Antiguo 16-ene-2019, 08:58   #676
color70
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Su marido se movía en el barro y ella se revolcaba también en él. Reconocía, incluso, cierto placer en la caza. Pero la sensación final era una huida a través de las pollas de otros hombres, una huida para no tomar la decisión que su cobardía retrasaba año tras año
Me encanta lo de "revolcarse por el barro"... esa sensación de hacer cosas que ensucian nuestra idea de lo moralmente correcto. Al fin y al cabo, todos pasamos por el barro en alguna o algunas ocasiones.

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"Las pollas grandes, cuando estan erectas, se desvían hacia la derecha de su dueño. Las pollas normales y pequeñas se desvían hacia la izquierda". Y se ha cumplido en todos los casos estudiados en vivo .
Mierda, mierda, mierda....
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Antiguo 16-ene-2019, 12:00   #677
elefant
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Los efectos secundarios son el "factor riesgo" que hay que asumir y que le da el picante a la situacion
¿Te puedo hacer una pregunta?
Y la hago, asumiendo que me has dicho que sí .
¿Eres hombre o mujer, o a veces es uno y a veces la otra? A lo mejor los demás ya lo saben, pero yo no .
También me puedes mandar a la porra, que lo entenderé .


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Es una pena que yo no tenga imaginación y todo lo que he contado hasta ahora esté basado en la realidad. Esa combinación de ingredientes no ha caído en saco roto, has tocado mi orgullo, intentaré hacer volar mi imaginación y ser más creativa cuando lo vea oportuno. Gracias. Creo que mis vivencias sonarían diferentes contadas por alguien como tú , aún tengo algunas en el baúl para contar, pero no se relatarlas brevemente , espero aprender algo de ti para abreviarlas y no hacerlas cansinas a los lectores . Ahora estaba relatando algo que me sucedió y que fue maravilloso, pero ya llevo dos páginas y aún no ha habido nada de sexo, lo dejo en pausa y lo estudio.
Sobre lo de escribir, llara, mi opinión es que debes escribir si te gusta hacerlo, si te proporciona satisfacción. No pienses en los lectores, no fuerces tu estilo ni el contenido de tus relatos. Escribe sobre lo que te apetezca y cómo te apetezca. Escribir debe ser un placer para quien lo hace, eso es lo primero. Y después, claro que todos queremos que nos lean y nos entiendan, pero no lo conseguirás si tu no lo pasas bien primero montando tu historia. Y si es real mucho mejor, tendrás más elementos que incorporar, sabrás describir mejor las sensaciones y los sentimientos. Y las escenas sexuales no son lo más importante. Seguro que esas dos páginas que ya llevas valen la pena. Y bueno, sí, es cierto que esto es Pajilleros y que muchos van a saco a la escena del sexo. Pero somos muchos y hay de todo. Seguro que habrá quién sepa apreciar tu relato.


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Nada mejor para calentarse en invierno que un relato tuyo



Bueno, parece ser, que yo no lo he probado, que las mantas zamoras son la repera .


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Me encanta lo de "revolcarse por el barro"... esa sensación de hacer cosas que ensucian nuestra idea de lo moralmente correcto. Al fin y al cabo, todos pasamos por el barro en alguna o algunas ocasiones.

Mierda, mierda, mierda....
Mira, me he reído a carcajadas aquí sola en casa con ese triple mierda que has puesto . Que conste que mi teoría versa sobre la desviación, no sobre si el tamaño es mejor o peor dependiendo de su magnitud .
Y sí, lo de revolcarse en el barro, o darle una capa de pintura nueva al coche como otros lo expresan, es algo que atrae y repele a la vez, pero cuando estás en pleno revolcón es la hostia .
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Antiguo 16-ene-2019, 13:05   #678
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¿Te puedo hacer una pregunta?
Y la hago, asumiendo que me has dicho que sí .
¿Eres hombre o mujer, o a veces es uno y a veces la otra? A lo mejor los demás ya lo saben, pero yo no .
También me puedes mandar a la porra, que lo entenderé .


Asumiendo que has asumido que si, es asumible la asuncion de que dadas tus preclaras inteligencia e intuición, te has respondido claramente tu misma , pero para clarificar con total claridad y aclarar los claroscuros que se clarean en tu clara y nada oscura pregunta, el nick lo dice todo.
Claro está que habiendo clarificado la cuestión, la pregunta ha sido respondida claramente.



PS1: A veces uno, a veces una, pero general y presumiblemente los dos. Ha quedado claro, no?.

PS2: Las porras, con chocolate del de fundir, y mejor compartidas, que son demasiado pesadas para disfrutarlas en soledad

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Antiguo 16-ene-2019, 17:32   #679
elefant
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Asumiendo que has asumido que si, es asumible la asuncion de que dadas tus preclaras inteligencia e intuición, te has respondido claramente tu misma , pero para clarificar con total claridad y aclarar los claroscuros que se clarean en tu clara y nada oscura pregunta, el nick lo dice todo.
Claro está que habiendo clarificado la cuestión, la pregunta ha sido respondida claramente.



PS1: A veces uno, a veces una, pero general y presumiblemente los dos. Ha quedado claro, no?.

PS2: Las porras, con chocolate del de fundir, y mejor compartidas, que son demasiado pesadas para disfrutarlas en soledad

¿Sabes/sabéis que nunca he comido porras? No sé cómo he podido pasar tanto tiempo sin probarlas. Desde hoy me propongo hincarles el diente antes de que acabe enero. También tengo pendiente probar el vermut . Si es que empiezo el año con experiencias fuertes en el horizonte .
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Antiguo 06-feb-2019, 08:59   #680
elefant
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Predeterminado Terapia

(Confieso que a veces se me va mucho la olla . Esto es solo una fantasía, con todo el respeto)


Arturo está tumbado boca arriba, la vista en el techo. La habitación de la clínica tiene las paredes blancas, el techo blanco, las sábanas blancas, todo tan blanco que casi le duelen los ojos. Se siente relajado, sin fuerzas, entregado, laxo, aplacado, débil, tranquilo.

Ya se veía venir, se le juntaron demasiadas cosas y él las quería hacer todas bien y además quería mantener su rutina personal, que su pequeño mundo no resultara afectado por los cambios. Pero todo no puede ser y cada cosa personal a la que tenía que renunciar, cada pequeño caso profesional que no le acababa de salir redondo, crearon un poso dentro de su cerebro. Cada contratiempo, un poquito más de negro lodo depositado.

Y al final se rompió. En la Seguridad Social le habían recetado unos ansiolíticos y le recomendaron coger la baja unos días. Pero a su mujer no le pareció suficiente. Quería que él estuviera en un sitio donde reponerse del todo. Y había encontrado esta pequeña clínica privada. “Una casa de reposo”, a Arturo la expresión le hacía sonreír, pero reconocía que reposo era lo que su alma vapuleada necesitaba.

Así que el día anterior había ingresado. Tenía una habitación para él solo y se preguntaba cuánto debía costar la estancia, pero su mujer no había querido hablar de eso, comentando que ella tenía amistades con la dirección y que el gasto no sería elevado.

Así que aquí está él, con sus cuarenta y cuatro años, con su cuerpo desprovisto de fuerzas, yaciendo inerte con los brazos y las piernas estirados y ligeramente abiertos. Lleva solo una bata de algodón abierta por detrás, atada con una tira de tela en la nuca, la tiene arremangada hasta la ingle, una fina sábana le cubre el cuerpo hasta el pecho.

No hace nada. Le parece mentira que pueda estar tan quieto, tan sin ganas de hacer nada, solo “ser” y ya está.

