Antiguo 10-oct-2018, 09:22   #26
javiertf_23
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Bajo mi modesta opinión creo que estás escribiendo una jodida obra de arte.

Me tienes en tensión constate.

Enhorabuena
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Antiguo 10-oct-2018, 14:52   #27
victorgol
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Quería haber esperado a la noche para leer el capitulo que acabas de publicar junto con el que vas a subir a las 10 y media y leerlo del tirón pero no me he podido resistir... Mal hecho porque casi se me corta la digestión con la escena, esto no se hace...

Si el relato aun no ha empezado no me quiero imaginar como va a evolucionar, por ahora solo te puedo decir que me parece una PUTA MARAVILLA y que estoy ansioso por seguir leyendo. A mi no me importa que subas partes con más páginas, de hecho lo veo mejor, pero al gusto del escritor

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Antiguo 10-oct-2018, 15:13   #28
Sigrid
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Dios qué tensión!!!!! El corazón parece que está desbocado, jejej...

Considero que al ritmo que estás subiendo los capítulos, es más que suficiente su extensión. Hombre, siempre habrá quien piense de forma diferente o se podría decir que hagas lo que hagas siempre habrá quien piense que lo estás haciendo mal. Así que debes de hacerlo como tú consideres.

Y volviendo al relato, me entusiasma, aunque hay veces que me gustaría ser la protagonista y tomar las riendas de la situación, jejej.... No voy a decir en qué sentido me gustaría que fuera, jejej....

Un beso.- Cristina
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Antiguo 10-oct-2018, 16:14   #29
gonzo4u
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Juer.... la leche el relato.... bien escrito y te mantiene en tensión palabra tras palabra .... hasta creo estar leyendo a través de unos agujeritos.....
Mi más sincera ENHORABUENA!!!
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Antiguo 10-oct-2018, 17:30   #30
viciosinfin1973
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Cita:
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Aquello me hizo hervir aún más la sangre. Ya estaba bien. Ese «antaño» me atravesó el estómago, como si el pasado doliese más que el presente que estaba contemplando. Tenía una explicación, como mi actitud esclava ante la traición de la que estaba siendo testigo, pero en ese momento escapaba a mi comprensión.
Cita:
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El maldito pasado que había facilitado este presente me saludaba otra vez. Un jefe que se folla a su empleada aprovechando su estatus. Una novia a la que realmente no conocía se mostraba como era realmente. Vaya cliché. Aunque qué más daba: en ese momento creí que no habría un futuro para comentar un pasado... ni para arreglar un presente. Todo estaba más que claro y solo me quedaba padecer aquel mal rato previo al final de una historia que creía pura. Quería que todo acabara cuando antes, e incluso me llegué a plantear que hubiera preferido una follada directa fruto de un momento de inconsciencia que todo un tonteo que favoreciera una follada programada aderezada con unos previos que supusieran un agravante a tal perjurio, una traición más por sí mismos. T.
Verdaderamente, nos tienes en ascuas

Si bien, mi curiosidad es máxima por como vas a resolver la situación en este primer envite..

Es decir, parece que de momento, no hay visos de que seas en ninguna manera consentidor (de hecho, te hierve la sangre ver la actuación de tu novia), por lo que me intriga como va a seguir el relato partiendo de lo que has visto y "manteniendo"?' la relación?

En fin, que casi me voy a dar una vuelta, para llegar esta noche y tomarme mi tiempo , copita en mano, degustando tu magnifica historia ..

Gracias de nuevo por tu historia y tu ritmo de publicación
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Antiguo 10-oct-2018, 20:43   #31
TENDENCIOSO
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Muy buenas tardes desordenado......acabamos de leer de tiron tu relato y !!!!MADRE MIA!!!!!!!!!es espectacular......nuestra mas sincera enhorabuena...tan bien redactado......haces que las sensaciones y los sentimientos del protagonista te lleguen como si fueras tu mismo ......como si estuvieras en el cuarto mirando por los agujeros.......esa intriga , hace que siempre te quedes con ganas de leer mas......

Desde que te deja aparcado como un a trasto viejo junto a la pareja , todo se a ido liando en demasia........baile y sobada por el viejo baboso......miradas complices....susurros al oido........para finalizar en el cuarto.....pensamos que ambos sabian perfectamente para que iban a el........el cigarro ? , una excusa tonta......y todo el dia de vuestro aniversario......todo de muy mal gusto por parte de Raquel......

Sentimos perfectamente sus sentimientos de angustia , traicion , pena , asco , dolor , indefension , incomprension , humillacion , etc........todo proporcionado por su novia....

Futuro negrisimo , ¿ como hara para seguir con ella ?.......¿ para poderla mirar a la cara ?......¿ como se comportara ella a su vuelta ?........

Personalmente yo , ya le hubiera llamado hace un buen rato para decirle que me marchaba y no lo esperaba mas.......mi pibe Tenden seguro que le hubiera sido imposible aguantar semejante vision y hubiera entrado a por ellos sin dudarlo.....

Con muchas ganas que den las diez y media y poder leer el ultimo capitulo de la introduccion......madre mia y aun no a empezado el relato........

Muchas gracias por todo desordenado...estamos seguros que si sigues asi , tu relato sera nombrado y recordado en este foro por mucho tiempo.....

Un saludo de Tenden y de Natacha
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Antiguo 10-oct-2018, 21:18   #32
desconocido60
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Por aquí ya tienes a un seguidor sentado frente al ordenador con la cerveza y las palomitas esperando que empiece la función, que estoy seguro que no va a defraudar a nadie.
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Antiguo 10-oct-2018, 21:48   #33
Desordenado
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Introducción. Parte 6.


Las tetas de Raquel salieron a relucir en todo su esplendor: hermosas, redondas, firmes y tentadoras, aun con varios tonos menos que el resto de la piel. La camisetilla y el sujetador se hicieron uno sobre su abdomen. Los ojos de aquel tío parecieron querer salírsele de las cuencas ante semejante espectáculo. A mi novia solo se le escapó un leve quejido y una mirada de viciosa que mareaba; una mirada que, más allá de su estado, ponía de manifiesto tanto la satisfacción de saberse deseada por aquel tío como el orgullo de ser consciente del potencial del que la había dotado la naturaleza. Algo extrañísimo, dada su habitual modestia y desinterés por toda adulación hacia su aspecto, por más que lo cuidase.

—Madre de Dios, no las recordaba yo así... Uf... Uf... Uf... —bramó el canalla.

Sus manos, ávidas de deseo, se lanzaron hacia sus pechos y comenzaron a acariciarlos, primero desde el exterior hacia el interior y después a la inversa. Una mano acaparando cada montañita con ternura, como si fuese la primera vez que cataba unas ubres. Las areolas rosadas, los pezones erectos, el contorno mamario redondeado que les confería la falsa apariencia de haber pasado por quirófano... Nada más lejos de la realidad: no podían ser más naturales. El maduro pasaba la palma de sus manos con delicadeza, disfrutando del momento, de la mirada sumisa de mi novia. Dejaba sus pulgares clavados sobre cada pezón y con el resto de la mano trazaba una circunferencia que terminaba con un descuidado magreo. Jugó sin obstáculos con sus senos y hasta los sopesó como si quiera compararlos con algunos otros que hubiera catado recientemente. Y aunque lo intentó, no fue capaz de abarcar todo el volumen de aquellas dos maravillas.

—Éstas te han crecido, a mí no me engañas, joder... —decía admirándolas, absorto—. No las recuerdo así, de verdad... —parecía decir como excusa para seguir evaluándolas. Vaya, como si la actitud pasiva de su víctima le supusiera un reto.

Raquel seguía sin decir ni mu, solo un atisbo de sonrisa desvelado por la distensión de la comisura de sus labios. Estaba borracha, excitada y entregada al momento. Un momento que no era más que la repetición de otros momentos semejantes vividos en un pasado lejano en aquel mismo lugar, pensé con desazón y rabia. Pero qué importaba ya.

Después de amasarlas, comenzó a pellizcarle los pezones. Raquel se mordía el labio inferior, levantaba la vista al techo y cerraba los ojos. Había aupado aún más las piernas y llevado los tacones al borde de la mesa para ganar en comodidad y estabilidad. Rafa aprovechaba para frotar su abultado paquete sobre el sedoso pantaloncito de mi novia sin obstáculos. Aunque la acción sucedía arriba, era evidente que abajo también se libraba otra discreta batalla. Cierta prenda debía estar ya al borde del calado.

—¿Puedo? —preguntó retóricamente el manoseador.

