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#91 |
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Mega Pajillero
Fecha de Ingreso: Apr 2008
Mensajes: 195
Gracias 22 Veces en 18 Posts
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#92 | |
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Pajillero
Fecha de Ingreso: May 2012
Mensajes: 44
Gracias 5 Veces en 5 Posts
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Cita:
![]() ![]() Estoy teniendo un mes complicadillo. Creedme, no trato de hacerme de rogar , es que tengo muy poco tiempo y no quiero contaros esta historia de cualquier manera. ![]() Prometo que no os voy a dejar con la miel en los labios y que todavía queda mucho, muchísimo. Lo más probable, casi seguro, es que este fin de semana pueda poner la continuación. Muchas gracias a todos por el interés ¡Hasta pronto!
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Mi hilo. Una historia de dominación: http://pajilleros.com/showthread.php?t=96999
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#93 | |
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Mega Pajillero
Fecha de Ingreso: Apr 2008
Mensajes: 195
Gracias 22 Veces en 18 Posts
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Cita:
A ver, me puedo equivocar pero llevo muchos años siguiendo foros eróticos, leyendo relatos y tal y suelo equivocarme pocas veces cuando me huelo que alguien dejará un relato a medias. Por ejemple JoseMier en: http://www.pajilleros.com/showthread.php?t=70388 Sinceramente, creo que tu no eres de esos. Pero, ya digo, me puedo equivocar. Ojalá no en tu caso. De cualquier modo, mientras no nos cobres, todo lo que nos des es de agradecer. Un saludo. Última edición por blow fecha: 28-06-2012 a las 21:54. |
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#94 |
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Pajillero
Fecha de Ingreso: Aug 2007
Mensajes: 25
Gracias 0 Veces en 0 Posts
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Yo también soy de los que lleva mucho por el foro y puedo decir que pocos relatos mas buenos que el tuyo he leído.
No soy mucho de postear pero te animo a que nos sigas deleitando! Un saludo!
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Dicen que la locura es cierto placer que solo el loco entiende. Si, son 20cm. |
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#95 |
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Mega Pajillero
Fecha de Ingreso: Apr 2008
Mensajes: 195
Gracias 22 Veces en 18 Posts
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#96 |
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Dios Pajillero
Fecha de Ingreso: Nov 2011
Mensajes: 2,821
Gracias 1,169 Veces en 561 Posts
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#97 |
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Mega Pajillero
Fecha de Ingreso: Apr 2008
Mensajes: 195
Gracias 22 Veces en 18 Posts
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#98 |
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Pajillero
Fecha de Ingreso: May 2012
Mensajes: 44
Gracias 5 Veces en 5 Posts
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Después de una mediana ausencia vuelvo para poneros la continuación a esta historia. Siento no haberlo hecho antes pero me ha sido imposible.
Con respecto a este 'capítulo' quiero haceros una ADVERTENCIA: esta experiencia tiene cierto componente escatológico que no he querido obviar, si bien lo he narrado de forma discreta. Entiendo que haya personas a las que no le agrade, pero en esto del sexo es difícil coincidir plenamente en gustos con todo el mundo. ![]() ![]() ![]() Sin más rollo, ahí va.
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Mi hilo. Una historia de dominación: http://pajilleros.com/showthread.php?t=96999
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#99 |
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Pajillero
Fecha de Ingreso: May 2012
Mensajes: 44
Gracias 5 Veces en 5 Posts
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Antes de continuar debo rectificar un desliz que tuve en cuanto a las fechas. Los hechos relatados en el capítulo ‘Desayuno’ en el que cuento como mi ama me golpeó brutalmente y me hizo lamer su culo tuvieron lugar un sábado por la mañana, y no el domingo; y que la llegada de mi novia sí que se produjo el domingo. Situé mal los hechos porque lo único que recordaba con claridad en cuanto a fechas es que tanto un día como el otro no trabajé en la oficina y que fueron consecutivos.