Las níveas placas del techo, un fluorescente en medio, por suerte apagado. Una ventana a la derecha de la cama, la persiana medio subida, la luz de un día de invierno soleado deslizándose por la pared y el suelo.

Ha dormido toda la noche, sin soñar, y ahora no se siente ni cansado ni renovado. Sonríe de nuevo y piensa que simplemente está atontado, como si lo hubieran golpeado y solo pudiera pensar en mantener el equilibrio.

Se abre la puerta y entra una enfermera. Debe tener unos cincuenta y cinco años. Recuerda que ayer se le presentó como la Supervisora de Enfermeras. Arturo no ha conocido nunca una supervisora de enfermeras que no sea disciplinada, seria, un poco altiva, educada y fría. Y esta también lo es. Arturo diría que esta es la reina de las supervisoras de enfermeras.

La mujer es alta, corpulenta sin ser obesa, morena de piel y de cabello, con algunas canas que ella no disimula. El pelo largo recogido en una cola de caballo. Lleva el típico uniforme verde de blusa y pantalones, con unos zuecos blancos.

Arturo piensa que siendo una clínica privada (¡y de reposo! Jeje) podrían haber tenido más imaginación a la hora de escoger la ropa, pero qué más da...

La mujer lo mira con atención, con sus enormes ojos franqueados por unas lentes pequeñas. Arrastra un pequeño carro. Le da los buenos días. Él no contesta. Tiene ganas de jugar a ser un paciente enfermito.

Ella se le acerca más, lo mira a los ojos. Él percibe el olor de ella, del cuero cabelludo, de algún jabón que no identifica, la boca le huele a café. Él trata de seguir mirando al techo mientras ella le comprueba la presión arterial.

Siente las manos de ella, rápidas y cálidas, haciendo su trabajo eficientemente. Después le pone el termómetro en la axila, dejándole el hombro al descubierto. A él le dan ganas de reír porque se ve como un San Sebastián herido de muerte.

La enfermera tira la sábana para abajo y la bata para arriba para auscultarlo. Él siente el tacto frío del metal sobre su pecho, el cuerpo caliente de la mujer a través de su uniforme, arrimada a él para hacer su trabajo. La sábana le tapa la polla, que inexplicablemente empieza a crecer y a asomar la puntita bajo la sábana. Parece que ella no se da cuenta. Lo vuelve a tapar. Coge el termómetro y toma nota de todos los datos. Antes de irse le advierte: “No me gusta tu comportamiento Arturo, debes reaccionar y quiero que lo hagas pronto. No me cabrees”. Y sale de la habitación.

Arturo, boquiabierto, no da crédito a lo que ha escuchado. Se pregunta si lo que no le ha gustado a la enfermera ha sido su silencio o su indiscreta polla erecta... Le sorprende que haya usado el verbo cabrear.

Al cabo de cinco minutos vuelve a abrirse la puerta y entra de nuevo la supervisora. Arturo se fija en que se le transparenta la ropa interior. Sujetador y braguitas negros. Ambas piezas se ven pequeñas, demasiado reducidas diría él para una ropa que ella sabe que se va a transparentar...

Ella le pregunta si tiene fuerzas para levantarse y ducharse. Él no contesta. Así que la mujer tira de la sábana para abajo, le saca la batita y lo deja desnudo encima de la cama. Coge una esponja húmeda y jabón y empieza a enjabonarle el cuerpo. Desde los pies hasta el cuello. Arturo se deja hacer, pero la mira, se fija bien. Ella, concentrada, con movimientos enérgicos, le frota el cuerpo como si la enfermedad fuera una fina película adherida a la piel y ella la pudiera eliminar frotando.

La piel oscura y suave de la mujer reluce bajo una leve capa de sudor, su blusa no es escotada pero Arturo puede ver el nacimiento de los pechos, que tiemblan con cada movimiento. Ella le pide que separe las piernas, él obedece, ella le hunde la esponja entre las nalgas, arriba y abajo, se detiene en el ano... Y una vez más el pene decide crecer por su cuenta y riesgo, completamente erecto en unos segundos sobre el pubis de él.

Arturo no siente vergüenza, solo deseo, quizás un poco de sorpresa, de que a pesar de la crisis que está atravesando, su polla continúe funcionando como siempre...

La mujer mira el miembro erecto unos segundos más de los que sería necesario, piensa él. Moja bien la esponja en el agua caliente y se la empieza a pasar arriba y abajo de la polla, con dulce suavidad, que contrasta con el gesto adusto de su boca, con la mirada cruel y concentrada. La enfermera deja la esponja y continúa enjabonando la polla con la mano, arriba y abajo, con una cadencia infinitamente turbadora, con un aire tan profesional como si le estuviera poniendo una inyección. Arriba y abajo, cada vez más deprisa, hasta que Arturo se corre en silencio sobre su propio vientre. Ella recoge el semen con la esponja, le seca todo el cuerpo con una toalla, le pone una bata limpia y le comunica que pronto le van a traer el desayuno.

Al cabo de un rato se le presenta una enfermera jovencita, de veinte y pocos años, rubita, con el cabello corto, de mirada dulce y tierna; que contrasta con el aspecto de su jefa. Le pregunta a Arturo si comerá solo. Pero, una vez más, él decide no contestar, el juego le está empezando a gustar...

Así que la chica levanta un poco la cama, le pone bien la almohada, lo incorpora un poco, le pone la bandeja delante y empieza a darle el desayuno. Le acerca una tostada con mermelada a los labios y Arturo abre la boca y la muerde. Se da cuenta de que tiene hambre. Va comiendo lo que la enfermera le va dando mientras la observa. La mujer está sonrojada, se le nota que no tiene mucha experiencia, quizás esté en prácticas. Él la mira descaradamente mientras mastica y la enfermera aún se ruboriza más. Cuando le da el último trocito de tostada, Arturo ve que ella tiene mermelada en la punta de uno de sus dedos, así que al mismo tiempo que abre la boca para coger la tostada, saca la lengua y le lame el dedo. La enfermera retira la mano rápidamente, como si él la hubiera mordido. Lo mira a los ojos, interrogativamente. Él se da cuenta de que la chica no sabe si ha sido un gesto casual o no, que está acalorada, que no sabe cómo continuar...

Arturo decide hablar: “¿me das un sorbo de zumo de naranja, por favor?”. Y la joven agradece las palabras que la hacen volver a la realidad y al trabajo que está haciendo. Le acerca el vaso a los labios y él bebe poco a poco, mirándola a los ojos de nuevo. Ahora ella está sudando visiblemente. Se le ven dos círculos húmedos en las axilas y la nariz le brilla. Arturo se pregunta si su coño también se habrá humedecido...

Ya están acabando, la chica le limpia los labios con una servilleta, despacio, ahora el de arriba, después el de abajo, meticulosamente... Se abre la puerta y entra la supervisora. “Espabila Mónica, llevas aquí demasiado rato y se te va a acumular la faena”.

La joven da un respingo, recoge todo rápidamente y cuando ya sale por la puerta, pasando delante de su jefa, ésta baja la mano y le acaricia casi imperceptiblemente las nalgas por encima de los pantalones...

Arturo pasa un rato solo, pensando en qué clase de clínica ha ido a escoger su esposa. Más tarde recibe la visita de un psicólogo que le informa que lo tratará diariamente, para conversar un poquito, sin presiones. El médico le dice que debería hacer el esfuerzo de levantarse, de andar un poco, de salir al jardín...

Pero él de momento continúa en la cama, sigue aplatanado. A la hora de comer su mujer le visita y él hace el esfuerzo de comer solo, para no preocuparla más. Ella se ve animada, dice que le ve mejor cara y él piensa en la mañana tan intensa que ha pasado...

