annuvion
23-01-2006, 13:53:31
La semana había empezado de manera extraña, primero mi experiencia voyeurística - onanista nocturna, en la que podríamos decir había creado una nueva forma de sexo, y como segundo plato el intenso calor que hacía ese mes de Agosto.
Realmente, en mis taitantos años de vida, creía haber visto bastantes cosas, pero ese calor, era increíble. Te levantabas sudado, salías de la ducha sudando y el trayecto a la oficina en coche, era lo mas parecido a un horno que he conocido. El aire acondicionado del coche no daba abasto.
Por la tarde, no podía estar en el cocedero que se había convertido mi despacho, en invierno era genial, tiene ventanas, luz natural, si te agobias ves los coches pasar... pero en verano es un horno.
La semana transcurría entre botellas de agua, y aires condicionados goteantes en el trabajo, sinceramente éramos pocos, que yo supiera, estábamos un informático, bastantes de la planta de contabilidad, y de mi departamento estábamos un par de compañeros y yo.
Con este maravilloso clima llegó el viernes, los “colgados”, o “Los Rodríguez”, como nos gustaba llamarnos, pensábamos que iba a ser el peor día de la semana por dos razones, la primera por que el tiempo decía que iba a ser el día más caluroso, y segundo, obviamente, por que era viernes, en Agosto y en España y eso quería decir que no estaría trabajando ni Dios.
Nos equivocamos, fue peor. No trabajaba nadie, a las 11 de la mañana ya me había dado cuenta que el día iba a ser nefasto, no encontraba a ningún cliente, no me apetecía salir a la calle a comprobar el estado de los trabajos por que podía morir achicharrado y para rematar la faena ,se estropeó el aire acondicionado...
Con este desastroso plan, nos reunimos los que nos habíamos quedado al cargo de las secciones, Marta de contabilidad, Luis el informático, Elisa de Marketing y yo.
Marta era una chica morena de 27 años, un pelo liso, media melena, con una pinta de ser de anuncio Pelo Pantene espectacular. Mediría alrededor de 1.60 y siempre iba vestida de pijita, con traje de chaqueta. Pero el calor habñia hecho que sólo llevase la camisa blanca desabotonada, junto a su pantalón negro.
Luis era el típico informático de película, pelo largo, recogido en una mugrienta coleta atrás (mugrienta por que nunca supe si eran rastas o era suciedad). Barba de 3 días sin afeitar, delgado como un palillo y siempre iba con vaqueros y camisa de manga larga por fuera... pensé que le podía dar una lipotímia en cualquier momento. A sus 30 años no parecía estar bien de salud, pero que se podía esperar de un tío que pasaba 12 horas al día en una sala a 17 ºC, fumando 2 paquetes de camel sin parar...
Elisa era pelirroja... pequitas, ojos verdes, una auténtica valkiria de mis sueños, tenía 32 años, y todo era energía, llevaba una camiseta blanca de tirantes, y un pantalón informal de lino, color verde, que le marcaba un culito de escándalo.
Por último estaba yo, la verdad es que al estar siempre entrando y saliendo, llevaba una camisa de manga corta comprada del Corte Inglés con su pantalón a juego completamente sudados. Mi más de 1,80 y mi pelo corto me daban un aspecto firme y enérgico que se disipaba al ver mi curvita de la felicidad.
La reunión concluyó con que era imposible trabajar esa tarde, pero los 4 sabíamos que nuestro maravilloso jefe, que siempre nos pague la nómina, llamaría para comprobar que todo estuviese bien. Entonces, decidimos no putear al personal, los mandaríamos a todos a casa y nos quedaríamos los cuatro, todos dando muestras de profesionalidad y competencia....
A las 13:30 cuando ya le había dicho a mis compañeros que se fuesen y quedaba yo sólo en el departamento me llamó Luis, el informático. Tenía una idea, que nos juntásemos los “cuatro pringaos” en la sala de reuniones en 5 minutos.
Allí acudí, pensando que quería que nos fuésemos, que había ideado como desviar las líneas, o algo así. Llegué el último, ya estaban todos sentados, al sentarme yo, se levantó Luis y empezó a hablar:
“ que nos tengamos que quedar como pringaos, no quiere decir que lo seamos, yo no estoy dispuesto a currar esta tarde como un Gilipollas”.
Yo me estaba descojonando por dentro, por mi parte no habría ningún problema, y creo que por Elisa tampoco, pero Marta estaba en el consejo y eran palabras mayores que fuera a permitirlo. Pero no me dejó seguir pensando, estaba lanzado hablando.