Se encorvó ligeramente, agarró a Raquel de la cintura y llevó su boca a su tetón izquierdo, erguido orgulloso de su volumen a pesar de la postura. Mi novia no solo le brindó su sumisión, sino que alzó su caja torácica para que la boca de Rafa llegara con facilidad a su objetivo. Y llegó. Besó con dulzura cada pezón, muak, muak, dos besos a cada uno de los rosados, y después comenzó a mamarlos a placer, provocando ruidos húmedos y ahogando lamentos de hambre y satisfacción. Raquel gemía y se mordía el labio inferior, esta vez con más ganas y sin perder detalle, y a mi mente se vino lo escrupulosa que siempre había sido para hacer topless. Qué irónico todo. Sentir aquella boca, esa lengua y aquellas manos que la amasaban debía estar matándola: sus pezones son hipersensibles. El remate llegó cuando una de las manos del cuarentón comenzó a frotar su entrepierna, presionando con fuerza sobre el pantaloncito. Mi novia pasó uno de sus brazos por el cuello de Rafa y lo apretó contra su cuerpo, rendida a él. El macho aceptó el favor, que interpretó como un aumento en la excitación de Raquel, e incrementó el ritmo de succión al verse aplastado contra su seno. Podía ver perfectamente cómo la boca de aquel tipo chupaba el pecho izquierdo de Raquel, cómo su lengua jugaba con el empapado pezón. Los gemidos se intensificaron. Y yo seguía helándome sintiendo como me mareaba por momentos. Salvo la vista y el oído, el resto de mis sistemas básicos se habían desconectado para evitar un shock que me dejara en el sitio.

—Estás empapada, reina. Estás chorreando mucho, mucho... —le decía él, excitado, sin dejar de morderle las tetas ni intentar disimular el gozo que le producía devorarlas.

—¿Y cómo quieres que esté, joder? —contestó ella con la respiración entrecortada y los párpados pegados.

Aquella confirmación, más que obvia, provocó que Rafa se sobreexcitara y yo me hundiera un poco más. Dejó de atacar aquellos pechos, que brillaban debido a la saliva que los cubría, y se irguió hacia la boca de Raquel. No sé si ella esperaba aquel beso, si lo deseaba o simplemente era esclava de la situación, pero cuando ambas bocas se fundieron pude ver dos lenguas deseosas de encontrarse. Reencontrarse. Sus labios se amoldaron y las lenguas comenzaron a entrar en una boca y otra. Sentí rabia. Incluso más que al ver cómo se comía las tetas de mi novia. La boca, aunque órgano más expuesto, significaba un mayor grado de compromiso. Menos juego, más sentimiento. Intimidad expuesta. Una teta la puedes tocar sin querer, lamer una lengua no es algo que se haga por despiste. La intensidad creciente del besuqueo, ese devorar la boca del otro, se vio acompasada por la velocidad a la que aquella mano frotaba la entrepierna de Raquel, su húmedo sexo bajo la tela de gasa y el fino algodón del tanga.

—Quiero que lo estés más, y lo vas a estar; ya lo creo que lo vas a estar...

Por sorpresa, Rafa se separó de Raquel tras succionarle la lengua que ella le ofrecía y se dio la vuelta. Mi novia se relamió los voluminosos labios con semblante morboso tras aquel intenso rechupeteo y lo observó con curiosidad. La dejó con las piernas abiertas sobre la mesa, la aguja de los tacones rasgando el metal; el trapo hacía rato que yacía sobre el piso. Parecía una contorsionista en una postura fastidiosa por culpa de la escasa profundidad de la mesa, pero no daba la sensación de sentirse disgustada. El otro se dirigió a la puerta, situada a la izquierda de mi posición, y corrió el pestillo. Inmediatamente volvió hacia Raquel, que lo miraba expectante sin perder detalle de lo que venía a continuación, fuera lo que fuese. No tuvo tiempo de reaccionar cuando Rafa se arrodilló sobre el sucio suelo y estampó su boca contra su sexo oculto.

—Rafa, ¡por Dios! —exclamó Raquel, que no se esperaba aquella ofensiva tan directa. Ni yo tampoco. Casi se me sale el corazón por la boca tras sentir cómo latía en mi garganta, dificultándome la respiración. La sensación de impotencia era indescriptible, la ausencia total de opciones salvo el martirio de la escena y el tembleque incontrolable.

Pero ni por Dios ni por nadie. Aquel tío sabía lo que hacía, y no me cabía duda de que estaba harto de hacerlo con unas y otras. ¿Con Tatiana quizás? Antes de que pudiera haber defensa por parte de mi novia, desplazó el pantaloncito a un lado y comenzó a pasar la lengua sobre la tela del tanga con vigor. El tejido mostraba una enorme mancha de excitación que me dejó boquiabierto. Tras añadir su propia saliva a los flujos allí impregnados, la hizo más suya. Los gemidos que se escaparon de la boca de Raquel estaban a un paso de ser jadeos. Rafa la mandó callar y ella obedeció, pegando la nuca a la pared, mirando al anodino fluorescente con los ojos entornados. Se dejó hacer, la única opción real desde que había cruzado la puerta del pasillo, aunque no hubiera sido consciente de ello. ¿O sí?...

—A ver qué escondes aquí, guapita... —susurró él con un halo de impaciencia. El sudor comenzaba a surcar su frente.

Se recreó un brevísimo instante con el olor, pasando la nariz por el valle que conformaban sus dos labios vaginales en la tela, y echó a un lado aquel tanguita inundado de placer, desplazándolo hacia la ingle, donde ya le aguardaba el pantaloncito arrugado. Su coño se mostró en toda su gloria, sus labios menores asomando tímidamente entre los mayores, intimida revelada Brutal, simplemente brutal. No pude evitar evocar la primera vez que me planté entre las piernas de Raquel y creí desfallecer ante tal premio.

Gracias al ángulo que ofrecían aquellas piernas abiertas, pude ver reflejada la luz de la estancia sobre sus flujos, que chorreaban por toda aquella rajita emergiendo de su vagina. Llegué a percibir mentalmente el aroma de su entrepierna, esa mezcla de excitación, sudor y orina aderezada por el suavizante con el que lava la ropa blanca. Magia aromática, reptiliana y seductora que a todos nos vuelve majaras. Un pensamiento placenteramente asqueroso que me hizo sentir envidia por primera vez en toda la noche. Envidia de algo que era mío.

—Rafa... —suspiró ella, que recibió como respuesta una onomatopeya ininteligible que nació en la garganta de aquel puto cerdo. Por un momento quise atravesar la pared e impedir que aquello siguiera sucediendo, pero de nuevo no tenía opciones. Me hallaba inmovilizado, totalmente a merced de los acontecimientos. Literalmente lo digo.

El exjefe contempló aquella maravilla unos segundos, el tiempo suficiente para recrearse con aquel chochito suave y pulcramente depilado para la ocasión. No para esa, sino para otra, la que nos debía aguardar en casa. Su ano, al otro lado del perineo, se mostraba sin censura, dilatándose y contrayéndose. Autoritario, le ordenó a Raquel que mantuviera ella misma separadas aquellas telas de su desnudo tesoro. Ella obedeció, y él aprovechó para llevar sus zarpas bajo sus muslos, asegurándose que estuvieran ambas piernas bien abiertas. Cuando se hubo arrodillado cómodamente, y sosteniendo y separando sendas torres, acercó por fin su boca a la zona íntima que se le ofrecía y la hundió sin compasión. Labios y lengua comenzaron entonces a besar, lamer, succionar y chupar su coñito. Con cautela primero, degustando cada pliegue de carne, tirando de toda ella hacia él. Y después, cuando lo ensalivó por completo, de manera más enérgica. Gemidos y más gemidos. Los lengüetazos y el sonido de los flujos se disfrazaban con los sofocos de Raquel, que bufaba de placer. Aunque más que besos y chupadas, aquel tío parecía estar enrollándose con su chocho. Abría totalmente la boca, la mandíbula casi desencajada, y lo abarcaba en su totalidad entre sus labios. Después, como si fuese un chupón, tiraba de la piel sensible hacia atrás y la soltaba entre gimoteos. Acto seguido hundía su cabeza, dejaba que su lengua penetrara hasta que no daba más de sí, y se separaba sin perder detalle de su sexo totalmente abierto. Hilos de flujos vaginales quedaban colgando entre sus labios y barbilla y mi chica. Al instante volvía al ataque y repetía la operación entre rápidas pasadas de lengua, que esporádicamente descendían hacia el ano. Y a cada chasquido, un sonoro gemido de Raquel, totalmente fuera de sí. Finalmente, tras ensalivarlo y degustarlo todo por tercera o cuarta vez, se centró en su clítoris, que comenzó a devorar con sobrada maestría. Mi todavía novia en ese momento, como la había apodado tras el muro que nos separaba, se sumió automáticamente en una consecución de jadeos y resoplidos que la indujeron a un trance sexual que parecía evadirla espiritualmente del lugar. Trance que solo se veía interrumpido cuando él, cargado de malicia, succionaba con fuerza sus dos labios inferiores, que parecía querer arrancar para llevarse consigo el clítoris que del capuchón emergía hinchado. Ella temblaba al recibir aquella deliciosa tortura, como si un calambre que naciera en su clítoris maltratado se propagara por todas las ramificaciones de su sistema nervioso erizando y encendiendo sus receptores sensoriales. Yo, en un vano intento por mitigar el dolor, rezaba por que ella no se corriese, consciente de que a Raquel le fascina el sexo oral y es capaz de alcanzar el orgasmo en un plisplas si se sabe qué teclas tocar.