Después de comer su mujer se va y él se adormece. En sus pupilas baila aún la mano de la supervisora sobre el culito respingón de la enfermerita...

Pasa el tiempo, quizás se duerme, aún tiene los ojos cerrados cuando percibe que hay alguien más en la habitación, continua haciéndose el dormido. Por el olor sabe que es la supervisora, tiene ganas de preguntarle la edad, siente curiosidad por saber si habrá acertado con los cincuenta y cinco que le ha asignado...

Ella le habla al oído “Arturo, despierta”, los labios de ella rozando su piel, el aliento caliente invadiéndole el interior de la oreja.

Abre los ojos y ve delante de él una aguja enorme y la cara sonriente de la mujer detrás. A pesar del susto, Arturo no puede evitar fijarse en los labios carnosos, en los blancos dientes ligeramente irregulares, en la sonrisa sádica que no se corresponde para nada con la ternura con la cual le ha hablado al oído.

“Tengo que ponerte una inyección”.

Él querría discutir la necesidad de ese tratamiento, preguntarle qué sustancia le va a inyectar, pero quiere continuar con el juego del “enfermito mudo” y no dice nada.

Ella le ordena “Date la vuelta” y Arturo obedece, le ofrece su espalda y ella retira la sábana, dejando al descubierto su culo indefenso...

La supervisora le ordena que se ponga a cuatro patas sobre la cama. Él cumple la orden, la autoridad de su voz no admite desobediencia.

A cuatro patas, desnudo, con la bata arremolinada alrededor del cuello, las nalgas separadas, el agujero del culo expuesto, la polla y los huevos colgando... ¿Esa es manera de poner una inyección?

Ella le golpea los cachetes con la mano abierta, primero uno, después el otro, fuerte, le escuece la piel. Después pasa un dedo resiguiendo el reguero entre las nalgas, se para en el ojete, la yema de su dedo índice da vueltas sobre el anillo del agujero, suavemente, cosquilleándolo.

Arturo tiene la cara hundida en la almohada. Piensa en la imagen que darían si ahora entrara alguien en la habitación. Siente su polla completamente dura y dispuesta a obedecer a esta mujer en todo lo que le pida...

Ella vuelve a golpearle el culo, que ahora está rojo y muy caliente, vuelve a pasar su mano, como tonta, entre las dos lunas de carne trémula, la baja hasta los huevos, los acaricia con delicadeza, llega hasta la polla y desplaza el prepucio arriba y abajo, tapando y destapando el glande que tiene una pequeña gota en el agujerito.

Arturo está muy excitado, no sabe por dónde pueden ir las cosas, no tiene ni idea de si esperar una nueva bofetada, la aguja de la inyección o una caricia dulce en los huevos. Es la tortura de la incertidumbre...

Ahora siente el aliento de ella en el culo, la lengua ardiente y mojada lamiéndole el ano. No se lo puede creer. Y su ano cada vez más dilatado, deseando que aquella bruja lo penetre. A la vez, la misma mano de la mañana, experta y segura, lo masturba con el ritmo justo.

La supervisora le mete un dedo en el culo. Él no puede evitar soltar un gemido de sorpresa, pero sobre todo de gusto.

Ella le dice “No te quiero oír, espero que no seas de esos pacientes que se quejan por todo” y acto seguido empieza a lamerle los huevos.

Él no puede aguantar más, una mano en la polla, la otra en el culo... Y aquella lengua de puta que le está comiendo los huevos como si fueran bolitas de helado de vainilla...

Se corre, por segunda vez este día, todo su cuerpo se agita y se deshace en leche. Cuando aún está sintiendo los últimos espasmos del orgasmo, el dedo sale de su culo y la inyección se le clava en la nalga derecha con fuerza. No puede evitar un “ay” que la enfermera le recrimina con un “eres una nenaza”.

Se queda solo en la habitación. Se incorpora, limpia la corrida con un pañuelo de papel, se tumba de nuevo, mira al techo. Alucina.

De noche ya, el resto del día ha transcurrido con normalidad. No sabe qué sustancia le han inyectado pero no ha notado ningún efecto...

Se ha hecho dar la merienda y la cena. Sabe que no está bien lo que hace, que se lo van a decir a su mujer, pero ha sido el primer día, mañana se portará mejor. Se siente como un niño que ha pasado la gripe y al cual ahora todo le está permitido con tal de que recupere el peso perdido, el color de la piel, el brillo en la mirada...

A medianoche se levanta a mear. Echa un vistazo al pasillo, para curiosear, pero a esta hora todo es calma. Descalzo, con la batita mal atada, camina hasta el mostrador de enfermeras, pero no hay nadie.

Le parece oír unos gemidos ahogados que vienen de detrás del mostrador. Se asoma y ve en el suelo (aquí debería decir que “con sorpresa” pero a estas alturas Arturo ya no se sorprende de nada) a la supervisora con la cara hundida entre los muslos de la enfermera en prácticas. La chica completamente desnuda, con las piernas muy abiertas, y la otra comiéndole el coño con avidez, con lengüetazos largos y rápidos, recogiendo con voracidad cada gota que sale del coño de la chica, hundiendo la nariz, devorándola viva. Y la joven encadenando un orgasmo tras otro, mirando sin ver, babeando en silencio para no llamar la atención...

Arturo vuelve a la cama, con la polla dura una vez más. Pero mete su cuerpo de piel blanca entre las sábanas blancas y mirando el blanco techo aguantado por blancas paredes se duerme, soñando en blanco, sin negras segregaciones…

Abre los ojos, le duelen los brazos “¿Qué coño pasa ahora????”

Tiene los brazos atados al cabezal de la cama, uno a cada lado, los tobillos también atados, parece una X de carne encima del colchón. Destapado, desnudo, débil, indefenso...

La supervisora está delante de él. Le habla “Eres un malnacido, lo he tenido claro desde el primer momento. Mónica te ha visto como nos espiabas. Ahora recibirás tu castigo”.

Y Arturo no puede evitar sonreír porque la polla se le vuelve a poner durísima. Cosa que no es del gusto de la supervisora, que le da una fuerte bofetada.

Él se da cuenta de que en la habitación también está Mónica, parece que asustada, sentada en una silla, a un metro de la cama.

La supervisora empieza a desnudarse. Se quita la bata, los pantalones, las braguitas y el sujetador negros. Lo hace sin vergüenza, como si eso formara parte de sus funciones laborales.

Desnuda completamente se sube a la cama. Él tumbado y atado, ella de pie, cada uno de sus pies a un lado de la cabeza de él.

“No quiero que mires más a Mónica” le dice. Él no abre la boca, mira a aquella hembra madura, de pie sobre él, ligeramente abierta de piernas, con el coño peludo y las tetas colgando hacia abajo.

No le gusta que ella le diga lo que ha de mirar o no, y querría no tener la polla dura, dificultar lo que sea que va a pasar, pero su miembro está más erecto que nunca, pidiendo a gritos acción.

Ella continúa de pie sobre su cara, pero sin pisarle, cuerpo moreno, de pantera negra, sobre un cuerpo blanco, de víctima indefensa.

Arturo no sabe bien porqué lo hace, si para invocar compasión o porque se muere de deseo. El caso es que tuerce la cabeza, saca la lengua y empieza a lamer el tobillo de la pierna derecha de la supervisora.

Ella no dice nada, la lengua de él lame primero un tobillo, después el otro. De la polla empiezan a salir gotas de líquido preseminal.

La supervisora levanta un pie y apoyándose en la pared de la cabecera de la cama, lo pone sobre la cara de él que, incansable, sigue lamiendo la palma del pie, entre los dedos...

Arturo mira hacia arriba y ve la humedad en el coño de ella.