“Os propongo una idea, se que no nos podemos ir de aquí, pero puedo desviar las líneas de la centralita a la cafetería, podemos pasar la tarde allí charlando y si queréis puedo pillar un portátil y podemos ver una película”
Las miradas entre los cuatro eran como disparos, como golpes de un partido de tenis.
“Por mi vale”, dije yo
“No es mala idea, le sobra la película”, dijo Elisa
“No seré la aguafiestas”, dijo Marta.
“bueno, siempre puedo pillar un poco de alcohol de las reservas del departamento de informática y unos petas”, dijo Luis
Me quedé helado, ni en mis más oscuros pensamientos me imaginé a alguien diciendo eso en la empresa. Las dos chicas se miraron, Elisa sonrió y dijo
“mejor que trabajar”
Marta la miró indignada, “no lo veo buena idea, pero que cada uno haga lo que quiera, que si no marcareis como aguafiestas, más de lo que soy”.
“Ya de paso, por que no pedimos comida china y comemos aquí, por que pillar el coche ahora para irme a casa, es un infierno”.
A las 16 horas, la cafetería aparecía recubierta de envoltorios de “el buda feliz” (por qué todos los chinos se llaman o buda algo, o Muralla algo????). Dos botellas de vino habían caído en la comida y Luis estaba abriendo el Whisky.
Con el primer cubata Luis empezó a fumar su canuto, yo no fumaba, y las chicas tampoco, pero he de decir que el humo y el alcohol, comenzaban a colocar.
Como si de una fiesta universitaria se tratase, la risa floja surgió y alguien propuso jugar al poker.
“ eso es una chorrada”, dijo Elisa, con un color aún más rojo en su cara de lo normal, “Sólo falta que alguien diga de jugar a la botella”
“ a mi no me parece mala idea, si no me dormiré” Dijo Marta
Luis y yo nos miramos incrédulos... ¿podría ser?, no dimos tiempo a la duda, movimos dos mesas y dejamos el espacio despejado.
La botella comenzó a girar y empezaron las preguntas
Marta tenía un novio que después del primer polvo se quedaba dormido, su postura favorita era cabalgar y en verano, a parte de hacer top-less, iba a solas a playas nudistas.
Luis no tenía novia, pero era experto en Cybersexo, sólo había follado en realidad 3 veces y una de ellas estaba tan borracho que no recordaba como era la tía o como se le había puesto dura.
Elisa estaba casada, su marido era profesor de gimnasia y un verdadero campeón en la cama, le encantaba hacerlo a 4 patas, y reconocía usar juguetes.
Yo era otro pringao como Luis, sólo que yo si tenía novia, normalmente sólo duraba dos asaltos, no soy ningún Rocco Sifredi y como amante creía que dejaba bastante que desear.
La botella seguí girando y Marta le preguntó a Luis
“¿Cuanto te mide?”
Luis se levantó, se bajó los pantalones y los calzoncillos y dijo “Miralo tú misma”.
Joer, pedazo de tranca se gastaba el colega, en reposa debí medir casí 10 cm.
Marta la miró con cara de viciosa y sin decir nada se acercó y empezó a palparle los testículos, su tranca comenzó a crecer.
Nunca había visto empalmarse a un tio, a parte de a mi, claro está, pero esa situación morbosa me estaba poniendo.
Marta, siguió tocando, ahora ya la recorría con la mano y comenzó a lamerla
“yo creo que cerca de 22 cm.”, dijo y se la soltó, volviendo a su sitio gateando
Luis estaba de pie empalmado y con su tranca palpitante
“no me puedes dejar asi” y se acerco a Marta, le abrió la camisa y empezó a magrearle las tetas con una mano mientras con la otra se la seguía meneando.
Mi pantalón me dolía, mi Poya estaba también crecida, no sabía que hacer, pero pronto los acontecimientos me superaron.
Elisa se estaba tocando por encima del pantalón, sus pezones estaban duros y se marcaban en el top.
Marta había tomado el control de Luis, lo había tirado al suelo y estaba a punto de clavarse su enorme verga mientras gemía como una loca.
Yo me dirigí hacía Elisa, suavemente le quité los pantalones mientras ella me miraba con esa mirada vidriosa que sólo da el deseo más absoluto.
Comencé a lamerle su húmeda rajita, ese coñito pelirrojo que de solo verlo me ponía. Lo lamía con ansia, no buscaba ni clítoris ni labios, un torrente de fluidos me bañaba la boca y bastante tenía con intentar sujetar esas piernas que tanto se movían.
La situación era morbosa, las posturas se sucedían, las pasiones se liberaban.
