchó, y se dirigió en búsqueda de una calle, de las ocho que tiene la piscina olímpica..Siempre buscaba una calle de las denominadas rápida, y que tuviese menos afluencia. Observó que en la numero 5, solo había una persona, y además era mujer, este detalle para Eduardo era importante, pues las mujeres respetan generalmente más el espacio de una calle a compartir que muchos hombres ,que además se "pican" cuando los sobrepasas.
Eduardo entró contacto con el agua, y empezó su sesión con estilo brazas. Tras llevar 100 metros, cambio a espalda. En este estilo, existe la dificultad de que no puedes controlar bien lo que pueda haber delante. Por ello en un momento dado su hombro rozó con el de alguien que iba en sentido contrario, fue muy leve. Eduardo pensó que su compañera de calle, se habría desviado un poco en su trayecto.
Tras hacer 300 metros cambió de nuevo a brazas. Por tanto se sumergía tomaba impulso, y emergía para respirar. En un momento dado, justo cuando se acercaba a uno de los extremos de la calle, se cruzó sumergido con ella. Y la vio bajo el agua como cogía impulso flexionando sus piernas contra la pared e iniciaba el trayecto en sentido contrario. Sus piernas eran largas, y bien torneadas y su movimiento suave y armónico. Sintió inmediatamente una gran curiosidad por esa mujer. Había algo de ella que le atraía. Era algo inexplicable, como una necesidad de contemplarla.
Eduardo comenzó a nadar estilo crol, el más rápido. De vez en cuando se cruzaba con ella, que sin lugar a dudas estaba en muy buena forma, ya que no conseguía alcanzarla. Pero finalmente llegando a uno de los extremos de la piscina, percibió su silueta cada vez más clara, detenida y apoyada contra la pared.”Estará haciendo un descanso “ pensó .
A medida que se acercaba a ella descubría un cuerpo bien proporcionado, de hombros angulosos, pero finos, unas caderas en perfecta armonía con los mismos, una cintura estrecha , y unos pechos aparentemente en su tamaño justo. Y pensó en parar junto a ella, pero extrañamente no lo hizo, siguió nadando, pero desalentado, sin ritmo, como perdido en una piscina que otrora se le quedaba muy pequeña.
A los pocos minutos Eduardo se detuvo. Rapidamente la buscó. Ella dirigía hacia él con un más que aceptable estilo. Llegó a su vera y no eludió su mirada. Y a pesar de llevar el gorro y las gafas de agua se intuía un rostro bello y enigmático a la vez. Se mantuvieron las miradas breves segundos, pero de una intensidad como Eduardo no había percibido nunca.
Ella dio la vuelta y continuó. El salió detrás nadando y nadando. Así estuvieron casi una hora. jugando al ratón y al gato. Hasta que ella se izó enérgicamente por uno de los bordes, se puso de pie y se encaminó hacia un gran yacuzzi comunitario (cabrían unas 10 personas) que había justo al lado de la piscina. Suavemente se sentó en un lado más apartado de las pocas personas que en ese momento habían.
Eduardo también salió detrás, sentándose a su lado. Ella no lo miraba, tenía la vista al frente, y no se desprendía de las dichosas gafas. El pensó en decirle algo, pero tardó demasiado por que sin esperarlo, notó como una mano se apoyaba suavemente en su pierna. Entonces toda una sensación de placer le invadió, trató de mover él su mano hacia ella, pero ésta se la cogió y muy lentamente se la pasó por sus senos en una perfecta conducción oscilante, para acabar posándosela en su sexo. El Con un movimiento suave consiguió introducirla por debajo de su bañador, y delicadamente se lo masajeó con lentitud, disfrutando cada centímetro, gozando cada momento y ganando espacio con sus dedos hasta llegar a el lugar adecuado en el momento justo. Todo ello en un sinfín de burbujas y vapor que no permitían a nadie sospechar nada. Entonces ella volvió su rostro hacia él, clavó sus ojos verdes sobre los suyos e introdujo su mano también por dentro del bañador de Eduardo hasta alcanzar su erecto pene . Este sentía como suavemente inspeccionaba sus atributos aprobándolos, a juzgar por los movimientos.
El jamás sintió mayor placer y dulzura al mismo tiempo. Tuvo al poco una profusa erección. Tras ello, ella se levantó sin mediar palabra y se marchó al vestuario femenino, no si antes regalarle una bonita e inolvidable sonrisa.
Tras este día Eduardo nunca volvió a verla. Tampoco la olvidaría.