Al cabo de un par de minutos, ambos empapados en sudor, Rafa dejó de bucear en su entrepierna y se puso en pie. Tenía la cara brillante por los flujos a él adheridos y una sonrisa imborrable. Se relamió.

Raquel aún tenía los ojos cerrados, el cuello alzado y los pelos sobre la cara. Respiraba con dificultad y la imaginé hipersensible a cualquier estímulo que pudiera padecer ya. Su mano derecha, como si tuviera vida propia, aún tiraba de las telas del pantalón y el tanga, desplazadas sobre su ingle. Estaba totalmente ida, y no me hubiera parecido extraño que ya hubiera tenido un par de orgasmos. O alguno más. Y en ese estado de embelesamiento seguía cuando Rafa, ágil, se desabrochó el cinturón, se desabotonó el pantalón y se bajó la cremallera. No podía ser que lo fuese a hacer. No así de fácil. Su polla, que parecía querer romper los calzoncillos, surgió como un resorte, pum, irguiéndose con fuerza y un aspecto amenazante. Gruesa, larga, imponente. Un glande bicéfalo, hinchado y amoratado, hacía las veces de cabezón para aquel falo curvado que apuntaba directamente hacia la entradita húmeda de Raquel. Creo que la cara que se me quedó fue la misma que puso mi novia al volver la mirada hacia Rafa, bajar la vista y ver aquella monstruosidad a escasos centímetros de su coñito. El verde de sus ojos se intensificó y su boca se desencajó. Si iba a reaccionar, no tuvo tiempo. Con un movimiento de cintura, Rafa llevó su apéndice al chocho inundado de Raquel y, como si de una fusta se tratara, comenzó a golpear su clítoris. Cada impacto producía el mismo sonido que el de un charco al ser pisado por un niño con botas de agua. Chof, chof, chof. Tres golpes secos que arrancaron tres gemidos a mi novia, que contemplaba la escena como una espectadora privilegiada más, y no como la protagonista de la película porno que se estaba viviendo en aquel descuidado almacén al que jamás debí acceder.

—¿Te gusta?... —preguntó él, orgulloso, antes de volver a golpearle el coñito con su dureza. No sabía si se refería a su desproporcionado miembro o a aquellos golpes de gracia que precedían a la estocada final.

Ella no contestó, se limitó a contemplar aquel pene que la sometía. Solo reaccionó cuando Rafa comenzó a refregar su glande entre sus labios vaginales, separándolos sin oposición a cada pasada. Subía y bajaba desde el clítoris inflado hasta la entrada de su vagina, quizás más allá. Y luego vuelta a subir.

—Rafa, me tengo que ir ya... —comentó Raquel, imagino que sin pensar mucho. Si quería escapar, hacía rato que había cruzado la línea de no retorno. Aunque, evidentemente, aquello no tenía nada de verdad. Estaba ansiosa, por más que me doliera aceptarlo, de que aquel hombre la poseyera.

—Nos vamos a ir los dos, cariño. Como antaño, ¿de acuerdo? —le contestó él dedicándole una mirada de complicidad. Su polla seguía el vaivén húmedo en su rajita—. ¿No lo echas de menos? —Bajó su mirada y se concentró en el paseo que su polla se regalaba en la rajita que él mismo había regado. Continuó tras unos segundos de silencio—: Bailar en tu barra, frotarnos a escondidas, quedarnos hasta última hora, ayudarte a hacer la caja, esperar a que todos se marchasen, subirnos al reservado con la música y las luces puestas...

Raquel estaba ausente, embrujada por la situación y el placer. Se mordía el labio inferior y sonreía pícaramente. La posición de sumisión, allí incrustada sobre la mesa exponiendo su intimidad, potenciaba su imagen de zorrita nocturna con la que jamás la había identificado. Su mirada de morbo coincidía con la de Rafa, que sostenía su polla con una de sus manos y con la otra había comenzado a sobar los pechos inflados de mi novia. Estaba totalmente entregada y no le contestó. Él prosiguió:

—¿Te gustaba follar con el jefe, eh? —Sus palabras se volvían cada vez más rudas, incisivas—. Te encantaba terminar bien los sábados, llegar a casa relajada... Sí, ya lo creo, llegar bien abierta... —decía entre risas de autocomplacencia.

Raquel seguía ausente, escuchándolo sin esquivar la mirada, respirando con dificultad; su mano izquierda sobre el metal de la mesa, la derecha desnudando su sexo y la espalda apoyada en los azulejos blancos de la habitación. Entonces, de improviso, dio un respingo que me obligó a bajar la mirada a su entrepierna. Rafa había colocado su glande en la entrada de su vagina y empujaba con suavidad. Ella bufó y frunció el entrecejo.

—Suavecito, Rafa, por fa... Llevo más de una semana sin follar... —soltó bajando la vista para no perderse el momento álgido. Esas palabras supusieron para mí otra lluvia de cuchillas afiladas.

—Tranquila, peque... ya me conoces. Suave, esto entra solo...

Y así lo hizo. Poco a poco fue desplazando su cadera hacia delante. El desproporcionado cabezón abría el coñito de Raquel sin dificultad, ensanchando la vagina, que se ajustaba a aquella polla más por la lubricación de la zona que por sus propias capacidades de dilatación. Raquel es estrecha, y nunca hubiera imaginado que algo de ese calibre pudiera entrar con tal facilidad. Aunque más que entrar, parecía como si la vagina de mi chica quisiera absorber aquel pollón, engullirlo. Un gritito salió de la garganta de Raquel cuando el glande se perdió en su interior y la entrada del chochito se adaptó de un salto al contorno de su polla, de menor diámetro.

—Suavecito... —repitió él, empujando poco a poco hasta conseguir que la mitad de su rabo entrase en el sexo de Raquel, que emitió un suspiro al verlo—. Ufff... —bufó el asqueroso—, qué calentito, madre mía... Qué coño tienes, joder, joder...

Estúpido de mí, lo único que se me vino a la cabeza al contemplar la escena fue que al menos podría haber tenido la delicadeza de ponerse un preservativo.

Las delicadezas duraron lo que duró un corto mete y saca destinado a lubricar su polla. En cuanto ésta estuvo bien empapada, la penetración comenzó a aumentar de ritmo. Y a cada entrada, un gemido, un jadeo. Sonidos de alto componente sexual dieron paso a pequeños gritos en cuanto el maduro comenzó a perforarla a placer, dándose el lujo de introducir el miembro en casi toda su longitud. Llevó al minuto ambas manos a la cintura de Raquel y comenzó a ayudarse para una mejor penetración, usando su cuerpo a placer. Mi novia aprovechó el momento y con sus piernas rodeó la cintura de Rafa. La postura me parecía incómoda, pero ninguno se quejaba. Al contrario: la follada comenzaba a ser algo bestial. ¿Debía seguir mirando? Sé que no. Hacía rato que debía haberme acurrucado en una esquina con los oídos tapados, pero creedme, no podía hacer nada en ese momento; era como si un ente superior me castigara de esa manera tan cruel. Ente que me forzó a seguir contemplando la escena tras la que me crecerían dos enormes cuernos de alce en la cabeza. O no.

Al maduro, de tanto ajetreo, se le terminaron de caer los pantalones y los calzoncillos hasta los tobillos. Se follaba mecánicamente a Raquel, como un animal. Metiendo y sacando sin delicadeza mientras comenzaba a sudar a chorros. Mi novia, totalmente entregada, se apoyaba como podía contra la pared y mantenía el pantaloncito y el tanga sobre la ingle equilibrándose con la otra mano. Cuando se supo segura tras medir el impacto de las embestidas que recibía, llevó la mano de apoyo a su entrepierna. Si por un momento pensé que había mucho de sumisión en aquella situación, mis dudas se vieron despejadas cuando, atónito, vi cómo usaba la mano libre para masturbarse el clítoris con el dedo corazón y el anular.

—¡Eso es, así! ¡Date fuerte! —la animaba Rafa, aumentando progresivamente el ritmo de la follada a unos límites que le sobrepasaban. Cada segundo estaba más alterado, gimoteando de placer y con la mirada perdida en el techo.

Mi chica se mordía con fuerza el labio inferior, sometida al placer de aquella polla que la bombeaba y a sus dedos ágiles que tan bien la conocían. Sus pechos se mecían de un lado a otro sin control. De arriba abajo por momentos, hacia los lados en otros. La visión era una maravilla, puro hipnotismo, pero para mí estaba suponiendo la peor de las pesadillas.