La supervisora se mueve, pone sus piernas a cada lado de las caderas de él, acerca su cara a la de Arturo, sus labios que arden sobre los de él. Arturo se ha quedado completamente quieto, la mira con intensidad. Ella lo besa, primero roza sus labios suavemente, después le entreabre los suyos con la lengua, penetra en su boca. Él sigue sin responder. Deja que esa lengua grande y resbaladiza le folle la boca, entrando y saliendo, rápido, hasta que llega un punto en que él no puede aguantar más y la atrapa, la chupa fuerte, cuando ella no se lo esperaba. A los dos se les escapa un gemido.

“Si te corres te pondré una inyección que no te vas a acordar ni de tu nombre” dice ella.

Lo vuelve a abofetear, sin tanta fuerza esta vez. Una gota de sudor le baja por entre las tetas y cae sobre el pecho de él. Después la mujer empieza a besarle toda la cara, con ternura inaudita, las orejas, el cuello, el pecho, los pezones... Y le muerde un par de veces, dejando las marcas de los dientes sobre la delicada piel de Arturo.

Ella se desliza un poco más abajo, su coño encima de la polla, y empieza a restregarse como una perra, mirándolo a los ojos, manteniendo su autoridad.

Él percibe ese coño grande, peludo y muy mojado, abierto sobre su polla, nota la suavidad de su interior y recuerda que no debe correrse. La supervisora se mueve arriba y abajo, frotando toda su vagina, hasta que se concentra solo en su clítoris, aplastándolo sobre el tronco de él, con movimientos cada vez más rápidos hasta que ella se corre. No gime, solo respira un poco más rápido, y continúa observándolo desde detrás de sus gafas, la polla de él inundada de los líquidos de ella.

Después la mujer se da la vuelta, siempre sobre él, y se pone mirando hacia la puerta. Él ve el culo de nalgas grandes y piel fina, abierto completamente sobre su verga. Ella le agarra la polla y se la va metiendo, poco a poco, dentro del agujero del culo, hasta hacerla desaparecer por completo.

“Recuerda, no te corras” dice ella con voz asombrosamente fría para lo ardiente que tiene el culo.

Arturo se está muriendo de gusto, aprieta los dientes, atado, le duelen las muñecas, su polla apresada por ese conducto que lo exprime. Siente las paredes que le aprietan el miembro, ella se mueve despacio, arriba y abajo. Arturo ve su polla como brilla cada vez que sale y cuando la tiene dentro lo comprime de tal manera que piensa que nunca más la podrá sacar... No quiere correrse, no quiere más sustancias en su cuerpo...

Se acuerda de Mónica y mira hacia la silla. La chica está con las piernas abiertas, los pantalones desabrochados, su mano derecha moviéndose frenéticamente entre sus muslos. Mirándole...

Y Arturo no puede más, se le saltan las lágrimas, no quiere la inyección, pero el orgasmo es imparable, todo él se electriza, se convulsiona, su cuerpo ha dejado de obedecer al cerebro, su polla eyacula en el culo de la puta bruja.

La supervisora se baja de la cama, la leche le rezuma del negro agujero. Llama a Mónica y le dice “ven, que probarás el sabor de la leche de macho” y entre las dos le lamen las últimas gotas de semen que su polla aún está expulsando.

“Lo vas a pagar caro” dice la supervisora, mientras Mónica se ha desviado más abajo y le lame los huevos con fruición.

Y Arturo se dice que al menos una cosa han conseguido esas dos, y es que se olvide de su estrés y de su ansiedad. Ahora solo puede pensar en el próximo castigo...
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Antiguo 06-feb-2019, 10:33   #681
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Y Arturo no puede más, se le saltan las lágrimas, no quiere la inyección, pero el orgasmo es imparable, todo él se electriza, se convulsiona, su cuerpo ha dejado de obedecer al cerebro, su polla eyacula en el culo de la puta bruja.

La supervisora se baja de la cama, la leche le rezuma del negro agujero. Llama a Mónica y le dice “ven, que probarás el sabor de la leche de macho” y entre las dos le lamen las últimas gotas de semen que su polla aún está expulsando.

“Lo vas a pagar caro” dice la supervisora, mientras Mónica se ha desviado más abajo y le lame los huevos con fruición.

Y Arturo se dice que al menos una cosa han conseguido esas dos, y es que se olvide de su estrés y de su ansiedad. Ahora solo puede pensar en el próximo castigo...

Bu,Bu, como me ha puesto,simplemente genialGrac ias,espero que pongas ese castigoa ver que pasa.t humbsup
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Antiguo 06-feb-2019, 17:00   #682
2D5CUENTA
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Arturo vuelve a la cama, con la polla dura una vez más. Pero mete su cuerpo de piel blanca entre las sábanas blancas y mirando el blanco techo aguantado por blancas paredes se duerme, soñando en blanco, sin negras segregaciones…
Estoooo, a que altura de la calle dice usted que queda esa clínica?...

En serio, eres odiosa, tu capacidad para convertir algo en principio poco agradable y/o poco prometedor en una situacion cargada de connotaciones lujuriosas en lo fisisco y en lo psiquico es abrumadora. A tus pies, la rendición es incondicional. Si esto fuese una ópera, solo cabría decir BRAVO.
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Antiguo 06-feb-2019, 19:00   #683
luis5acont
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Si, de esas fantasias entre la noche y el alba que hacen que te despiertes desorientado y completamente empalmado....

Extranas pero muy excitantes, que luego te pasas el dia recordando y .....deseando
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Antiguo 06-feb-2019, 21:29   #684
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Ya se veía venir, se le juntaron demasiadas cosas y él las quería hacer todas bien y además quería mantener su rutina personal, que su pequeño mundo no resultara afectado por los cambios. Pero todo no puede ser y cada cosa personal a la que tenía que renunciar, cada pequeño caso profesional que no le acababa de salir redondo, crearon un poso dentro de su cerebro. Cada contratiempo, un poquito más de negro lodo depositado.

Y al final se rompió. En la Seguridad Social le habían recetado unos ansiolíticos y le recomendaron coger la baja unos días.

Así que aquí está él, con sus cuarenta y cuatro años...
Yo le conocía. Trabajaba en mi departamento. Se tomó todos los ansiolíticos de golpe y se frió el cerebro. No le cogieron a tiempo y ya sólo babea y sonríe con cara de idiota. A saber que pasa por su cabeza. Una pena.
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Antiguo 06-feb-2019, 21:58   #685
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(Confieso que a veces se me va mucho la olla . Esto es solo una fantasía, con todo el respeto)
Efectivamente, es una fantasía....¡la mía! ¿Como has sabido que me encantaría que me lamierán el ojete?

¡Excelso el relato! ¡Bravo!
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[i](Confieso que a veces se me va mucho la olla . Esto es solo una fantasía,
Gracias por deleitarnos nuevamente con uno de tus relatos, no hay elogios suficientes

y coincido al 100% en que es una fantasia: he estado en mas de una ocasión ingresado (demasiadas para mi gusto) y como única vestimenta la batita con el culo al aire, me han bañado, me han depilado polla y huevos, en ocasiones con enfermeras súper 10, ... y te aseguro que lo ultimo es que la polla muestre la mas mínima alegría.

pero ... continua con tus fantasias!!!
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Ella le golpea los cachetes con la mano abierta, primero uno, después el otro, fuerte, le escuece la piel. Después pasa un dedo resiguiendo el reguero entre las nalgas, se para en el ojete, la yema de su dedo índice da vueltas sobre el anillo del agujero, suavemente, cosquilleándolo.

Arturo tiene la cara hundida en la almohada. Piensa en la imagen que darían si ahora entrara alguien en la habitación. Siente su polla completamente dura y dispuesta a obedecer a esta mujer en todo lo que le pida...

