Apreton
26-02-2006, 14:11:51
La sexualidad es algo muy particular. Particular, muy de cada uno. Pero cuando eres una pareja, tu sexualidad se convierte en algo compartido. Quizás con tus propias parcelas, y fantasías, pero algo compartido. Y claro, cuando algo es compartido, hay que ponerse de acuerdo entre las dos partes.
Cuando le conocí, él era fantástico, aún lo es. Y con una sensualidad desbordante, su forma de amarme era tan entregada, era imaginativo, era ansioso, me hacía sentirme deseada y única. Por él, hice cosas que no creí hacer nunca, follar en sitios públicos, ponerme ropa muy insinuante que nunca pensé ponerme, probar todas las posiciones, visitar los sexshops y comprarme montones de juguetes, de aparatitos. Nuestra vida sexual, era divertida, y excitante. Es verdad, que a veces, deseaba que bajara un poco el ritmo, al fin y al cabo siempre llega un momento en que uno se asienta un poco. Pero él cada vez quería más, y yo siempre fui complaciente. Nunca supe negarle un capricho porque él lo disfrutaba mucho, y era muy agradecido conmigo siempre, pero cuando le complacía era como un niño con zapatos nuevos.
Nunca dudé de su amor por mí, ni de la atracción y el deseo que yo despertaba en él, aún cuando me sentaba en sus rodillas delante del ordenador y visitábamos páginas porno, comentando las tetas de las chicas, o como eran las pollas de los hombres, hablábamos de todas las cosas que veíamos, posturas, fantasías, nunca me puse celosa, porque aunque babeará por las tetas de otra mujer, su forma de comerme las mías me hacía sentirme saciada y plena, y sabedora de toda su atención.
Pero la verdad es que su último capricho, me sorprendió. Ahora pensándolo no debería haberlo hecho, porque era lógico, habíamos ido subiendo escalones de la experiencia en el sexo juntos, y no nos habíamos parado en ningún rellano, así que indudablemente, esa debía ser su siguiente fantasía.
Tenía su polla dentro de mi , y lamía con ganas mis tetas, se paró y me miró:
- He pensado...
Mordisquito en el pezón.
- Se me ha ocurrido que igual estaría bien...
Parada para retreparse sobre mí sin sacar su polla, pero para llegar con su boca hasta mi cuello. Sabe que el cuello es mi debilidad. Chupones, sopladitas, lametones... Yo con escalofríos de placer recorriendo mi cuerpo, mientras su polla se acomoda en mi cavidad.
Y su voz retumbando en mi oreja:
- Que me gustaría que probasemos a follar con otra pareja.
Qué? Qué es lo que ha dicho? Dios, no puedo pensar, que empujones, mi coñito está muy sensible con tanto roce, toda la sangre se agolpa en mi pelvis, acompaso mi movimiento con el suyo, quiero correrme, ¿Qué es lo que me ha dicho? Ayyyy, que gusto!!!! Mmmmmm, es fantástico correrse así!
- ¿Qué me has dicho?
- Te preguntaba que te parecería un intercambio de parejas, hacer el amor con otra pareja más.
- ¿Hablas en serio?
- Sí
- Uffff, no sé, no me lo había planteado...
- Bueno, no hay que decidirlo ahora tampoco, podemos madurar la idea.
- Y un trío,¿ comenzar por un chico o una chica?
- Pero mujer, no ves que así quedaremos desequilibrados?? Venga ya lo pensaremos...
Su campaña de pensarlo, pasó por cantarme la alabanzas de probar con otra pareja, de maneras sutiles, susurrándomelo cuando follabamos, trayéndolo a la conversación, y poco a poco, aunque era reticente la idea fue instalándose en mi cabeza. Hasta que le dije que sí.
Yo no sabía como tendría planeada la idea de conocer a otra pareja, para tales menesteres, y todavía no había encontrado tiempo para preguntárselo, cuando me dijo que un compañero suyo nos invitaba a cenar en su casa. Yo no desconfié, porque otras veces ha pasado. Pero él con una sonrisa de lo más pícara, me dijo que me hiciera toilet completa por si había que enseñar más que el escote.
Yo estaba nerviosa la verdad, aunque lo había estado pensando, ay dios, si ya es difícil encontrar un persona con la que sea fácil, te sientas atraído y haya feeling, uff como no sería con dos. Pero había accedido y estaba dispuesta a pasar el trago.