—¡Uf! ¡La leche, qué buena estás, cojones! —vociferó él, aumentando el ritmo de su cintura—. ¡Te voy a reventar!

El mete y saca llegó a un punto extremo. Ambos cuerpos parecían rebotar el uno contra el otro. Los gemidos de Raquel eran incesantes, gritos por momentos. Gritos descontrolados y movimientos incesantes de cuello que se agudizaban tras cada acometida y provocaban que su cabeza chocara en más de una ocasión contra las baldosas de la pared. Y cuanto más entregada parecía ella, más se excitaba él. Los sonidos de su polla al penetrar a mi novia eran puro vicio, sus huevos estampándose contra su culo, o contra la mesa, quién sabe. La banda sonora principal era ese sonido acuoso que no hacía más que evidenciar que a mi novia le quedaba batería para rato.

Desgraciadamente para ellos, la follada solo se alargó un par de minutos más. Dos intensos minutos que llegaron a su fin cuando el cuarentón, que había comenzado a temblar como un poseso bañado en sudor, sacó rápidamente la polla del coño de Raquel, la meneó con fuerza y comenzó a eyacular sobre la vagina que acababa de trincarse. El grito gutural que escapó de su interior reverberó en la habitación como la bocina de un barco. Los chorros de semen salían despedidos con fuerza, bañando las carnes íntimas de Raquel, resbalando por entre los pliegues de su chochito hasta caer sobre la mesa. El glande, como un remero de fuente sexual, besaba su clítoris y lo cubría con sus últimas gotas. Cuando terminó con la masturbación final aprovechando hasta el último suspiro del orgasmo, se dejó caer hacia delante, apoyando sus manos a ambos lados de mi novia. La corrida había sido monumental y había dejado a Rafa extenuado. La mano de Raquel, tímida, descendió unos centímetros y comenzó a mezclar con delicadeza aquel denso líquido con sus propios flujos, que untó por todo el chochito y con el que se frotó el clítoris unos segundos en un gesto que jamás la había visto hacer. Después, con la palma de la mano mojada, agarró aquel pene, que se veía inmenso entre sus pequeños y delgados dedos, y lo ordeñó con cariño. Más que una paja, lo que estaba haciendo era deslizar una y otra vez su prepucio para que saliese de aquella fuente hasta la última gota de zumo de macho. También estaba exhausta.

—Dios santo, cómo te he echado de menos, reina... —dijo él con dificultad. Su respiración era irregular y tenía la espalda de la camisa chorreando.

—Jo, yo quería que me lo dieses... —le contestó ella, apenada, haciendo referencia al zumo que se había desperdiciado sobre su sexo y el filo de la mesa. Yo seguía sin dar crédito a nada.

—No me ha dado tiempo, cariño. Lo siento. Te tenía ya muchas ganas. Desde que te he visto esta noche me lo has despertado todo... No me ha dado ni tiempo a bajarte de la mesa para darte la vuelta, con las ganas que tenía... —le confesó, como si el proceder habitual hubiera sido interrumpido por un orgasmo sobrevenido. Agradecía, si es que podía agradecer algo, no haber visto a mi novia sometida desde atrás—. Pero como vas a volver por aquí en breve... —soltó él con malicia, la frente moteada de sudor. Mi odio a niveles máximos.

Rafa se arrimó a ella, dejando que sus sexos se acariciaran, y se fundieron en un cálido abrazo. Él por encima, ella por debajo. Así se mantuvieron unos instantes, recuperando la respiración, hasta que se separaron para darse algunos picos mientras se rozaban la punta de la nariz.

—¿Estás bien? —le preguntó él.

—¿Cómo crees que estoy...? —replicó ella resoplando a través una sonrisa de oreja a oreja. Había dejado descansar sus piernas, cuyos muslos buscaban el mayor contacto posible con la mesa.

—¿Bien follada? —respondió entre risas un Rafa tan crecido como dichoso.

—¡Sí! —continuó ella sin cambiar la forma de sus labios—. Muy bien follada... Como en los viejos tiempos... —dijo con nostalgia y pillería, halagando al macho. Lo que faltaba, vaya.

Él rió orgulloso, cómo no.

—No sé por qué dejaste este curro, con lo bien que te tratábamos... —afirmó acariciándole la espalda desnuda. Sus pezones aún seguían erectos.

Ella gruñó y bajó la cabeza, que estampó contra el pecho de gallo que le daba cobijo. Parecía una gata en celo ronroneándose.

Entre las muchas conjeturas que iban y venían por mi mente, y en la que evitaba catalogar a mi novia —aunque adjetivos no me iban a faltar—, una idea estaba clara. El modus operandi que empleó aquel tío con Raquel debía ser el común para con el resto de chicas que caían en sus redes. Y en la del resto de empleados. Tonteo, cachondeo, indirectas, bailes, alcohol y una propuesta de continuar con el buen rollito en un sitio más íntimo y cómodo. Si accedían, estaba hecho. ¿Se habría follado con aquella táctica a Tatiana? Parecía una chica con mucho carácter, pero vete a saber. Unas palabras bien escogidas, de rigor y sin más fin que el de hacer el paripé justo para atacar, buscar el momento clave, ¡y zas!, un bocado aquí y un beso allá. Cuando se quieren dar cuenta ya tienen una teta fuera, una lengua en la campanilla o una mano frotándoles el coño. Línea de no retorno cruzada y a aumentar la lista de polvos, con el morbo añadido del lugar y el haber sido seleccionadas de entre tantas aspirantes. Todo un logro. Vamos, como si no fuesen a caer una por una por turnos, seguramente seleccionadas mediante algún orden lógico: las más tremendas primero, las demás para casos de necesidad.

—Eso digo yo... —contestó al final Raquel—. Supongo que de todo se cansa una... —Ambos rieron y se hizo un leve silencio.

—No creo que nadie se pueda cansar de esto —replicó vanidoso—. Ahora quiero que me digas una cosa, y quiero que seas sincera —propuso Rafa en medio de aquel abrazo. Él con el pantalón en el suelo, ella que había recobrado la dignidad al dejar que su tanga y el pantalón volvieran a cubrir su vagina empapada.

—Qué serio te has puesto —susurró ella—. Venga, dispara...

—¿Serás sincera?

—¿No lo soy siempre? Suéltalo ya, que me estás poniendo más atacá...

—Vale, vale... Entonces dime, ¿quién te echaba los mejores polvos de aquí: Damián o yo?

La pregunta volvió a aumentar un ritmo cardíaco que creía haber controlado tras la escena erótica. Damián. Sí, él. El portero que me había presentado al llegar al local. Ese que no me había dirigido palabra. Ese que la había abrazado con tanto cariño... Y encima ese «o» y la incertidumbre que creó que se quedara en el aire la continuación de la frase. ¡Joder, puta mierda de noche!

Raquel se rió antes de contestar:

—¿De verdad quieres saberlo? —preguntó misteriosa.

—¡Pues claro! Pero si no soy yo, no quiero saberlo. —La carcajada fue compartida. Yo no le vi la gracia. Y aunque se la hubiera visto, tenía la mandíbula tan apretada que hubiera sido imposible mover la cara.

—Pues... entre tú y él... Pues... ¡Venga!¡Me quedo contigo! —contestó por fin tras un segundo de vacilación sobreactuada. Rafa sonrió orgulloso y la besó en la frente. Abrazo incluido.

—Me ha gustado tu respuesta, pequeña. Y ya que estamos... ¿entre aquel disc-jockey y yo? Ya tú sabes... —le preguntó guiñándole un ojo.

La duda cogió tan desprevenida a mi novia como a mí. ¿Otro? Madre mía, menudo pardillo estaba hecho. Ahora titubeó.

—Qué memoria tienes para lo que quieres, Rafalito —Y dicho esto, le empujó suavemente y se bajó de la mesa con cuidado. Se había puesto seria. Sus tetas bambolearon preciosas, con el volumen perfecto y los pezones rosas aún contentos. Él sonrió con maldad y comenzó a vestirse. Ya había conseguido lo que andaba buscando. Y si no se lo hubiera dado mi novia, se lo hubiera dado cualquier otra de su más que posible harem. Su polla había decrecido considerablemente, aunque aún así resultaba exagerada, sobre todo por el grosor del que hacía gala.

—¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo. Armando, Alejandro, Alfredo...

—Alessandro, Alessandro Bass —le corrigió ella. Otro vuelco me dio el corazón. Yo conocía a ese pinchadiscos. ¿Quién no lo conocía? Pinchaba en la Costa del Sol tres o cuatro veces cada verano, cuando se escapaba de Ibiza. Lo que no sabía es que hubiera estado en Atrium alguna vez. Joder, vaya aniversario. No lo iba a olvidar en la vida. ¡¿Cómo iba a volver a confiar en una tía después de lo que había visto?!