Ella vuelve a golpearle el culo, que ahora está rojo y muy caliente, vuelve a pasar su mano, como tonta, entre las dos lunas de carne trémula, la baja hasta los huevos, los acaricia con delicadeza, llega hasta la polla y desplaza el prepucio arriba y abajo, tapando y destapando el glande que tiene una pequeña gota en el agujerito.

Arturo está muy excitado, no sabe por dónde pueden ir las cosas, no tiene ni idea de si esperar una nueva bofetada, la aguja de la inyección o una caricia dulce en los huevos. Es la tortura de la incertidumbre...

Ahora siente el aliento de ella en el culo, la lengua ardiente y mojada lamiéndole el ano. No se lo puede creer. Y su ano cada vez más dilatado, deseando que aquella bruja lo penetre. A la vez, la misma mano de la mañana, experta y segura, lo masturba con el ritmo justo.

La supervisora le mete un dedo en el culo. Él no puede evitar soltar un gemido de sorpresa, pero sobre todo de gusto.

Ella le dice “No te quiero oír, espero que no seas de esos pacientes que se quejan por todo” y acto seguido empieza a lamerle los huevos.

Él no puede aguantar más, una mano en la polla, la otra en el culo... Y aquella lengua de puta que le está comiendo los huevos como si fueran bolitas de helado de vainilla...

Se corre, por segunda vez este día, todo su cuerpo se agita y se deshace en leche. Cuando aún está sintiendo los últimos espasmos del orgasmo, el dedo sale de su culo y la inyección se le clava en la nalga derecha con fuerza. No puede evitar un “ay” que la enfermera le recrimina con un “eres una nenaza”.
Estos parrafos logran en mí magestuosas erecciones. Vuelvo a leerlos cada día y cada día me excitan más
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(Confieso que a veces se me va mucho la olla . Esto es solo una fantasía, con todo el respeto)


Arturo está tumbado boca arriba, la vista en el techo. La habitación de la clínica tiene las paredes blancas, ...
¿No tendrás por casualidad el teléfono de esa clínica, verdad?



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Bajo el sol naciente....................seré tu Samurái y.......................moriré con honor si te deshonro.
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(Confieso que a veces se me va mucho la olla . Esto es solo una fantasía, con todo el respeto)


Después la mujer se da la vuelta, siempre sobre él, y se pone mirando hacia la puerta. Él ve el culo de nalgas grandes y piel fina, abierto completamente sobre su verga. Ella le agarra la polla y se la va metiendo, poco a poco, dentro del agujero del culo, hasta hacerla desaparecer por completo.

...

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Bu,Bu, como me ha puesto,simplemente genialGrac ias,espero que pongas ese castigoa ver que pasa.t humbsup
El castigo posterior que cada uno se imagine lo que más le ponga .


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Estoooo, a que altura de la calle dice usted que queda esa clínica?...

En serio, eres odiosa, tu capacidad para convertir algo en principio poco agradable y/o poco prometedor en una situacion cargada de connotaciones lujuriosas en lo fisisco y en lo psiquico es abrumadora. A tus pies, la rendición es incondicional. Si esto fuese una ópera, solo cabría decir BRAVO.
Sí, el marco escogido para el relato da un poco de grima, pero el paciente parece que no sufre .


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Si, de esas fantasias entre la noche y el alba que hacen que te despiertes desorientado y completamente empalmado....

Extranas pero muy excitantes, que luego te pasas el dia recordando y .....deseando
Ya me gustaría soñar estas cosas .


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Yo le conocía. Trabajaba en mi departamento. Se tomó todos los ansiolíticos de golpe y se frió el cerebro. No le cogieron a tiempo y ya sólo babea y sonríe con cara de idiota. A saber que pasa por su cabeza. Una pena.
Joder, mejor que una ducha de agua fría, oiga!
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Antiguo 14-feb-2019, 12:00   #691
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Efectivamente, es una fantasía....¡la mía! ¿Como has sabido que me encantaría que me lamierán el ojete?

¡Excelso el relato! ¡Bravo!
Porque tu culito rico lo está pidiendo a gritos .


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Gracias por deleitarnos nuevamente con uno de tus relatos, no hay elogios suficientes

y coincido al 100% en que es una fantasia: he estado en mas de una ocasión ingresado (demasiadas para mi gusto) y como única vestimenta la batita con el culo al aire, me han bañado, me han depilado polla y huevos, en ocasiones con enfermeras súper 10, ... y te aseguro que lo ultimo es que la polla muestre la mas mínima alegría.

pero ... continua con tus fantasias!!!
La verdad es que el tema de la salud y los hospitales no creo que me inspire ningún relato erótico más. Este lo escribí ya hace tiempo y quizás ahora no lo habría hecho .


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Estos parrafos logran en mí magestuosas erecciones. Vuelvo a leerlos cada día y cada día me excitan más
Madre de Dios! Qué charco de semen!


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¿No tendrás por casualidad el teléfono de esa clínica, verdad?



Tú vete al bosque, o al probador de una tienda, o incluso al coche... Pero déjate de clínicas .


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Antiguo 15-feb-2019, 09:27   #692
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Antiguo 27-feb-2019, 23:30   #693
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Que abajo me he encontrado este hilo... Esto no puede ser...

Yo te lo remonto!!!!
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Antiguo 13-mar-2019, 11:02   #694
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Gracias por todos tus relatos. Saludos.
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Antiguo 17-mar-2019, 13:44   #695
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(Confieso que a veces se me va mucho la olla . Esto es solo una fantasía, con todo el respeto)


Arturo está tumbado boca arriba, la vista en el techo. La habitación de la clínica tiene las paredes blancas, el techo blanco, las sábanas blancas, todo tan blanco que casi le duelen los ojos. Se siente relajado, sin fuerzas, entregado, laxo, aplacado, débil, tranquilo.

Ya se veía venir, se le juntaron demasiadas cosas y él las quería hacer todas bien y además quería mantener su rutina personal, que su pequeño mundo no resultara afectado por los cambios. Pero todo no puede ser y cada cosa personal a la que tenía que renunciar, cada pequeño caso profesional que no le acababa de salir redondo, crearon un poso dentro de su cerebro. Cada contratiempo, un poquito más de negro lodo depositado.

Y al final se rompió. En la Seguridad Social le habían recetado unos ansiolíticos y le recomendaron coger la baja unos días. Pero a su mujer no le pareció suficiente. Quería que él estuviera en un sitio donde reponerse del todo. Y había encontrado esta pequeña clínica privada. “Una casa de reposo”, a Arturo la expresión le hacía sonreír, pero reconocía que reposo era lo que su alma vapuleada necesitaba.

Así que el día anterior había ingresado. Tenía una habitación para él solo y se preguntaba cuánto debía costar la estancia, pero su mujer no había querido hablar de eso, comentando que ella tenía amistades con la dirección y que el gasto no sería elevado.

Así que aquí está él, con sus cuarenta y cuatro años, con su cuerpo desprovisto de fuerzas, yaciendo inerte con los brazos y las piernas estirados y ligeramente abiertos. Lleva solo una bata de algodón abierta por detrás, atada con una tira de tela en la nuca, la tiene arremangada hasta la ingle, una fina sábana le cubre el cuerpo hasta el pecho.

No hace nada. Le parece mentira que pueda estar tan quieto, tan sin ganas de hacer nada, solo “ser” y ya está.

Las níveas placas del techo, un fluorescente en medio, por suerte apagado. Una ventana a la derecha de la cama, la persiana medio subida, la luz de un día de invierno soleado deslizándose por la pared y el suelo.