Llegamos a casa del compañero, y él nos ofreció una copa antes de empezar, no suelo beber, pero pensé que la ocasión lo requería para darme un poco de valor, así que acepté gustosamente una, y me puse a estudiar disimuladamente a aquel hombre, no me desagradaba, era amable, sonreía mucho y físicamente estaba bastante bien. Seguro que ella sería un callo. Pero no, mi intuición femenina me dejó en la estacada esta vez, y entró en el salón una mujer muy agradable. Descubrí que se mira diferente a una mujer con la que sencillamente vas a cenar, que con una con la que va a haber algo más. Decidí que mi pareja tenía suerte. Ella era bastante alta, con unos pechos preciosos, se veían llenos y apetecibles por debajo de su blusa de seda, ella sorprendió mi mirada y me lanzó una sonrisa cómplice. Yo me azoré un poco.
La cena transcurrió agradablemente y sin gota de tensión, nada de lo que yo me esperaba. Aunque claramente la más nerviosa era yo. Cuando ya nos estábamos tomando otra copa y yo dudaba que fuera a pasar nada más. Carolina se colocó a mi espalda y me puso las manos en las cervicales.
- Creo que te iría bien un masaje, Celia, te ves tensa.
Sus manos hicieron círculos en mi espalda, alejando las tensiones de ella, tenía unas manos cálidas, y me abandoné.
- Ven, en el sofá estarás mejor.
Me dejé conducir, las dos copas, no suficientemente fuertes para emborracharme, habían dejado mis miembros relajados y pesados. Me tumbé en el sofá. Ella me quitó los zapatos, haciéndome un ligero masaje en los tobillos. Yo miré hacia la mesa, los dos hombres seguían con su conversación y parecían no darse cuenta de lo que estábamos haciendo. Ella me miró desde abajo, con su pie en mi mano, que acariciaba suavemente.
Eres preciosa, me dijo. Y acto seguido, se sentó a mi lado, y me besó. Es muy difícil escaquear la lengua a una mujer que te está piropeando. –Sabes lo que va a pasar verdad? – Si, me oí decir. Quieres? Me preguntó mezclando su aliento con mi saliva. –Sii, me oí susurrar. Y era cierto. Sí quería.
Ella se colocó entre mis piernas, me las abrió, y me bajo el tanga, dándome besos en los muslos. Su marido y y el mío, ya se habían dado por enterados y se sentaron uno a cada lado. Parecía que yo iba a ser la estrella por el momento. Carolina, empezó a comerme el coño delicadamente, yo cerré los ojos, y comencé a suspirar. Su lengua me daba pequeños golpes en el clítoris, y recorrían mis labios arriba y abajo. Parecía que me daba corriente cuando me tocaba. Ellos , me abrieron la blusa y se aplicaron a comerme una teta cada uno. Mmmm que sensación, sentir tres bocas pendientes de ti. Decidí que era hora de hacer algo a cambio, y agarré sus pollas firmemente, aún con los ojos cerrados comencé a sacudírselas, delicada pero convincentemente.
Carolina había avanzado en su conquista y me metía la lengua todo lo que podía en mi coñito. Abrí los ojos lo suficiente para ver que mi marido se había colocado a la retaguardia de Carolina, y la agarraba de las caderas para meter su polla en aquella cavidad . El marido de Carolina seguía a mi lado, magreandome las tetas y chupándolas, y atacando mi boca.
Yo gemía por las maniobras de su mujer en mis bajos, pero pronto oí que ella comenzaba a gemir también ante las embestidas de mi marido. Mi nuevo compañero de juegos sexuales, me tumbó en el sofá, y agarrando su polla con la mano, la dirigió hacia mi agujerito, antes de metermela me acarició el clítoris con su capullo, y me lo pasó arriba y abajo por él, comenzando una dulce tortura, cada vez que se acercaba a mi agujero de entrada yo tensaba las caderas y le buscaba. Ya comenzaba a desesperar cuando él de un solo golpe de cadera clavó la polla en mi . Uffff, me arrancó un gemido de gusto. Comencé a pellizcarme las tetas y a amasarlas , pero Carolina me cogió el relevo, mientras mi marido me metía la polla en la boca. Cerré los ojos, me sentía como si estuviera borracha, y todas las fases de un polvo se mezclasen en un momento. Una boca húmeda y hábil recorriendo mis tetas, mi lengua golpeando un capullo y mamándolo, y una polla entrando y saliendo de mí. Sentía el placer multiplicado por tres.