En fin. Qué decir.

Más allá de aquel nuevo dato, otro sobrevoló mi mente con más hincapié: ¿había conocido de verdad a mi novia en un año? Bueno, a la que acababa de dejar de ser mi novia, porque tras aquello todo se había acabado para siempre, pensé. Y ya no me refería a su pasado, que era obvio que ignoraba casi por completo, sino a su presente más inmediato. Si había sido capaz de aquello estando yo cerca, ¿qué no habría hecho en mi ausencia? Por favor, no podía con aquel dolor de estómago que acariaba ya mi alma para contaminarla con nuevos llantos.

—¡Ese! —contestó Rafa terminando de colocarse los pantalones —. Aquella noche estabas preciosa. Fue la primera noche en la que pensé que debía acercarme de una vez por todas a ti, ¿sabes? Quedarnos a solas y descubrir lo que ocultaba tu minifalda vaquera. Pero cuando me quise dar cuenta, aquel niñato ya había captado tu atención y no tenías ojitos para nadie más. No te culpo. El chaval vale. Pero yo tenía alguna esperanza. Todo se fue al garete cuando Lucía te hizo el favor de terminar tu barra para que te pudieras largar con él al hotel «a ver el amanecer»... Aunque más que amanecer, creo que te hizo ver las estrellas.

Raquel no contestó. Las palabras aquellas estaban cargadas de resentimiento, a pesar del tiempo transcurrido. Terminó de recomponerse y después se limitó a sacudirse el pantalón, sobre el que había varias manchas de polvo. Después agarró su bolsito y se lo echó al hombro.

—¿Nos vamos? Me están esperando desde hace rato... —sugirió ella, directa. A buenas horas, hija de...

—Nos vamos, sí.

Tras meterse la camisa por dentro del pantalón, invitó a Raquel a caminar hacia la puerta con un gesto de mano y se la abrió gentilmente, cediéndole el paso. Yo aguanté la respiración, estupidez que a veces creemos que nos hace invisibles, y no solté el aire hasta que escuché la puerta del pasillo cerrarse. El sudor me bañaba. Los nervios me incapacitaban. No podía ni moverme. Tenía el cuerpo agarrotado y la conciencia destrozada. ¿Y ahora qué? Y no me refería a mi situación sentimental, sino a mi situación física. ¿Salir de allí sin más como Pedro por su casa? ¿Y si estaba el maromo al otro lado? ¿Podían ir peor las cosas? Creo que si hubiera tenido fuerzas, hubiera llorado. Pero ni ganas de eso tenía a esas alturas. La conmoción iba a durar mucho y el despertar iba a ser duro. Esa fase de asimilación aliñada con la visión de lo ocurrido. Pero no había manera de impedir a mi cerebro procesar todo aquello.

Me asomé a la puerta de la habitación en la que me encontraba y vi el pasillo solitario, con la puerta negra al fondo. Iba a encaminarme decididamente hacia ella, dispuesto a salir de allí sin más, cuando ésta comenzó a abrirse. La música invadió el corredor y me tuve que ocultar de nuevo en la oscuridad. Escuché pasos, voces, un griterío. Y entonces un tajante:

—¡¿Dónde mierda está?!

Comencé a temblar. No sabía qué pasaba. Me apoyé de nuevo en la mesa y me asomé a la otra habitación. A ella entraron como un vendaval el mismísimo Damián, el negro fortachón y el rubito que custodiaba la puerta del pasillo. Comenzaron a mirar por todos los rincones, a abrir los muebles y la nevera. ¡¿Qué mierda buscaban?!

—¡¿Dónde cojones está?! —gritó Damián, con su inconfundible voz grave.

¡¿Se referían a mí?!

Justo en ese momento la puerta del pasillo retumbó de nuevo. Alguien más entraba. Escuché sus pasos y cómo se detuvo en el umbral de la habitación en la que estaban escarbando los otros tres porteros.

—¿ Pero qué puñetas hacéis? —Era la voz de Rafa—. ¡Ahí no está, no me escucháis!¡Os he dicho que en el cuarto chico, joder! ¡El c-h-i-c-o!

Creí que me moría.

Definitivamente, sí, podían ir peor las cosas.

Y la puerta se abrió.
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Antiguo 10-oct-2018, 22:17   #34
josem4x
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Predeterminado se veia venir

No voy a calificar el relato porque es obvio que es muy muy bueno. Pero es que joder, tio, cuando he acabado de leer esta parte he sentido palpitaciones y pulso acelerado. Es que parece una pelicula de Hitchcock con Jordi, "el niño polla", como protagonista.
Enhorabuena colega.
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Antiguo 10-oct-2018, 22:26   #35
victorgol
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Predeterminado No sé ni que decir...

Más allá de la tensión que imprimes, el calentón como lector al imaginarme alto tan morboso, la escena en si y todo TAN BIEN escrito y narrado que parece que estás ahí, veo que se abren como dos tramas, una pasada con los nombres que han aparecido y la futura de lo que vaya a pasar entre Gonzalo y Raquel, sea juntos o separados. Ojala que pronto se sepa..

Diría muchas cosas más pero creo que se dicen solas y resultan muy obvias, muchísimas gracias por este ratito... y por quitarme el sueño
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Antiguo 10-oct-2018, 22:26   #36
fedemisiones
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Predeterminado espectacular

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Introducción. Parte 6.
Y la puerta se abrió.
simplemente espectacular , hacia mucho que no leia algo tan bueno ,y eso que hay por aca escritores muy buenos.
ahora si que quiero saber que paso despues.
vas a demorar mucho en escribir el resto ??
cl ap0000
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Antiguo 10-oct-2018, 22:30   #37
Lgbcn
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Predeterminado Menuda introducción!!

Hola.

Felicidades por la introducción. En cada episodio casi he contenido la respiración, imaginando cada escena morbosa. Narras los acontecimientos de una manera que cautivas el lector. No esperaba este final que diera pie a una nueva escena trepidante cuando inicies realmente el relato. Así que sólo puedo esperar al siguiente y reiterar mi enhorabuena por tu talento.

Saludos
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Antiguo 10-oct-2018, 22:40   #38
Sigrid
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Predeterminado

Es dificil comentar, siendo tan reciente su lectura y el desconcierto de lo leído. Maravilloso, lo describe todo.

Sin embargo no he entendido la actitud de él, ¿por que no se fue? Si la escena le producía tanto daño, ¿por qué siguió disfrutando de ella? Eso sí que me ha desconcertado aunque todo tiene una explicación, claro.

Un beso y un dulce abrazo de aliento para que sigas entre nosotros, ahora sí que te necesitamos.- Cristina
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Antiguo 10-oct-2018, 22:48   #39
Blacale
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Predeterminado

Cita:
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Es dificil comentar, siendo tan reciente su lectura y el desconcierto de lo leído. Maravilloso, lo describe todo.

Sin embargo no he entendido la actitud de él, ¿por que no se fue? Si la escena le producía tanto daño, ¿por qué siguió disfrutando de ella? Eso sí que me ha desconcertado aunque todo tiene una explicación, claro.

Un beso y un dulce abrazo de aliento para que sigas entre nosotros, ahora sí que te necesitamos.- Cristina
Hola Sigrid,
En ningún momento el disfruta de lo q está viendo, y también dice q no se va porque está paralizado y también es de suponer q hasta el último momento espera q ella lo rechace o q no folle........
Pero de disfrutar...........vamos....q nada de nada.....si hasta siente dolor de estómago y todo.....
Saludos
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Antiguo 10-oct-2018, 22:54   #40
gonzo4u
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JO-DERRRRR...... leerlo ha sido como tirar un penalty con paradinha ... bueno, con bastantes paradinhas!!
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Antiguo 10-oct-2018, 23:18   #41
Amatxu
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Uf... menos mal que es la introducción (propiamente dicha), tensión al máximo. ¿serás capaz de superarlo?
Mucha gracias .
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Antiguo 11-oct-2018, 05:46   #42
roteta
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Predeterminado Muy bueno

Muy bueno.

Al nivel de required y cornidox,

Ojala siga por mucho tiempo.

Saludos.
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Antiguo 11-oct-2018, 05:50   #43
Sigrid
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Hola Sigrid,
En ningún momento el disfruta de lo q está viendo, y también dice q no se va porque está paralizado y también es de suponer q hasta el último momento espera q ella lo rechace o q no folle........
Pero de disfrutar...........vamos....q nada de nada.....si hasta siente dolor de estómago y todo.....
Saludos
Quizá no me expresé de forma correcta anoche, quizá también tenga bastante culpa el que a nuestras palabras no podamos ponerle entonación como si fuera la voz.