Yo ya me había corrido una vez, y estaba follándome a 4 patas a Elisa que se movía como posesa. mientras Luis y Marta estaban enzarzados en un tremendo 69, cuando sonó el teléfono. Lo tenía al alcance de la mano, así que lo cogí yo
“todo controlado Jefe los departamentos están ahora más unidos que nunca”
Realmente, en mis taitantos años de vida, creía haber visto bastantes cosas, pero ese calor, era increíble. Te levantabas sudado, salías de la ducha sudando y el trayecto a la oficina en coche, era lo mas parecido a un horno que he conocido. El aire acondicionado del coche no daba abasto.
Por la tarde, no podía estar en el cocedero que se había convertido mi despacho, en invierno era genial, tiene ventanas, luz natural, si te agobias ves los coches pasar... pero en verano es un horno.
La semana transcurría entre botellas de agua, y aires condicionados goteantes en el trabajo, sinceramente éramos pocos, que yo supiera, estábamos un informático, bastantes de la planta de contabilidad, y de mi departamento estábamos un par de compañeros y yo.
Con este maravilloso clima llegó el viernes, los “colgados”, o “Los Rodríguez”, como nos gustaba llamarnos, pensábamos que iba a ser el peor día de la semana por dos razones, la primera por que el tiempo decía que iba a ser el día más caluroso, y segundo, obviamente, por que era viernes, en Agosto y en España y eso quería decir que no estaría trabajando ni Dios.
Nos equivocamos, fue peor. No trabajaba nadie, a las 11 de la mañana ya me había dado cuenta que el día iba a ser nefasto, no encontraba a ningún cliente, no me apetecía salir a la calle a comprobar el estado de los trabajos por que podía morir achicharrado y para rematar la faena ,se estropeó el aire acondicionado...
Con este desastroso plan, nos reunimos los que nos habíamos quedado al cargo de las secciones, Marta de contabilidad, Luis el informático, Elisa de Marketing y yo.
Marta era una chica morena de 27 años, un pelo liso, media melena, con una pinta de ser de anuncio Pelo Pantene espectacular. Mediría alrededor de 1.60 y siempre iba vestida de pijita, con traje de chaqueta. Pero el calor habñia hecho que sólo llevase la camisa blanca desabotonada, junto a su pantalón negro.
Luis era el típico informático de película, pelo largo, recogido en una mugrienta coleta atrás (mugrienta por que nunca supe si eran rastas o era suciedad). Barba de 3 días sin afeitar, delgado como un palillo y siempre iba con vaqueros y camisa de manga larga por fuera... pensé que le podía dar una lipotímia en cualquier momento. A sus 30 años no parecía estar bien de salud, pero que se podía esperar de un tío que pasaba 12 horas al día en una sala a 17 ºC, fumando 2 paquetes de camel sin parar...
Elisa era pelirroja... pequitas, ojos verdes, una auténtica valkiria de mis sueños, tenía 32 años, y todo era energía, llevaba una camiseta blanca de tirantes, y un pantalón informal de lino, color verde, que le marcaba un culito de escándalo.
Por último estaba yo, la verdad es que al estar siempre entrando y saliendo, llevaba una camisa de manga corta comprada del Corte Inglés con su pantalón a juego completamente sudados. Mi más de 1,80 y mi pelo corto me daban un aspecto firme y enérgico que se disipaba al ver mi curvita de la felicidad.
La reunión concluyó con que era imposible trabajar esa tarde, pero los 4 sabíamos que nuestro maravilloso jefe, que siempre nos pague la nómina, llamaría para comprobar que todo estuviese bien. Entonces, decidimos no putear al personal, los mandaríamos a todos a casa y nos quedaríamos los cuatro, todos dando muestras de profesionalidad y competencia....
A las 13:30 cuando ya le había dicho a mis compañeros que se fuesen y quedaba yo sólo en el departamento me llamó Luis, el informático. Tenía una idea, que nos juntásemos los “cuatro pringaos” en la sala de reuniones en 5 minutos.
Allí acudí, pensando que quería que nos fuésemos, que había ideado como desviar las líneas, o algo así. Llegué el último, ya estaban todos sentados, al sentarme yo, se levantó Luis y empezó a hablar:
“ que nos tengamos que quedar como pringaos, no quiere decir que lo seamos, yo no estoy dispuesto a currar esta tarde como un Gilipollas”.
Yo me estaba descojonando por dentro, por mi parte no habría ningún problema, y creo que por Elisa tampoco, pero Marta estaba en el consejo y eran palabras mayores que fuera a permitirlo. Pero no me dejó seguir pensando, estaba lanzado hablando.
“Os propongo una idea, se que no nos podemos ir de aquí, pero puedo desviar las líneas de la centralita a la cafetería, podemos pasar la tarde allí charlando y si queréis puedo pillar un portátil y podemos ver una película”
Las miradas entre los cuatro eran como disparos, como golpes de un partido de tenis.