De repente, todos pararon, como si se hubieran puesto de acuerdo. Abrí los ojos, y les vi mirándome. Ven, me dijeron, y nos fuimos a un cuarto, Carolina se tumbó en la cama y me miró invitadora. Mi marido y el suyo tenían la polla en la mano, y se pajeaban esperando que yo probase un coño por primera vez. No lo había hecho nunca. Me tumbé sobre ella y aplasté mis tetas contra las suyas, mmmmm, que sensación, sus pechos eran suaves y firmes y me daba mucho placer rozar las mías con ellos. Me bajé un poco, y comencé a lamerlas. Cerré los ojos. Siempre pensé como sería comérselas, así que me apliqué, con ganas. Qué ricas, seguí bajando, bueno, allí estaba. Arrimé mi cara y abrí los ojos... parecía una flor exótica, húmeda, brillante, provocadora, mi lengua se arrimó, pero lo primero que me alcanzó fue el olor, olía a deseo. Me gustó. Saqué la punta de la lengua y comencé tímidamente, buscando su clítoris. Sentí como me abrían las piernas , pero no me molesté en mirar quien era, a Carolina le estaban ofreciendo una polla para lamer, mientras yo le daba placer y alguien cuidadosamente me lamía desde el culito hasta el clitoris.
Yo me ocupé de lo que tenía delante de mí. Pensé en lo que me gustaba que me hicieran, y en como Carolina me lo había comido a mí, seguro que así le gustaría a ella que se lo comieran, empecé a golpetear su clítoris con delicadeza, mientras una lengua se introducía en mi culo. Cerré los ojos y me concentré en dar y recibir placer. Cuando mi paternairse trasero se animó a introducir la punta de su polla en mi culito, coincidió con mi entrada de lengua en el coño de Carolina, las embestidas me hundían en ella, mi lengua la penetraba, y mi cara se mojaba de sus jugos.
No sé cuantas veces me corrí, no sé cuantas veces comí, lamí, besé, me besaron, chupé, mordisquee, gemí, suspiré, pedí más, supliqué que pararan y volví a repetir.
Pero sé que la sensación placentera se instaló en mi cabeza, y desde entonces el cuatro es mi número de la suerte.
Cuando le conocí, él era fantástico, aún lo es. Y con una sensualidad desbordante, su forma de amarme era tan entregada, era imaginativo, era ansioso, me hacía sentirme deseada y única. Por él, hice cosas que no creí hacer nunca, follar en sitios públicos, ponerme ropa muy insinuante que nunca pensé ponerme, probar todas las posiciones, visitar los sexshops y comprarme montones de juguetes, de aparatitos. Nuestra vida sexual, era divertida, y excitante. Es verdad, que a veces, deseaba que bajara un poco el ritmo, al fin y al cabo siempre llega un momento en que uno se asienta un poco. Pero él cada vez quería más, y yo siempre fui complaciente. Nunca supe negarle un capricho porque él lo disfrutaba mucho, y era muy agradecido conmigo siempre, pero cuando le complacía era como un niño con zapatos nuevos.
Nunca dudé de su amor por mí, ni de la atracción y el deseo que yo despertaba en él, aún cuando me sentaba en sus rodillas delante del ordenador y visitábamos páginas porno, comentando las tetas de las chicas, o como eran las pollas de los hombres, hablábamos de todas las cosas que veíamos, posturas, fantasías, nunca me puse celosa, porque aunque babeará por las tetas de otra mujer, su forma de comerme las mías me hacía sentirme saciada y plena, y sabedora de toda su atención.
Pero la verdad es que su último capricho, me sorprendió. Ahora pensándolo no debería haberlo hecho, porque era lógico, habíamos ido subiendo escalones de la experiencia en el sexo juntos, y no nos habíamos parado en ningún rellano, así que indudablemente, esa debía ser su siguiente fantasía.
Tenía su polla dentro de mi , y lamía con ganas mis tetas, se paró y me miró:
- He pensado...
Mordisquito en el pezón.
- Se me ha ocurrido que igual estaría bien...
Parada para retreparse sobre mí sin sacar su polla, pero para llegar con su boca hasta mi cuello. Sabe que el cuello es mi debilidad. Chupones, sopladitas, lametones... Yo con escalofríos de placer recorriendo mi cuerpo, mientras su polla se acomoda en mi cavidad.
