Vivía plácidamente en mi nube, cuando un día, uno de los diablos menores vino a tentarme, susurrándome ideas lujuriosas. Resonaban en mi cabeza a pesar de mis esfuerzos por no escucharlas. Intenté resistirme, pero al final sucumbí a sus deseos, seducida por sus lascivas insinuaciones, convirtiéndome en ángel del averno, un demonio, pero no uno cualquiera…
La capacidad de desatar los más bajos instintos hasta hacer perder el control, hizo que me impusiera a los demás seres del inframundo, sometiéndolos a mi voluntad.
Desde entonces se me conoce como Luxuria, Señora de la Lujuria. Junto a Desiderium, el Señor del Deseo, se nos encomendó la misión de tentaros para hacer caer a vuestras incautas almas en las redes de la perversión y del morbo.
Preparaos a sucumbir ante nosotros y ser despojados de vuestras almas…