Es importante hacer esta corrección porque al día siguiente, lunes, tuve que trabajar en la oficina. Intenté por todos los medios que Vero no se quedara en casa para que no se cruzara con Cristina, que llegó el lunes de madrugada Dios sabe de dónde. Le ofrecí incluso que se pusiera en contacto con unos amigos que yo tenía en la ciudad para que hiciera algunas visitas por la mañana, y que nos veríamos a la hora del almuerzo para comer juntos. No accedió y no pude seguir insistiendo porque hubiera parecido muy extraño. Así que me resigne a abandonarla en aquella casa, donde inevitablemente acabaría topándose con el mismo diablo, sin que yo tuviera forma de evitarlo ni defenderla. Solo podía confiar en que Cristina no hiciera o dijera nada fuera de lo normal, en que no tramara nada contra ella. En definitiva, confiar en la piedad de mi ama, algo que hasta el momento no había dado la menor muestra de existir. Apenas pude concentrarme en la oficina. A cada instante me sobresaltaba el pánico al pensar que Cristina pudiera contar a mi novia todo lo que había hecho. En efecto, ésta podría no creerla, ¡pero mi ama me había fotografiado en varias ocasiones! En definitiva, si quería podía destruir mi relación de la peor forma. ¿Y tenía mi ama algún motivo para hacerlo? Desde luego. Si Vero, mi único amarre a la cordura, me abandonaba, entonces estaría perdido por completo. No tendría excusa para no entregarme sin límite a mi fantasía morbosa, rendirme por completo ante Cristina, quien sería mi ama total y absoluta y podría utilizarme para lo que quisiera. Miraba constantemente el móvil, esperando encontrar un mensaje de Vero con una breve sentencia del tipo ‘te dejo, no quiero saber más de ti, eres asqueroso’. O quizás simplemente llegase a casa y me encontrase mi habitación vacía de sus cosas, y su teléfono dejara de responder a mis llamadas… Pero he de confesar que también recordé mi sueño de la pasada noche. Aun tenía impresa en mi mente la portentosa imagen de Vero postrada ante la más excelsa de las Dóminas, lamiendo con ansia su coño, adorando tanto como yo su belleza, su sabor, su olor. Así que el miedo a encontrarme con su marcha al llegar a casa, se mezcló con una fantasía enfermiza en la que la encontraba arrodillada ante el sofá y cumpliendo con la voluntad de mi ama como yo ya había hecho. A tal punto llegó mi excitación construyendo estas realidades paralelas que no tuve más remedio que acudir al baño para deshacerme de ellas. Algo antes de la hora del almuerzo me escapé de la oficina para comprobar si seguía teniendo novia o si la cruel Cristina había destrozado ya gran parte de mi vida. Casi me temblaba el pulso al introducir la llave en la cerradura de casa. Entré y mis ojos se posaron aceleradamente sobre una y otra esquina del salón buscando presencia humana. Al instante detecté a las dos chicas a través de la puerta corredera de cristal. Estaban en el patio echadas la una junto a la otra en sendas tumbonas y charlando amigablemente mientras tomaban el sol. Esto me extrañó casi tanto como tranquilizó. Obviamente me hizo sentir más tranquilo ya que apuntaba a que mi ama no había contado nada a mi novia, pero esa cordialidad y cercanía entre ambas no se ajustaba a la difícil relación que mantenían. Solté precipitadamente mi maletín junto al sofá y me deshice de la protocolaria chaqueta que me asfixiaba antes de dirigirme hacia ellas. Accedí al patio sin que todavía se percataran de mi presencia. En efecto, hablaban tranquilamente, bromeaban e incluso se halagaban en lo que parecía una reconciliación plena. Sin saber muy bien por qué pero con una suerte de tino clarividente me entró un súbito pánico. Interiormente sabía que aquella mujer fatal, de mirada oscura y cuerpo perfecto no podía olvidar un desagravio de