“Por mi vale”, dije yo
“No es mala idea, le sobra la película”, dijo Elisa
“No seré la aguafiestas”, dijo Marta.
“bueno, siempre puedo pillar un poco de alcohol de las reservas del departamento de informática y unos petas”, dijo Luis
Me quedé helado, ni en mis más oscuros pensamientos me imaginé a alguien diciendo eso en la empresa. Las dos chicas se miraron, Elisa sonrió y dijo
“mejor que trabajar”
Marta la miró indignada, “no lo veo buena idea, pero que cada uno haga lo que quiera, que si no marcareis como aguafiestas, más de lo que soy”.
“Ya de paso, por que no pedimos comida china y comemos aquí, por que pillar el coche ahora para irme a casa, es un infierno”.
A las 16 horas, la cafetería aparecía recubierta de envoltorios de “el buda feliz” (por qué todos los chinos se llaman o buda algo, o Muralla algo????). Dos botellas de vino habían caído en la comida y Luis estaba abriendo el Whisky.
Con el primer cubata Luis empezó a fumar su canuto, yo no fumaba, y las chicas tampoco, pero he de decir que el humo y el alcohol, comenzaban a colocar.
Como si de una fiesta universitaria se tratase, la risa floja surgió y alguien propuso jugar al poker.
“ eso es una chorrada”, dijo Elisa, con un color aún más rojo en su cara de lo normal, “Sólo falta que alguien diga de jugar a la botella”
“ a mi no me parece mala idea, si no me dormiré” Dijo Marta
Luis y yo nos miramos incrédulos... ¿podría ser?, no dimos tiempo a la duda, movimos dos mesas y dejamos el espacio despejado.
La botella comenzó a girar y empezaron las preguntas
Marta tenía un novio que después del primer polvo se quedaba dormido, su postura favorita era cabalgar y en verano, a parte de hacer top-less, iba a solas a playas nudistas.
Luis no tenía novia, pero era experto en Cybersexo, sólo había follado en realidad 3 veces y una de ellas estaba tan borracho que no recordaba como era la tía o como se le había puesto dura.
Elisa estaba casada, su marido era profesor de gimnasia y un verdadero campeón en la cama, le encantaba hacerlo a 4 patas, y reconocía usar juguetes.
Yo era otro pringao como Luis, sólo que yo si tenía novia, normalmente sólo duraba dos asaltos, no soy ningún Rocco Sifredi y como amante creía que dejaba bastante que desear.
La botella seguí girando y Marta le preguntó a Luis
“¿Cuanto te mide?”
Luis se levantó, se bajó los pantalones y los calzoncillos y dijo “Miralo tú misma”.
Joer, pedazo de tranca se gastaba el colega, en reposa debí medir casí 10 cm.
Marta la miró con cara de viciosa y sin decir nada se acercó y empezó a palparle los testículos, su tranca comenzó a crecer.
Nunca había visto empalmarse a un tio, a parte de a mi, claro está, pero esa situación morbosa me estaba poniendo.
Marta, siguió tocando, ahora ya la recorría con la mano y comenzó a lamerla
“yo creo que cerca de 22 cm.”, dijo y se la soltó, volviendo a su sitio gateando
Luis estaba de pie empalmado y con su tranca palpitante
“no me puedes dejar asi” y se acerco a Marta, le abrió la camisa y empezó a magrearle las tetas con una mano mientras con la otra se la seguía meneando.
Mi pantalón me dolía, mi Poya estaba también crecida, no sabía que hacer, pero pronto los acontecimientos me superaron.
Elisa se estaba tocando por encima del pantalón, sus pezones estaban duros y se marcaban en el top.
Marta había tomado el control de Luis, lo había tirado al suelo y estaba a punto de clavarse su enorme verga mientras gemía como una loca.
Yo me dirigí hacía Elisa, suavemente le quité los pantalones mientras ella me miraba con esa mirada vidriosa que sólo da el deseo más absoluto.
Comencé a lamerle su húmeda rajita, ese coñito pelirrojo que de solo verlo me ponía. Lo lamía con ansia, no buscaba ni clítoris ni labios, un torrente de fluidos me bañaba la boca y bastante tenía con intentar sujetar esas piernas que tanto se movían.
La situación era morbosa, las posturas se sucedían, las pasiones se liberaban.
Yo ya me había corrido una vez, y estaba follándome a 4 patas a Elisa que se movía como posesa. mientras Luis y Marta estaban enzarzados en un tremendo 69, cuando sonó el teléfono. Lo tenía al alcance de la mano, así que lo cogí yo
“todo controlado Jefe los departamentos están ahora más unidos que nunca”