Es una escena que no produce placer para él, sino todo lo contrario, pero es una escena que se desarroolla en un tiempo más que considerable como para que él no reacciones aunque pueda estar paralizado, es una escena que nos describe con todo lujo de detalles y por consiguiente es una escena que aunque no le pueda producer placer ninguno yo considero que la disfruta.

Es una forma de entender lo que cuesta entender, no se capaz de reaccionar en todo ese espacio de tiempo.

Me encanta que podamos iniciar un debate

Un beso.- Cristina
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Antiguo 11-oct-2018, 06:32   #44
Vicentecade
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Predeterminado Lo disfruto como todo un masoquista

[Entiendo que estuviera "paralizado", entiendo que quería saber si llegaba a follar, pero no entiendo que en el momento en que la penetra no tomara una acción, ya confirmó que es una zorra, entonces? por qué seguir ahí? yo pienso que lo disfruta aunque no está consciente de ello, en fin ya veremos por donde nos lleva el autor.

para el autor un 10+, para el protagonista un -2 (negativo).

no me gusta la traición, la mentira, injusticias, abuso físico. disfruto el sexo compartido, liberal, pero consensuado.
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Antiguo 11-oct-2018, 09:02   #45
lucasgri
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Predeterminado

Yo creo que llega un momento que le entra la vena voyeur y curiosa. Saber como terminará todo. Ademas él se queda sin reacción ante una situación inesperada.
Curiosamente hace un par de días comentaba con una amiga como quedaría la situación de una pareja después de una infidelidad o un desliz. En caso de perdón, los celos, desconfianza y miedos a que no haya sido una situación aislada, crearían tremenda tensión.
Si encima has sido testigo de la infidelidad, todavía más.
Y si has escuchado que existe la posibilidad de que tu pareja vuelva a trabajar con esa persona pues...
Muy buen relato.
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Antiguo 11-oct-2018, 13:39   #46
onirico2020
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Predeterminado

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[Entiendo que estuviera "paralizado", entiendo que quería saber si llegaba a follar, pero no entiendo que en el momento en que la penetra no tomara una acción, ya confirmó que es una zorra, entonces? por qué seguir ahí? yo pienso que lo disfruta aunque no está consciente de ello, en fin ya veremos por donde nos lleva el autor.

para el autor un 10+, para el protagonista un -2 (negativo).

no me gusta la traición, la mentira, injusticias, abuso físico. disfruto el sexo compartido, liberal, pero consensuado.
Hola coincido en lo que ponen todos, la pluma del escritor es un deleite, +100 puntos!!!

Para el prota, te quedas corto, un -100 pero bueno,los protas de estos relatos han de ser asi sino .....si el patea todo cuando ella lo va a hacer cornudo, la manda con su puta madre que la parió por zorra y desvergonzada, los maromos le llenan la cara de dedos y lo tiran en la calle hecho un estropicio y se acabó el relato!!
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Antiguo 11-oct-2018, 14:20   #47
viciosinfin1973
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Predeterminado Magnifico

A mi, además de encantarme en la manera en que lo cuenta, me ha sorprendido mucho en lo que cuenta

Es decir, yo pensaba que iba a ser un si pero no, como en muchos otros relatos, y que al final ella recapacitaria por miedo o verguenza, etc y le iba a parar los pies a su jefe, con lo que su novio se iba a quedar con la duda sobre el comportamiento pasado y sobre todo actual de Raquel

Pero es que ya no hay dudas sobre ella.
Lo de hacerlo en su aniversario ya es un plus de maldad.

Así que estoy totalmente perdido de como va a a seguir la historia, lo cual es...Fantastico¡¡¡

Que ganas de ver por donde van los tiros...
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Antiguo 13-oct-2018, 02:48   #48
TENDENCIOSO
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Predeterminado

Madre mia , la concha de mi vieja........valla introduccion y aun no a empezado en si el relato....... te pongo 1000 puntos suspensivos desordenado....ponte tu mismo los adjetivos que mas te gusten , por que te lo mereces.........nosotros solo te diremos uno....eres un escritor maravilloso.......

Nos haciamos una idea muy parecida a la de viciosinfin....si pero no....que en un momento Raquel iba a parar todo......bien por respeto a su pibe o simplemente por dignidad propia.....pero nos equivocamos.......tanto el viejo baboso como Raquel , sabian de ante mano lo que iba a suceder dentro del cuarto...recuerdos , tonteo y follada.......lo demas patochadas y excusas tontas........de Rafa , no hay nada que decir....otra putita follada....!!!!pero de Raquel!!!!!.....que mal gusto por dios....un viejo baboso , pasado de peso , sudoroso , que se folla a toda que puede , que casi podria ser su padre , que dentro de unos años le sera complicado que se le ponga dura.......con viagra y en cinco minutos listo.......que asco por favor.....

Raquel , se a coronado por completo......su pasado pasado esta.....no tenia pareja y podia hacer con su cuerpo un sallo.......pero coño que ahora tiene novio y estaba dentro del local y encima en el dia de su aniversario........no tiene nombre alguno , no tiene ningun respeto por su pibe ni por ella misma.....¿ con que cara se iba a presentar delante de su pibe ?....¿ de verdad iba a tener la poca verguenza de hacer como si no hubiera pasado nada ?.....¿ hasta dentro de un par de semanas , que volviera con el cornudo a por mas ?.......total si despues se entera su pibe...con decir que lo quiere a el y que lo otro solo es sexo y no significa nada......todo solucionado y si no es que mi pibe no me comprende


Gonzalo amigo...que decir de el.........muy duro oir ir presenciar todo lo ocurrido......nada era como parecia...era todo lo contrario que el conocia......un mal sueño y una tia que debia ser el doble malo de su mina........¿quien le iba a decir que su mina era todo lo contrario a lo que el sabia ?........seguro que hace unos dias hubiera puesto las manos en el fuego por ella......encima como le iba a decir todo lo que habia oido y visto...encima el tendra la cupa por deconfiado y celoso.......

Solo esperamos que al final no habran del todo la puerta y se vallan......o se pueda esconder en algun sitio sin ser visto........solo faltaba que aparte de cornudo y apaleado..........sufriera humillacion alguna y encima se llevara alguna piña de los seguratas........pa mear y no echar gota

Por nuestra parte , entendemos el relato como Blacale......en ningun momento entendemos placer o vena vouyer en Gonzalo.......todo lo oido y visto de su querida Raquel lo deja en estado de shock....como para no estarlo....pero todos sus sentimientos y pensamientos hacen que pensemos eso.....esta paralizado por la sorpresa , asco , celos , rencor , humillacion , traicion etc........

lucasgri , coincidimos con lo que vos comenta..........una infidelidad es muy complicada de superar en una pareja...aunque haya perdon , la mayoria acaba en ruptura con el tiempo.........es muy complicado recuperar esa confianza imprescindible que hay que tener en una pareja.........aunque creemos que el viejo baboso se refiere , a que ya volveras pronto a visitarnos y te dare otra vez lo tullo....no que vuelva atrabajar en la discoteca de nuevo.......


Nadie sabe como va a reaccionar si pilla en pleno acto sexual a su pareja con [email protected] mejor amigo de mi pibe paso por ese tremendo trance......siendo una persona muy tranquila , su reaccion fue tremenda.....cuando encontro a su pareja ni mas ni menos que con su propio primo ( hace falta ser hijos de la gran puta )...se volvio loco........sacandole su primo tres cabezas y mas de trenta kilos...se lio con el a piñas hasta que lo tiro por la ventana desde un cuarto piso...os podeis hacer una idea de como se quedo mentalmente........no se acordaba de casi nada ni mucho menos que habia tirado por la ventana a su primo....nadie sabe como va a reaccionar ante esto o el miedo.......

Bueno que ya se me va la pinza jeje........haber como empieza este maravilloso reato....estoy tan perdida como viciosinfin....pero como bien dice es fantastico de esa manera jajaja

Enhorabuen por todo desordenado , muchas gracias por hacernos pasar tan grato rato...con muchas ganas de que empiece tu relato......

Un cordial saludo de Tenden y de Natacha

Última edición por TENDENCIOSO fecha: 13-oct-2018 a las 02:53.
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Antiguo 14-oct-2018, 18:47   #49
Desordenado
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PRIMERA PARTE


Capítulo I. Resaca e inseguridades.


Me incorporé en la cama como si acabaran de inyectarme adrenalina en el corazón, mi torso una catapulta en pleno lanzamiento. Desorientado, clavé las uñas sobre las sábanas y ahogué un grito. Creo recordar que después aspiré todo el oxígeno de la estancia de una sola bocanada. Una mueca de terror reflejaba mi estado en el espejo de la cómoda: los ojos de par en par, el gesto torcido, el corazón bombeando con fuerza. Un sudor frío se adhería a mi espalda y se derramaba por la frente encharcando mis ojos. Aquello escocía. Agarré la almohada y traté de secármelos con la funda, pero estaba empapada por los fluidos de mi angustia y la arrojé a los pies de la cama. Me sequé con la propia sábana mientras intentaba controlar el ritmo cardíaco y la respiración. Castañeteaban mis dientes. Por dentro, una sensación de tristeza y decepción me asolaba. Afortunadamente, en cuanto mis pupilas se acomodaron, la penumbra de mi habitación me dio la bienvenida a la realidad y la silueta de Rafa bajo el umbral del pequeño almacén se esfumó junto a la mayoría de mis temores.