un día para otro. Era tan rencorosa que podía guardar e incubar el más mínimo resentimiento durante el tiempo que hiciera falta hasta convertirlo en una injusta y desproporcionada venganza. Cuando estuve lo suficientemente cerca y sin que todavía parecieran haberme oído, me di cuenta de que ambas habían aprovechado la discreción de nuestro soleado patio para hacer topless. Solo mantenían la parte de abajo, aunque la de Cristina era de un negro minúsculo que dejaba incluso sobresalir el tatuaje de su pubis, y había deshecho los nudos que lo ataban a su cadera para que las tiras no le dejaran marcas. Daba la impresión de que el más mínimo movimiento dejaría a la luz ese coño perfecto, delicioso, monstruosamente apetecible, que tanto anhelaba, por le que daría tanto, por el que perdería tanto… Tampoco esta vez pude evitar hacer una comparación entre sus dos cuerpos. Ambos brillaban al reflejar su piel la luz del sol, probablemente embadurnada de crema solar, aceite o crema bronceadora. Pero la tonalidad oscura de Cristina despedía un brillo más cautivador, más intenso, casi cegador. Sus curvas eran mucho más llamativas y con la posición estirada que mantenía sobresalían ligeramente los huesos de su clavícula, los de sus costillas, y más notablemente su cresta ilíaca, en sus fantásticas caderas. Todo ello, aderezado con las flores tatuadas que recorrían su cadera, su pelo recogido, sus brillantes labios lubricados, eclipsaba cruelmente la belleza menor de Verónica. Las tetas de aquella reina de la dominación desafiaban las leyes de la gravedad sin el menor apoyo quirúrgico, coronadas por unos pezones pequeños y casi negros, que probablemente sirvieran para cortar vidrio; mientras que las de mi novia, - apetecibles, sí, que tanto me habían hecho gozar en otros momentos - caían ligeramente, mucho más blancos y con aureolas rosadas que apuntaban al suelo. - ¡Tomás! – Dijo mi novia al notar mi presencia interrumpiendo su conversación con la que parecía su nueva ‘amiga’. Vero me miró, algo incómoda, y sus ojos se escaparon a los pechos de Cristina, solo manteniéndose en ellos una milésima de segundo antes de volver raudos a mí. Así, sus pupilas me habían alertado de lo incorrecto que era que yo me hubiera acercado hasta ellas mientras aquella mujer tenía las tetas al aire. Sin embargo, Cristina no se inmutó siquiera y sentándose sobre la tumbona se volvió a hacia a mí, apuntándome con sus perfectos pezones, sin que sus manos o su brazo les cortaran la trayectoria. Noté como mi novia se molestó por el hecho de que mi compañera de casa me permitiera con total naturalidad admirar su cuerpo casi desnudo. Vero comenzó a balbucear sin saber muy bien qué decir, sobre todo por miedo a parecer una retrógrada, cuando en cualquier playa pudiera reproducirse la misma escena sin que tuviese motivos para protestar. Yo, por mi parte, me había acercado hasta allí antes de saber en la situación en que se encontraban, porque si lo hubiera sabido al menos hubiera hecho más ruido para dar la oportunidad a Cristina de cubrirse. Ni que decir tiene que volver a contemplar sus pechos desnudos me devolvió los más morbosos recuerdos de sus sesiones de humillación y dominación y, sin quererlo, sentí que detestaba el cuerpo de novia y anhelando el de aquella mujer que me torturaba. - He llegado un poco antes para que me diera tiempo a almorzar contigo… Con vosotras. – Creo que no pude disimular con un éxito completo mi nerviosismo. – - ¡Muy bien! Aquí estábamos charlando y tomando el sol. ¡Qué lujo! ¿Eh? – Estas palabras salieron de la boca de Cristina, y además en un tono divertido, amigable y cordial. No podía creer que se comportara así. Temía que se tratara de algún plan perverso. – - Perfecto. – Vero sonrió.