Y su voz retumbando en mi oreja:
- Que me gustaría que probasemos a follar con otra pareja.
Qué? Qué es lo que ha dicho? Dios, no puedo pensar, que empujones, mi coñito está muy sensible con tanto roce, toda la sangre se agolpa en mi pelvis, acompaso mi movimiento con el suyo, quiero correrme, ¿Qué es lo que me ha dicho? Ayyyy, que gusto!!!! Mmmmmm, es fantástico correrse así!
- ¿Qué me has dicho?
- Te preguntaba que te parecería un intercambio de parejas, hacer el amor con otra pareja más.
- ¿Hablas en serio?
- Sí
- Uffff, no sé, no me lo había planteado...
- Bueno, no hay que decidirlo ahora tampoco, podemos madurar la idea.
- Y un trío,¿ comenzar por un chico o una chica?
- Pero mujer, no ves que así quedaremos desequilibrados?? Venga ya lo pensaremos...
Su campaña de pensarlo, pasó por cantarme la alabanzas de probar con otra pareja, de maneras sutiles, susurrándomelo cuando follabamos, trayéndolo a la conversación, y poco a poco, aunque era reticente la idea fue instalándose en mi cabeza. Hasta que le dije que sí.
Yo no sabía como tendría planeada la idea de conocer a otra pareja, para tales menesteres, y todavía no había encontrado tiempo para preguntárselo, cuando me dijo que un compañero suyo nos invitaba a cenar en su casa. Yo no desconfié, porque otras veces ha pasado. Pero él con una sonrisa de lo más pícara, me dijo que me hiciera toilet completa por si había que enseñar más que el escote.
Yo estaba nerviosa la verdad, aunque lo había estado pensando, ay dios, si ya es difícil encontrar un persona con la que sea fácil, te sientas atraído y haya feeling, uff como no sería con dos. Pero había accedido y estaba dispuesta a pasar el trago.
Llegamos a casa del compañero, y él nos ofreció una copa antes de empezar, no suelo beber, pero pensé que la ocasión lo requería para darme un poco de valor, así que acepté gustosamente una, y me puse a estudiar disimuladamente a aquel hombre, no me desagradaba, era amable, sonreía mucho y físicamente estaba bastante bien. Seguro que ella sería un callo. Pero no, mi intuición femenina me dejó en la estacada esta vez, y entró en el salón una mujer muy agradable. Descubrí que se mira diferente a una mujer con la que sencillamente vas a cenar, que con una con la que va a haber algo más. Decidí que mi pareja tenía suerte. Ella era bastante alta, con unos pechos preciosos, se veían llenos y apetecibles por debajo de su blusa de seda, ella sorprendió mi mirada y me lanzó una sonrisa cómplice. Yo me azoré un poco.
La cena transcurrió agradablemente y sin gota de tensión, nada de lo que yo me esperaba. Aunque claramente la más nerviosa era yo. Cuando ya nos estábamos tomando otra copa y yo dudaba que fuera a pasar nada más. Carolina se colocó a mi espalda y me puso las manos en las cervicales.
- Creo que te iría bien un masaje, Celia, te ves tensa.
Sus manos hicieron círculos en mi espalda, alejando las tensiones de ella, tenía unas manos cálidas, y me abandoné.
- Ven, en el sofá estarás mejor.
Me dejé conducir, las dos copas, no suficientemente fuertes para emborracharme, habían dejado mis miembros relajados y pesados. Me tumbé en el sofá. Ella me quitó los zapatos, haciéndome un ligero masaje en los tobillos. Yo miré hacia la mesa, los dos hombres seguían con su conversación y parecían no darse cuenta de lo que estábamos haciendo. Ella me miró desde abajo, con su pie en mi mano, que acariciaba suavemente.
Eres preciosa, me dijo. Y acto seguido, se sentó a mi lado, y me besó. Es muy difícil escaquear la lengua a una mujer que te está piropeando. –Sabes lo que va a pasar verdad? – Si, me oí decir. Quieres? Me preguntó mezclando su aliento con mi saliva. –Sii, me oí susurrar. Y era cierto. Sí quería.