Ha dormido toda la noche, sin soñar, y ahora no se siente ni cansado ni renovado. Sonríe de nuevo y piensa que simplemente está atontado, como si lo hubieran golpeado y solo pudiera pensar en mantener el equilibrio.

Se abre la puerta y entra una enfermera. Debe tener unos cincuenta y cinco años. Recuerda que ayer se le presentó como la Supervisora de Enfermeras. Arturo no ha conocido nunca una supervisora de enfermeras que no sea disciplinada, seria, un poco altiva, educada y fría. Y esta también lo es. Arturo diría que esta es la reina de las supervisoras de enfermeras.

La mujer es alta, corpulenta sin ser obesa, morena de piel y de cabello, con algunas canas que ella no disimula. El pelo largo recogido en una cola de caballo. Lleva el típico uniforme verde de blusa y pantalones, con unos zuecos blancos.

Arturo piensa que siendo una clínica privada (¡y de reposo! Jeje) podrían haber tenido más imaginación a la hora de escoger la ropa, pero qué más da...

La mujer lo mira con atención, con sus enormes ojos franqueados por unas lentes pequeñas. Arrastra un pequeño carro. Le da los buenos días. Él no contesta. Tiene ganas de jugar a ser un paciente enfermito.

Ella se le acerca más, lo mira a los ojos. Él percibe el olor de ella, del cuero cabelludo, de algún jabón que no identifica, la boca le huele a café. Él trata de seguir mirando al techo mientras ella le comprueba la presión arterial.

Siente las manos de ella, rápidas y cálidas, haciendo su trabajo eficientemente. Después le pone el termómetro en la axila, dejándole el hombro al descubierto. A él le dan ganas de reír porque se ve como un San Sebastián herido de muerte.

La enfermera tira la sábana para abajo y la bata para arriba para auscultarlo. Él siente el tacto frío del metal sobre su pecho, el cuerpo caliente de la mujer a través de su uniforme, arrimada a él para hacer su trabajo. La sábana le tapa la polla, que inexplicablemente empieza a crecer y a asomar la puntita bajo la sábana. Parece que ella no se da cuenta. Lo vuelve a tapar. Coge el termómetro y toma nota de todos los datos. Antes de irse le advierte: “No me gusta tu comportamiento Arturo, debes reaccionar y quiero que lo hagas pronto. No me cabrees”. Y sale de la habitación.

Arturo, boquiabierto, no da crédito a lo que ha escuchado. Se pregunta si lo que no le ha gustado a la enfermera ha sido su silencio o su indiscreta polla erecta... Le sorprende que haya usado el verbo cabrear.

Al cabo de cinco minutos vuelve a abrirse la puerta y entra de nuevo la supervisora. Arturo se fija en que se le transparenta la ropa interior. Sujetador y braguitas negros. Ambas piezas se ven pequeñas, demasiado reducidas diría él para una ropa que ella sabe que se va a transparentar...

Ella le pregunta si tiene fuerzas para levantarse y ducharse. Él no contesta. Así que la mujer tira de la sábana para abajo, le saca la batita y lo deja desnudo encima de la cama. Coge una esponja húmeda y jabón y empieza a enjabonarle el cuerpo. Desde los pies hasta el cuello. Arturo se deja hacer, pero la mira, se fija bien. Ella, concentrada, con movimientos enérgicos, le frota el cuerpo como si la enfermedad fuera una fina película adherida a la piel y ella la pudiera eliminar frotando.

La piel oscura y suave de la mujer reluce bajo una leve capa de sudor, su blusa no es escotada pero Arturo puede ver el nacimiento de los pechos, que tiemblan con cada movimiento. Ella le pide que separe las piernas, él obedece, ella le hunde la esponja entre las nalgas, arriba y abajo, se detiene en el ano... Y una vez más el pene decide crecer por su cuenta y riesgo, completamente erecto en unos segundos sobre el pubis de él.

Arturo no siente vergüenza, solo deseo, quizás un poco de sorpresa, de que a pesar de la crisis que está atravesando, su polla continúe funcionando como siempre...

La mujer mira el miembro erecto unos segundos más de los que sería necesario, piensa él. Moja bien la esponja en el agua caliente y se la empieza a pasar arriba y abajo de la polla, con dulce suavidad, que contrasta con el gesto adusto de su boca, con la mirada cruel y concentrada. La enfermera deja la esponja y continúa enjabonando la polla con la mano, arriba y abajo, con una cadencia infinitamente turbadora, con un aire tan profesional como si le estuviera poniendo una inyección. Arriba y abajo, cada vez más deprisa, hasta que Arturo se corre en silencio sobre su propio vientre. Ella recoge el semen con la esponja, le seca todo el cuerpo con una toalla, le pone una bata limpia y le comunica que pronto le van a traer el desayuno.

Al cabo de un rato se le presenta una enfermera jovencita, de veinte y pocos años, rubita, con el cabello corto, de mirada dulce y tierna; que contrasta con el aspecto de su jefa. Le pregunta a Arturo si comerá solo. Pero, una vez más, él decide no contestar, el juego le está empezando a gustar...

Así que la chica levanta un poco la cama, le pone bien la almohada, lo incorpora un poco, le pone la bandeja delante y empieza a darle el desayuno. Le acerca una tostada con mermelada a los labios y Arturo abre la boca y la muerde. Se da cuenta de que tiene hambre. Va comiendo lo que la enfermera le va dando mientras la observa. La mujer está sonrojada, se le nota que no tiene mucha experiencia, quizás esté en prácticas. Él la mira descaradamente mientras mastica y la enfermera aún se ruboriza más. Cuando le da el último trocito de tostada, Arturo ve que ella tiene mermelada en la punta de uno de sus dedos, así que al mismo tiempo que abre la boca para coger la tostada, saca la lengua y le lame el dedo. La enfermera retira la mano rápidamente, como si él la hubiera mordido. Lo mira a los ojos, interrogativamente. Él se da cuenta de que la chica no sabe si ha sido un gesto casual o no, que está acalorada, que no sabe cómo continuar...

Arturo decide hablar: “¿me das un sorbo de zumo de naranja, por favor?”. Y la joven agradece las palabras que la hacen volver a la realidad y al trabajo que está haciendo. Le acerca el vaso a los labios y él bebe poco a poco, mirándola a los ojos de nuevo. Ahora ella está sudando visiblemente. Se le ven dos círculos húmedos en las axilas y la nariz le brilla. Arturo se pregunta si su coño también se habrá humedecido...

Ya están acabando, la chica le limpia los labios con una servilleta, despacio, ahora el de arriba, después el de abajo, meticulosamente... Se abre la puerta y entra la supervisora. “Espabila Mónica, llevas aquí demasiado rato y se te va a acumular la faena”.

La joven da un respingo, recoge todo rápidamente y cuando ya sale por la puerta, pasando delante de su jefa, ésta baja la mano y le acaricia casi imperceptiblemente las nalgas por encima de los pantalones...

Arturo pasa un rato solo, pensando en qué clase de clínica ha ido a escoger su esposa. Más tarde recibe la visita de un psicólogo que le informa que lo tratará diariamente, para conversar un poquito, sin presiones. El médico le dice que debería hacer el esfuerzo de levantarse, de andar un poco, de salir al jardín...

Pero él de momento continúa en la cama, sigue aplatanado. A la hora de comer su mujer le visita y él hace el esfuerzo de comer solo, para no preocuparla más. Ella se ve animada, dice que le ve mejor cara y él piensa en la mañana tan intensa que ha pasado...

Después de comer su mujer se va y él se adormece. En sus pupilas baila aún la mano de la supervisora sobre el culito respingón de la enfermerita...