- Resultaba obvio que mi novia se sentía incómoda en aquella situación. Me miraba nerviosa y hablaba con frases cortas. Decidí atajar la situación indicando que subiría arriba para cambiarme y ponerme más cómodo para almorzar. Al poco de cruzar de nuevo el umbral que separaba el salón del patio oí la voz de Cristina a mis espaldas: ‘nos traes unas cervezas, por favor’. Huelga decir que hacía mucho tiempo que no oía de sus labios las palabras ‘por favor’. ¿Podría ser que Cristina entendiera que nuestro juego de dominación debiera quedar entre nosotros dos? ¿Habría indultado graciosamente mi noviazgo con Verónica? No podía imaginármela adoptando un comportamiento piadoso e indulgente, pero lo cierto era que se estaba comportando de una forma mucho más cívica de lo que jamás había hecho. Igualmente me intrigaba qué pensaría Vero de este cambio de actitud, que no le podía haber pasado desapercibido, y que parecía agradarle dada la escena casi fraternal que acaba de presenciar. - Por supuesto, ahora os las traigo. Rebusqué en la nevera: zumos, agua minera, refrescos con gas, mayonesa, tomate frito, mostaza… Probé en el congelador: carne, pescado, verduras congeladas… - ¿Dónde las habéis puesto? No las encuentro. – Grité desde la cocina. - En el congelador… - Respondió mi novia a voces. - Ya he mirado en el congelador. Rebusqué con más ahínco. Escuché unas pisadas descalzas detrás de mí. Giré la cabeza y me topé con Cristina, ya a mi lado, que sin dirigirme la palabra apartó un par de tuppers congelados y sacó las dos latas de cerveza que quedaban. - Qué inútil eres. No puedes ni encontrar dos latas de cerveza en el congelador. – Me susurró haciendo una mueca de desdén. De inmediato me vi presa de ese sentimiento de ahogamiento que provocan los dardos morbosos dirigidos a las más íntimas y secretas fantasías sexuales de un individuo; un escalofrío que paraliza el corazón por momentos, sonroja las mejillas y dificulta el habla. Detrás de aquella fachada de cortesía se encontraba la verdadera Cristina, mi cruel ama. Solo me quedaba saber por qué fingía delante de mi novia… Cristina, solo vestida con la parte de debajo de su bikini, traía dos vasos consigo. Los puso sobre la encimera y abrió las latas de cerveza. Entonces mi miró con una sonrisa en los labios, esos labios brillantes que me moría por besar. - ¿Has visto lo bien que me estoy portando? - Sí… - Pues tú también tienes que portarte bien conmigo. Guardé silencio. No sabía a qué se estaba refiriendo, pero empecé a inquietarme. - Tienes que obedecerme. - Sí… - Buen chico, buen chicho. Estaba tan tenso que el chasquido de lata de cerveza, abierta por Cristina sin previo aviso, me sobresaltó. Llenó un vaso. - Este para mí. Soltó una risilla malévola. ¿Qué diablos estaría tramando? - Y este para tu novia. Entonces agarró el vaso, lo bajó, se abrió ligeramente de piernas, apartó su bikini con la mano que le quedaba libre, se produjo un silencio tintineante, y unos segundos después lo volvió a colocar sobre el pollete, con aproximadamente dos dedos de líquido amarillento. Luego vertió la cerveza de la otra lata hasta dejarla más o menos como la suya. El aspecto, desde luego, era idéntico. - Toma, se un buen chico y dáselo a tu novia. – Me dijo poniendo el vaso en mis manos sin mutar la sonrisa diabólica de su gesto. - No… - Mascullé, como una lamentación, albergando una excitación creciente. - ¿No lo harás por mí? ¿No me vas a obedecer? - Cristina, por favor, no puedo hacer esto. – Le estaba rogando, pero sentía como mi cuerpo se reblandecía, como el brillo de su piel me hacía temblar, como se elevaba la temperatura de mi cuerpo al verla tan cerca de mí casi desnuda. – - Claro que puedes. Y quieres, ¿verdad? Eres mi perro y vas a hacer lo que yo te diga. – Dio un paso hacia mí e hincándome los pezones en mi camisa