Ella se colocó entre mis piernas, me las abrió, y me bajo el tanga, dándome besos en los muslos. Su marido y y el mío, ya se habían dado por enterados y se sentaron uno a cada lado. Parecía que yo iba a ser la estrella por el momento. Carolina, empezó a comerme el coño delicadamente, yo cerré los ojos, y comencé a suspirar. Su lengua me daba pequeños golpes en el clítoris, y recorrían mis labios arriba y abajo. Parecía que me daba corriente cuando me tocaba. Ellos , me abrieron la blusa y se aplicaron a comerme una teta cada uno. Mmmm que sensación, sentir tres bocas pendientes de ti. Decidí que era hora de hacer algo a cambio, y agarré sus pollas firmemente, aún con los ojos cerrados comencé a sacudírselas, delicada pero convincentemente.
Carolina había avanzado en su conquista y me metía la lengua todo lo que podía en mi coñito. Abrí los ojos lo suficiente para ver que mi marido se había colocado a la retaguardia de Carolina, y la agarraba de las caderas para meter su polla en aquella cavidad . El marido de Carolina seguía a mi lado, magreandome las tetas y chupándolas, y atacando mi boca.
Yo gemía por las maniobras de su mujer en mis bajos, pero pronto oí que ella comenzaba a gemir también ante las embestidas de mi marido. Mi nuevo compañero de juegos sexuales, me tumbó en el sofá, y agarrando su polla con la mano, la dirigió hacia mi agujerito, antes de metermela me acarició el clítoris con su capullo, y me lo pasó arriba y abajo por él, comenzando una dulce tortura, cada vez que se acercaba a mi agujero de entrada yo tensaba las caderas y le buscaba. Ya comenzaba a desesperar cuando él de un solo golpe de cadera clavó la polla en mi . Uffff, me arrancó un gemido de gusto. Comencé a pellizcarme las tetas y a amasarlas , pero Carolina me cogió el relevo, mientras mi marido me metía la polla en la boca. Cerré los ojos, me sentía como si estuviera borracha, y todas las fases de un polvo se mezclasen en un momento. Una boca húmeda y hábil recorriendo mis tetas, mi lengua golpeando un capullo y mamándolo, y una polla entrando y saliendo de mí. Sentía el placer multiplicado por tres.
De repente, todos pararon, como si se hubieran puesto de acuerdo. Abrí los ojos, y les vi mirándome. Ven, me dijeron, y nos fuimos a un cuarto, Carolina se tumbó en la cama y me miró invitadora. Mi marido y el suyo tenían la polla en la mano, y se pajeaban esperando que yo probase un coño por primera vez. No lo había hecho nunca. Me tumbé sobre ella y aplasté mis tetas contra las suyas, mmmmm, que sensación, sus pechos eran suaves y firmes y me daba mucho placer rozar las mías con ellos. Me bajé un poco, y comencé a lamerlas. Cerré los ojos. Siempre pensé como sería comérselas, así que me apliqué, con ganas. Qué ricas, seguí bajando, bueno, allí estaba. Arrimé mi cara y abrí los ojos... parecía una flor exótica, húmeda, brillante, provocadora, mi lengua se arrimó, pero lo primero que me alcanzó fue el olor, olía a deseo. Me gustó. Saqué la punta de la lengua y comencé tímidamente, buscando su clítoris. Sentí como me abrían las piernas , pero no me molesté en mirar quien era, a Carolina le estaban ofreciendo una polla para lamer, mientras yo le daba placer y alguien cuidadosamente me lamía desde el culito hasta el clitoris.
Yo me ocupé de lo que tenía delante de mí. Pensé en lo que me gustaba que me hicieran, y en como Carolina me lo había comido a mí, seguro que así le gustaría a ella que se lo comieran, empecé a golpetear su clítoris con delicadeza, mientras una lengua se introducía en mi culo. Cerré los ojos y me concentré en dar y recibir placer. Cuando mi paternairse trasero se animó a introducir la punta de su polla en mi culito, coincidió con mi entrada de lengua en el coño de Carolina, las embestidas me hundían en ella, mi lengua la penetraba, y mi cara se mojaba de sus jugos.
No sé cuantas veces me corrí, no sé cuantas veces comí, lamí, besé, me besaron, chupé, mordisquee, gemí, suspiré, pedí más, supliqué que pararan y volví a repetir.
Pero sé que la sensación placentera se instaló en mi cabeza, y desde entonces el cuatro es mi número de la suerte.