Pasa el tiempo, quizás se duerme, aún tiene los ojos cerrados cuando percibe que hay alguien más en la habitación, continua haciéndose el dormido. Por el olor sabe que es la supervisora, tiene ganas de preguntarle la edad, siente curiosidad por saber si habrá acertado con los cincuenta y cinco que le ha asignado...

Ella le habla al oído “Arturo, despierta”, los labios de ella rozando su piel, el aliento caliente invadiéndole el interior de la oreja.

Abre los ojos y ve delante de él una aguja enorme y la cara sonriente de la mujer detrás. A pesar del susto, Arturo no puede evitar fijarse en los labios carnosos, en los blancos dientes ligeramente irregulares, en la sonrisa sádica que no se corresponde para nada con la ternura con la cual le ha hablado al oído.

“Tengo que ponerte una inyección”.

Él querría discutir la necesidad de ese tratamiento, preguntarle qué sustancia le va a inyectar, pero quiere continuar con el juego del “enfermito mudo” y no dice nada.

Ella le ordena “Date la vuelta” y Arturo obedece, le ofrece su espalda y ella retira la sábana, dejando al descubierto su culo indefenso...

La supervisora le ordena que se ponga a cuatro patas sobre la cama. Él cumple la orden, la autoridad de su voz no admite desobediencia.

A cuatro patas, desnudo, con la bata arremolinada alrededor del cuello, las nalgas separadas, el agujero del culo expuesto, la polla y los huevos colgando... ¿Esa es manera de poner una inyección?

Ella le golpea los cachetes con la mano abierta, primero uno, después el otro, fuerte, le escuece la piel. Después pasa un dedo resiguiendo el reguero entre las nalgas, se para en el ojete, la yema de su dedo índice da vueltas sobre el anillo del agujero, suavemente, cosquilleándolo.

Arturo tiene la cara hundida en la almohada. Piensa en la imagen que darían si ahora entrara alguien en la habitación. Siente su polla completamente dura y dispuesta a obedecer a esta mujer en todo lo que le pida...

Ella vuelve a golpearle el culo, que ahora está rojo y muy caliente, vuelve a pasar su mano, como tonta, entre las dos lunas de carne trémula, la baja hasta los huevos, los acaricia con delicadeza, llega hasta la polla y desplaza el prepucio arriba y abajo, tapando y destapando el glande que tiene una pequeña gota en el agujerito.

Arturo está muy excitado, no sabe por dónde pueden ir las cosas, no tiene ni idea de si esperar una nueva bofetada, la aguja de la inyección o una caricia dulce en los huevos. Es la tortura de la incertidumbre...

Ahora siente el aliento de ella en el culo, la lengua ardiente y mojada lamiéndole el ano. No se lo puede creer. Y su ano cada vez más dilatado, deseando que aquella bruja lo penetre. A la vez, la misma mano de la mañana, experta y segura, lo masturba con el ritmo justo.

La supervisora le mete un dedo en el culo. Él no puede evitar soltar un gemido de sorpresa, pero sobre todo de gusto.

Ella le dice “No te quiero oír, espero que no seas de esos pacientes que se quejan por todo” y acto seguido empieza a lamerle los huevos.

Él no puede aguantar más, una mano en la polla, la otra en el culo... Y aquella lengua de puta que le está comiendo los huevos como si fueran bolitas de helado de vainilla...

Se corre, por segunda vez este día, todo su cuerpo se agita y se deshace en leche. Cuando aún está sintiendo los últimos espasmos del orgasmo, el dedo sale de su culo y la inyección se le clava en la nalga derecha con fuerza. No puede evitar un “ay” que la enfermera le recrimina con un “eres una nenaza”.

Se queda solo en la habitación. Se incorpora, limpia la corrida con un pañuelo de papel, se tumba de nuevo, mira al techo. Alucina.

De noche ya, el resto del día ha transcurrido con normalidad. No sabe qué sustancia le han inyectado pero no ha notado ningún efecto...

Se ha hecho dar la merienda y la cena. Sabe que no está bien lo que hace, que se lo van a decir a su mujer, pero ha sido el primer día, mañana se portará mejor. Se siente como un niño que ha pasado la gripe y al cual ahora todo le está permitido con tal de que recupere el peso perdido, el color de la piel, el brillo en la mirada...

A medianoche se levanta a mear. Echa un vistazo al pasillo, para curiosear, pero a esta hora todo es calma. Descalzo, con la batita mal atada, camina hasta el mostrador de enfermeras, pero no hay nadie.

Le parece oír unos gemidos ahogados que vienen de detrás del mostrador. Se asoma y ve en el suelo (aquí debería decir que “con sorpresa” pero a estas alturas Arturo ya no se sorprende de nada) a la supervisora con la cara hundida entre los muslos de la enfermera en prácticas. La chica completamente desnuda, con las piernas muy abiertas, y la otra comiéndole el coño con avidez, con lengüetazos largos y rápidos, recogiendo con voracidad cada gota que sale del coño de la chica, hundiendo la nariz, devorándola viva. Y la joven encadenando un orgasmo tras otro, mirando sin ver, babeando en silencio para no llamar la atención...

Arturo vuelve a la cama, con la polla dura una vez más. Pero mete su cuerpo de piel blanca entre las sábanas blancas y mirando el blanco techo aguantado por blancas paredes se duerme, soñando en blanco, sin negras segregaciones…

Abre los ojos, le duelen los brazos “¿Qué coño pasa ahora????”

Tiene los brazos atados al cabezal de la cama, uno a cada lado, los tobillos también atados, parece una X de carne encima del colchón. Destapado, desnudo, débil, indefenso...

La supervisora está delante de él. Le habla “Eres un malnacido, lo he tenido claro desde el primer momento. Mónica te ha visto como nos espiabas. Ahora recibirás tu castigo”.

Y Arturo no puede evitar sonreír porque la polla se le vuelve a poner durísima. Cosa que no es del gusto de la supervisora, que le da una fuerte bofetada.

Él se da cuenta de que en la habitación también está Mónica, parece que asustada, sentada en una silla, a un metro de la cama.

La supervisora empieza a desnudarse. Se quita la bata, los pantalones, las braguitas y el sujetador negros. Lo hace sin vergüenza, como si eso formara parte de sus funciones laborales.

Desnuda completamente se sube a la cama. Él tumbado y atado, ella de pie, cada uno de sus pies a un lado de la cabeza de él.

“No quiero que mires más a Mónica” le dice. Él no abre la boca, mira a aquella hembra madura, de pie sobre él, ligeramente abierta de piernas, con el coño peludo y las tetas colgando hacia abajo.

No le gusta que ella le diga lo que ha de mirar o no, y querría no tener la polla dura, dificultar lo que sea que va a pasar, pero su miembro está más erecto que nunca, pidiendo a gritos acción.

Ella continúa de pie sobre su cara, pero sin pisarle, cuerpo moreno, de pantera negra, sobre un cuerpo blanco, de víctima indefensa.

Arturo no sabe bien porqué lo hace, si para invocar compasión o porque se muere de deseo. El caso es que tuerce la cabeza, saca la lengua y empieza a lamer el tobillo de la pierna derecha de la supervisora.

Ella no dice nada, la lengua de él lame primero un tobillo, después el otro. De la polla empiezan a salir gotas de líquido preseminal.

La supervisora levanta un pie y apoyándose en la pared de la cabecera de la cama, lo pone sobre la cara de él que, incansable, sigue lamiendo la palma del pie, entre los dedos...

Arturo mira hacia arriba y ve la humedad en el coño de ella.