Todo ha pasado ya, Gonzalo. Respira, joder, respira...

Raquel estaba a mi lado, dándome la espalda, profundamente dormida y ajena al descorazonador drama que afligía mi alma. Una corta camiseta de tirantillas y unas braguitas blancas eran su único atuendo. Sus largos cabellos se desparramaban sobre la almohada. Monumental belleza que en ese momento solo me generó el rechazo que el puñetero sueño me había imbuido. Más allá de su zigzagueante silueta, sobre la mesita, los dígitos rojos del despertador marcaban las siete y media de la mañana. No había dormido ni dos horas.

Puta pesadilla. La quinta en un mes y sin duda la más real de todas cuantas había padecido hasta la fecha, superintensa y efectista. Sentí ganas de llorar, de gritar, de maldecir todo lo maldecible. Una jodida locura. ¡Si es que tenía la sensación de haber estado de verdad en ese sucio almacén cuyo fuerte olor aún parecía impregnar mis fosas nasales!

Tras unos instantes de absoluto desconcierto, en los que casi despierto a Raquel para que me diese explicaciones sobre algo que no había hecho, me senté en la orilla de la cama y le di un trago a la botella de agua que descansaba en mi mesita de noche. Respiré hondo, las manos sobre las rodillas. El corazón bajaba el ritmo lentamente, mis sentidos extasiados se recuperaban. Necesitaba aire, luz, serenidad; todo aquello de lo que aquel delirio hiperrealista me había privado. Salí de la habitación sin hacer ruido, crucé el pasillo dando tumbos y me planté en el salón. Estaba desnudo y las cristaleras de los ventanales me devolvieron la imagen de un hombre abatido. Mi polla había desaparecido y su lugar lo ocupaba un garbanzo, un pobre glande asomando por mi prepucio cercenado.

Abrí una de las ventanas y apoyé mis antebrazos en el frío marco de aluminio. Inflé mis pulmones con oxígeno puro, aspirando la magia del alba y el frescor de la primavera, y luego lo expulsé lentamente. Volví a repetir la operación varias veces más antes de levantar la mirada. Las vistas del casco histórico desde un duodécimo piso y el anaranjado horizonte sobre el que se recortaban lejanos los montes de Málaga y el cercano Mediterráneo me dieron los buenos días. Aunque de bueno no tuviera nada aquel domingo que nacía por el Este.

¿Cómo es posible que un puto sueño despierte todas estas jodidas sensaciones?, me planteé contemplando el vuelo de una gaviota antes de que se alejara en dirección al puerto. Mis piernas aún temblaban por culpa del sofoco. Puto Rafa de los cojones. Resoplé.

Como contestación a la pregunta que me hacía, a mi mente llegaron fugaces los recuerdos de esos sueños hijoputas e hiperrealistas que casi todos hemos tenido. Sueños en los que nos toca la lotería y le preguntamos con ingenuidad a alguien cercano si estamos soñando o por fin nos ha tocado el Gran Premio. Parece real, pero estás soñando, imbécil; compra lo que quieras, ya que en cuanto amanezcas volverás a ser pobre, parece decirnos Morfeo. O cuando por fin te follas a esa tía a la que tantas ganas le tienes y te despiertas habiendo empapado el pijama de esperma tras un polvazo con el que en la realidad jamás te obsequiará.

Aunque esto es diferente, continué para mis adentros. Soñar con que te toca la lotería o te follas a quien ansías reventar supone, aunque de manera efímera, casi un premio. En mi caso, el sueño me había arrebatado algo, me había hecho sufrir. Y lo peor de todo es que no se me había ofrecido la oportunidad de despertarme para acabar con el sufrimiento al que mi mente y mi cuerpo estaban viéndose sometidos. Estuve todo el tiempo paralizado, sin posibilidad de apartar la mirada de la escena en la que Raquel me estaba siendo infiel. ¿Por qué...?, me preguntaba inquieto.

Puto Morfeo. Maldito almacén oscuro. Puto Atrium y miserable Rafa. Malditos traumas y jodido estrés...

Tardé unos minutos en recuperar la plena cordura y el dominio de mis emociones. Me aparté de la ventana, caminé unos pasos y me lancé de espaldas sobre el sofá grande. Cerré los ojos, las palmas de la manos cubriéndome el rostro, y lancé un profundo suspiro. Imágenes de la noche anterior me sobrevinieron de golpe, fotogramas que se entremezclaban y confundían con la ficción. Y recapitulé para ordenar ideas y triturar los guiones del maldito sueño para que no se volviera a repetir.

Habíamos salido a cenar a un buen restaurante de Calle Álamos para celebrar nuestro aniversario. Un añito. Todo un hito hoy día. También había transcurrido un mes desde que nos habíamos instalado en el piso más alto de la zona centro, dos desde que comenzamos a arreglarlo tras sernos entregadas las llaves. Todo eso era verídico. Después habíamos estado en la azotea del hotel AC haciéndonos fotos con la catedral de fondo y unos gin-tonics en la mano. Y luego fuimos a Atrium, como le habíamos prometido a Elena.

¡En poco más coincidían realidad y fantasía!

Cierto era que Raquel estuvo trabajando cuatro años atrás en aquel antro moderno. Y también que accedimos al local por la entrada reservada a la gente muy importante gracias a ello. Y sí, también saludó al portero... con dos sutiles besos en la cara. ¡Nada más, joder! El muchacho, amable, me había dado la mano y se me había presentado él mismo. Damián, cómo no. Dentro no estuvimos mucho tiempo. El justo y necesario para cumplir con la encargada del local, saludar a alguna camarera y tomarnos la copa de rigor con Elena y Fran.

¡Ni siquiera existe la maldita puerta al final del famoso pasillo!

Antes de largarnos, Raquel subió al reservado para saludar a una espectacular Tatiana, escotada como ella sola. Me llamó la atención ver desde la escalera a la tetona echándose unas risas con Adrián Castillejos —Adri para los amigos—, uno de los compis que viene a veces a los entrenamientos de basket y del que echamos mano cuando alguno de los ocho magníficos falla un domingo de partido. No lo pude saludar, muy a mi pesar, por haberme largado con urgencia a hacer cola para entrar al baño. Raquel se excusó por mí. Y después, cuando nos estábamos marchando, nos cruzamos con un Rafa que si bien fue cariñoso y cercano con mi chica, como si la viese a diario, hizo gala de un comportamiento mucho más distante del que hizo alarde el protagonista de mi asquerosa pesadilla. Nos invitó a ambos a una fiesta que se iba a celebrar pronto en otro de sus locales y en la que iba a pinchar un tal Alessandro Bass Deejay, y luego, agradecidos y calientes, nos despedimos.

No hubo baile, no hubo palabras al oído, no hubo manos en la cintura.

De Atrium nos fuimos a casa dando un paseo. Un tenso paseo, ya me entendéis. Nos devorábamos por el camino; en cada callejón al abrigo de las sombras; bajo los sucios soportales en que nos ocultábamos. Raquel estaba preciosa, una muñeca irresistible con aquel conjunto blanco y unos tacones rojos que estilizaban aún más su figura. De haber llevado una de sus cortas minifaldas, estoy seguro de que habría puesto más de mi parte para haber acabado follándomela antes de llegar a nuestro edificio, a pesar de ser consciente de que aún era reticente a ir más allá de los magreos en lugares públicos. Todo se andaría. El polvo de aniversario, finalmente, se desarrolló entre la entradita de casa, donde se postró ante mí para demostrarme lo hambrienta que estaba, el salón y la habitación de matrimonio, testigo de tres o cuatro posturas sobre el nuevo colchón. Finalizó en la ducha, donde terminé arrodillado consiguiendo que explotara por tercera vez tras un buen rato gozando de su inundada y exquisita vagina. Y luego, tras un duro día, a dormir.

Fin.

El resto de la película, como os podéis imaginar, la había creado mi imaginación en cuanto caí frito. La quinta puta vez que me la jugaba de esta manera. Y como en las anteriores ocasiones, el día que precede a la madrugada de la pesadilla nos habíamos topado con algún chico que había estado relacionado de una u otra forma con mi novia. Es lo que tiene vivir en pleno centro, que te cruzas con todo el mundo. El hijo del jefe de la empresa de muebles en la que trabajó de interiorista hace unos años; el relaciones públicas reconvertido en empresario discotequero que se detuvo a saludarla cuando paseábamos por calle Larios y que tiene fama de ser uno de los grandes fuckers del mundillo nocturno malagueño; un fotógrafo entrado en carnes con el que había hecho alguna sesión; un compi del gimnasio en el que estuvo matriculada en su día y con el que salía a correr y montar en bicicleta tiempo atrás...