echó mano a mi paquete y lo estrujó con fuerza. – Estás super cachondo, salido de mierda. - No me hagas hacerle esto, por favor. – Estaba a punto de llorar, pero de buen grado me hubiera lanzado a suelo para besar sus pies, sus piernas y recorrer todo su cuerpo con mi lengua. - Si eres obediente y me demuestras que me quieres te daré tu premio. – Me miró con semblante duro y las mandíbulas prietas. – Si no… Se acabó el comerme los pies, meterme la lengua por el culo… - Apretó más mis huevos con su mano. – Y quizás enseñe algunas fotos a la zorra de tu novia. ‘Vale’, susurré en un hilo de voz. Mi ama me liberó de su presión, satisfecha de su control sobre mí. Me froté los ojos y me miré la entrepierna para comprobar si el bulto de mi excitación resultaba demasiado evidente. Cogí el vaso, enfriado por la cerveza, y marché tembloroso detrás de Cristina, que había comenzado a caminar hacia el patio. Cristina se volvió a echar sobre su tumbona, dijo que yo no encontraba las cervezas porque ella las había puesto muy al fondo del congelador, para que se enfriaran antes, y luego comenzó una conversación anodina de la que no recuerdo absolutamente nada. No obstante, no puedo borrar de mi mente el gesto de satisfacción que esbozó mi cruel Dómina al ver cómo le entregaba el vaso a mi novia, que lo recibió inocente e ingenua; su risa malévola, excusada por ‘algo de lo que se había acordado’ cuando mi novia comenzó a tragar su bebida; su giño furtivo de complicidad, cuando intercambiamos unas miradas, antes de que me marchara a mi habitación para poner cómodo para el almuerzo. No pude contener varias lágrimas una vez estaba lejos de sus miradas. Pero no puedo negar que mi vil traición a Vero, el sacrificio de mi lealtad a esa mujer cruel, arrogante pero terriblemente atractiva, me había excitado formidablemente. A poco que agarré mi sexo y lo batí en dos o tres sacudidas me sacudió un orgasmo intenso, que ni siquiera sirvió para apartar completamente de mí todo el morbo que retenía. Me cambié de ropa totalmente ajeno al lugar en que me encontraba, con mi mente en otro sitio, indagando la actitud de adoptaría Cristina. Ya estaba claro que su comportamiento obedecía a una forma directa de humillación hacia mi persona y venganza hacia la de la inocente Vero. Sin embargo, todavía no sabía hasta donde estaba dispuesta a llegar con eso. Lo que sí estaba claro, me avergonzaba y a la vez me encendía como unas ascuas, era que estaba totalmente sometido. Yo sabía, tenía meridianamente claro, que había vendido mi lealtad a mi pareja no por la amenaza de mostrar las fotos, sino por su leve promesa sexual. Anhelaba complacerla, ponerme a cuatro patas y obedecer sus despóticas órdenes, y la imagen de su cuerpo perfecto, inalcanzable, tan cerca de mí me anulaban el juicio. Así, en esta situación de bloqueo mental, de excitación latente, bajé al salón comedor, sin saber todavía la semana que me aguardaba.
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Mi hilo. Una historia de dominación: http://pajilleros.com/showthread.php?t=96999
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#100 |
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Ultra Mega Dios Pajillero
Fecha de Ingreso: Jul 2006
Ubicación: soñando sobre una nube de algodón...
Mensajes: 14,347
Gracias 1 Vez en 1 Post
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Pues dejo pendiente leer la continuación, me alegra ver que vuelves con más capítulos de tu historia, es buenísima y más tu forma de contarla
![]() Un bravo para tí ![]() Una cosita, que yo sepa el tema escatológico no es un tema que guste a los moderadores, yo creo que es de esos que están prohibidos, aunque a mí sí que me gusta ![]() Ya te leeré ![]() |
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