La supervisora se mueve, pone sus piernas a cada lado de las caderas de él, acerca su cara a la de Arturo, sus labios que arden sobre los de él. Arturo se ha quedado completamente quieto, la mira con intensidad. Ella lo besa, primero roza sus labios suavemente, después le entreabre los suyos con la lengua, penetra en su boca. Él sigue sin responder. Deja que esa lengua grande y resbaladiza le folle la boca, entrando y saliendo, rápido, hasta que llega un punto en que él no puede aguantar más y la atrapa, la chupa fuerte, cuando ella no se lo esperaba. A los dos se les escapa un gemido.

“Si te corres te pondré una inyección que no te vas a acordar ni de tu nombre” dice ella.

Lo vuelve a abofetear, sin tanta fuerza esta vez. Una gota de sudor le baja por entre las tetas y cae sobre el pecho de él. Después la mujer empieza a besarle toda la cara, con ternura inaudita, las orejas, el cuello, el pecho, los pezones... Y le muerde un par de veces, dejando las marcas de los dientes sobre la delicada piel de Arturo.

Ella se desliza un poco más abajo, su coño encima de la polla, y empieza a restregarse como una perra, mirándolo a los ojos, manteniendo su autoridad.

Él percibe ese coño grande, peludo y muy mojado, abierto sobre su polla, nota la suavidad de su interior y recuerda que no debe correrse. La supervisora se mueve arriba y abajo, frotando toda su vagina, hasta que se concentra solo en su clítoris, aplastándolo sobre el tronco de él, con movimientos cada vez más rápidos hasta que ella se corre. No gime, solo respira un poco más rápido, y continúa observándolo desde detrás de sus gafas, la polla de él inundada de los líquidos de ella.

Después la mujer se da la vuelta, siempre sobre él, y se pone mirando hacia la puerta. Él ve el culo de nalgas grandes y piel fina, abierto completamente sobre su verga. Ella le agarra la polla y se la va metiendo, poco a poco, dentro del agujero del culo, hasta hacerla desaparecer por completo.

“Recuerda, no te corras” dice ella con voz asombrosamente fría para lo ardiente que tiene el culo.

Arturo se está muriendo de gusto, aprieta los dientes, atado, le duelen las muñecas, su polla apresada por ese conducto que lo exprime. Siente las paredes que le aprietan el miembro, ella se mueve despacio, arriba y abajo. Arturo ve su polla como brilla cada vez que sale y cuando la tiene dentro lo comprime de tal manera que piensa que nunca más la podrá sacar... No quiere correrse, no quiere más sustancias en su cuerpo...

Se acuerda de Mónica y mira hacia la silla. La chica está con las piernas abiertas, los pantalones desabrochados, su mano derecha moviéndose frenéticamente entre sus muslos. Mirándole...

Y Arturo no puede más, se le saltan las lágrimas, no quiere la inyección, pero el orgasmo es imparable, todo él se electriza, se convulsiona, su cuerpo ha dejado de obedecer al cerebro, su polla eyacula en el culo de la puta bruja.

La supervisora se baja de la cama, la leche le rezuma del negro agujero. Llama a Mónica y le dice “ven, que probarás el sabor de la leche de macho” y entre las dos le lamen las últimas gotas de semen que su polla aún está expulsando.

“Lo vas a pagar caro” dice la supervisora, mientras Mónica se ha desviado más abajo y le lame los huevos con fruición.

Y Arturo se dice que al menos una cosa han conseguido esas dos, y es que se olvide de su estrés y de su ansiedad. Ahora solo puede pensar en el próximo castigo...
Tenía varios relatos atrasados... Y este ha sido brutal!!!! Superándote día a día.... Deseando me visites con tu uniforme de enfermera!!!!!

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Antiguo 21-mar-2019, 10:40   #696
elefant
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Predeterminado Mío

Llegas a casa y te hago pasar sin ni siquiera darte un besito. Te pido que te desnudes por completo y que te pongas a cuatro sobre la alfombra del comedor. Yo sigo vestida. Con bragas, sujetador y vestido. Yo soy decente, voy decente. Tú eres mi objeto de deseo. Un cuerpo para mi disfrute y placer. Mi esclavo. Mío.

No hablamos más. Haces lo que te he pedido. Te arrodillas. Tu cabeza tocando la alfombra. Tu culo en pompa, las piernas separadas, tu ojete a la vista. Babeo.

Me acerco a ti, notas mi aliento caliente en tus muslos, en la raja de tu culo. Mi lengua húmeda, pringosa de babas, empieza a acariciarte las nalgas. Te huelo. Te saboreo.

Uno, dos, tres lengüetazos en el ojete. Te oigo gemir. Veo tus huevos colgando, tu polla semi dura. Te como el agujero del culo con toda la boca, noto como se va relajando.

Aprieto con la punta de la lengua. Te penetro. Eres mío. Mi lengua no entra más de un centímetro. Sabe amargo. Tengo un espasmo que me hace expulsar flujo y a la vez me endurece los pezones hasta el dolor. Sigo lamiéndote el agujero del culo. Con una mano empiezo a acariciarte los huevos. Jadeas. Jadeamos. Mi mano va hasta tu polla. Mis dedos mueven el prepucio arriba y abajo, te endureces del todo. Paso mi índice por el agujerito de tu polla, resbala…

Sigo comiéndote y masturbándote. Mi otra mano decide actuar también. Eres mi capricho, mi diversión. MÍO. Mi dedo índice trabaja junto a mi lengua, en tu agujero del culo, mi lengua lame, mi dedo penetra, entra y sale, mi lengua lame, mi dedo penetra, entra y sale, cada vez más adentro. Gimes. Gimo. Estoy sudando pero no me desvisto.

Soy decente. Soy la señora de la casa. La vecina a la que todos saludan con respeto.
Arrodillada detrás de ti, te como el culo, te lo follo y masturbo tu polla que está a punto de estallar.

Me aparto. Te pido que te tumbes boca arriba. Tu pene gotea y brilla. Me relamo. Me agacho sobre ti, que me miras serio, con los ojos húmedos de deseo. Tomo tu polla en mi boca y la succiono con suavidad y firmeza a la vez. Arriba y abajo. Toda dentro de mi boca, ahogándome de gusto. Acelero el ritmo. No puedo esperar más a tener tu leche. Tu cuerpo tiembla, tus piernas se sacuden, y revientas dentro de mi boca. Tu leche caliente choca contra mi garganta, brota sobre mi lengua…

No me la trago. Cuando tus espasmos cesan dejo que tu polla resbale fuera de mi boca y yo me voy moviendo, sin levantarme, poco a poco, de tu polla a tu boca, dejando que el semen resbale en un fino hilo brillante de mis labios a tu barriga, tu pecho, tu cuello… Dejando un reguero blanquecino hasta llegar a tu boca, donde dejo caer las últimas gotas sobre tus labios, que se abren, tu lengua asoma. Y me agacho de nuevo y te beso con ternura. Muero por ti.
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copinieve63
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No me la trago. Cuando tus espasmos cesan dejo que tu polla resbale fuera de mi boca y yo me voy moviendo, sin levantarme, poco a poco, de tu polla a tu boca, dejando que el semen resbale en un fino hilo brillante de mis labios a tu barriga, tu pecho, tu cuello… Dejando un reguero blanquecino hasta llegar a tu boca, donde dejo caer las últimas gotas sobre tus labios, que se abren, tu lengua asoma. Y me agacho de nuevo y te beso con ternura. Muero por ti.

Ummm,simplemente fantastico be erchug,

me encanta como lo expresas,joder que me he puesto cachondo y todo,jejeje
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Antiguo 21-mar-2019, 11:43   #698
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Sensacional.
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Antiguo 21-mar-2019, 13:11   #699
dusoso123
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sin palabras
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Antiguo 21-mar-2019, 17:33   #700
LUDICO
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Te echaba de menos.
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