Y Rafa, por supuesto. El último de mis enemigos, el dueño de la presuntuosa risa que aún reverberaba en mi sesera.

Tras haber coincidido con cada uno de ellos mientras dábamos un paseo, estábamos de compras o, simplemente, de visita en su propia discoteca —ejem—, y tal y como ocurría cuando nos cruzábamos con alguna de esas muchas amigas que yo no conocía, Raquel, tras presentármelos y despedirnos, me ponía al día: «¿Éste sabes quién es? El hijo de fulanito... ¡Están forrados! Es más tonto...», «¿Recuerdas que te hablé una vez de un chico que se lió con...? Pues este es, nene», «Cómo habla este tío, amor. Menos mal que venías conmigo, si no me está dando conversación hasta Navidad...», «Con este chico hice una de esas rutas verdes en bici que me gustaría que hiciéramos cuando...», «Ese era Rafa, mi antiguo jefe aquí. Es propietario, pero le gusta hacerse notar y casi todas las noches está en la discoteca dando órdenes y olfateando a unas y otras...»

Toda la información que me ofrecía sobre cada uno de ellos, aunque me creaba un leve malestar, me hacía sentir reconfortado, tranquilo. En cierta manera ahogaba enseguida esos recelos que surgen cuando un macho que no conoces se acerca a tu hembra. La forma desinteresada con la que hablaba de ellos, marcando distancias entre su propia persona y unos personajes que no parecían haber tenido mucha importancia en su vida, despejaban las posibles malas pasadas de mi imaginación. A priori, claro. Luego llegaba la noche y pasaba lo que pasaba. Yo me limitaba a contestarle con un escueto ajá tras cada comentario que hacía sobre aquellos tipos, remarcando un impostado interés y evitando cuestiones de índole más personal para ahuyentar los fantasmas de un pasado en el que no quería indagar. Luego, procesada la información en frío, me sentía orgulloso al disfrutar de la confianza que seguía depositando Raquel en mí al hacerme partícipe de su vida sin filtros ni maquillajes. Aparentemente. El problema es que aunque sus palabras tomasen un camino definido, mi imaginación era autónoma y viajaba por libre. Especialmente por la laguna temporal que abarcaban sus años de soltera. Y como ya me habían mentido en relaciones anteriores con respecto a pasados concretos, algunas veces de manera piadosa y otras para ocultar sentimientos aún vigentes, mis inseguridades y miedos, en un acto reflejo que evocaba mi propias vivencias sentimentales, se habían despertado con la conviviencia, con el tener a Raquel siempre a mi lado y descubrir nuevas facetas que solo se desvisten cuando compartes con alguien su día a día. Los que habéis estado tiempo con pareja y luego os habéis ido a vivir juntos sabréis el enorme salto que hay a todos los niveles. Adiós, intimidad; hola, nueva persona.

¿Y cómo se exteriorizaban en mí los miedos, inseguridades, celos y posibles complejos que durante el día trataba de obviar e incluso enterrar? Por la noche, con las defensas bajas, cuando no podía dominar mis dóciles pensamientos. Las putas pesadillas me acechaban. Y lo peor de todo es que me sentía mal, realmente mal con todo lo que afloraba sin razón de ser en mi interior. Me invadía la extraña sensación de que desconfiaba realmente de Raquel. Bueno, para ser exactos, del puto pasado que apenas conocía de mi novia. Como si un temor resurgiera de hechos extintos y a todas luces improbables. Pero ¿cómo era posible que existiera una desconfianza retrospectiva? Era ridículo, eso no existe más que en las mentes de los individuos más retorcidos, celosos y posesivos, y yo no era ni me mostraba de esa manera, especialmente porque Raquel no me había dado un solo motivo real para dudar de ella. Me había mostrado siempre comprensivo, tolerante e incluso participativo en ámbitos de su vida que me creaban desconfianza, aparentando ser el hombre seguro, confiado y orgulloso de su pareja que estaba demostrándome a mí mismo no ser en realidad. Un hombre que se desmoronaba por una estupidez, algo inexistente.

¿Que Raquel me comentaba orgullosa que tenía casi diez mil seguidores en Instagram? Yo fingía emoción, alegría, compromiso. La animaba a seguir como hasta ese momento, y cuando me decía que para ella aquello solo era un pasatiempo al que cada vez dedicaba menos tiempo, yo la llamaba de broma influencer, la animaba a crecer e incluso la aconsejaba sobre qué tipo de fotos subir, ya que su blog abarcaba diversos ámbitos de la vida cotidiana más allá de la ropa, los complementos y el calzado. Paisajes, comida o calles con encanto también valían. Hasta había comenzado a hacerle yo mismo algunas fotos con tal de que no recurriese a ninguno de esos follógrafos que sin demasiada sutileza quieren aprovecharse de chicas que buscan la mejor instantánea para destacar en un mundo ya saturado de imágenes clónicas. ¿Pero qué había detrás de mis palabras? Celos e inseguridades. La seguían muchísimas chicas que como ella eran amantes de la moda, pero también muchos chicos influenciados por las fotos en bikini o ropa interior que mostraba. Chicos que no se cortaban con los comentarios, por cierto. «Vaya par, chiquilla», «Menuda cinturita, amor», «¡Precioso culo!», «¿Te apetece conocerme? También soy de Málaga». Pero ¿qué le iba a decir yo? Nada, si ella no le daba importancia, ¿cómo se la iba a dar yo? Simplemente había optado por no tener Instagram y dejarme llevar por el clásico ojos que no ven corazón que no siente.

¿Que se iba de juerga con las amigas del trabajo? No podía mostrarme más a favor de que se divirtiera. Tampoco salía tanto de marcha y no me podía quejar. Que si pásalo increíble, que vaya culo te hacen esos tacones, que si da recuerdos a menganita, que si avísame si quieres que nos encontremos en algún punto y nos volvamos dando un paseo para que no camines sola por las solitarias calles del centro... Patrañas. Las compañeras de la clínica de diagnóstico y escáner donde trabajaba de auxiliar estaban casi todas solteras. Incluso varias de las más mayores. Y a todas les iba la marcha. Y cuanta más marcha, más buitres cachondos acaban merodeando alrededor de hormonas en estado de receptividad. Yo también salgo de vez en cuando con los compañeros del equipo de baloncesto, sé lo que hay. ¿Cómo iba a estar tranquilo? Raquel es un jodido bombón, y para colmo viste de una manera que gusta y llama la atención sin ni siquiera buscarlo. Hasta que no llegaba a casa no me quedaba tranquilo, aunque siguiera haciéndome el dormido hasta que me daba un beso en la mejilla y caía rendida. Cuando no convivíamos, era un mensajito con foto el que me daba las buenas noches al llegar de fiesta.

Y así con muchas cosas más. Bonita sonrisa de cara, preocupación al darme la vuelta. Pero era su vida, hacía lo que le gustaba y punto. Ver, oír y tragar. Si había conquistado a una chica así no había sido por ir de inseguro y cobarde por la vida, más bien por todo lo contrario. Con la convivencia, esa máscara me estaba costando mantenerla en su sitio.

¿Qué hacer entonces con las pesadillas? ¿Cómo hacerles frente? ¿Cómo acabar con la incertidumbre que crea un pasado que se manifiesta de una forma tan cruel como imaginaria? Solo había una manera, aunque no sabía si iba a ser capaz de adentrarme en aquellos terrenos desconocidos que tanto miedo me daban; en aquel oasis de pasado que durante un año había sido vetado de la relación precisamente porque es pasado y ya ha se ha consumido.

Debía hacerlo. Debía coger el toro por los cuernos de una vez...

...aunque fuese plenamente inconsciente de las consecuencias presentes que siempre conlleva escarbar en el ayer.
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Antiguo 14-oct-2018, 18:53   #50
Desordenado
Pajillero
 
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Predeterminado

Aprovechando que subo este importante Capítulo I que sienta las bases de lo que va a suceder posteriormente, quiero dar las gracias de nuevo a todas las personas que os habéis molestado en comentar la historia —aunque con esta parte todo dé un giro de 180º y haya que replantearse algunos aspectos que se daban por hecho—, me habéis regalado los Thanks y me habéis enviado mensajes.

Si veo feedback e interés en este rato, subo a las 22:30 la siguiente —e interesante— parte, ya que en unos días no voy a poder conectarme ni continuar con el resto de capítulos que tengo en corrección para ser pulidos y subidos al foro.

Feliz domingo y mil gracias de nuevo.
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