|
La máquina del tiempo había funcionado, y en un abrir y cerrar de ojos me encontré en tiempos pretéritos, apenas vestida con unos restos de piel de tigre que dejaban ver casi toda mi piel desnuda.
A lo lejos ,pude ver, no sin cierto desconcierto, como se acercaba un apuesto troglodita, era un hombre fornido y por lo que pude observar armado con una buena porra.
Cuando lo tuve frente a mi, oí , como a la vez que su taparrabos se alzaba solo como por arte de magia, me decía:
*
Busco una caliente y acogedora cueva para guardar mi instrumento ¿la tienes tú?
Sin dejarme articular palabra, empezó a palpar todo mi cuerpo con sus enormes manos, levantándome la falda y buscando la entrada a la caverna que con tanto ímpetu buscaba.
Un poco bruscamente, me inclinó hacia delante, dejando todo mi coñito expuesto e introdujo su larga y caliente lengua en él.
Yo me había puesto muy cachonda con la situación y ya notaba como la humedad acudía a la llamada de aquel hombretón, algo tosco, pero con mucha pericia por lo que podía sentir.
Me incorporé y busqué bajo sus pieles, a ver que es lo que escondía bajo ellas, me encontré una buena polla, erecta, brillante y preparada para follar.
No me lo pensé ni un segundo, me agaché un poco, y él, que era buen entendedor, me agarró por las caderas y sin decir nada más me clavó su polla sin miramientos.
Sus movimientos eran rítmicos y acompasados y no tardó en hacerme llegar al clímax, pocos minutos después pude sentir su caliente y espesa leche chorreando entre mis piernas, me dio una palmada en el culo y se marchó sin más, aquella situación , ante un ser tan primitivo, me excitó sobremanera y no tuve más remedio que volver a tocarme aún con los restos tibios de su semen sobre mi.
|