Mi regalo de cumpleaños

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UNO PARA MIRAR

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Mega Pajillero
No sé que decir, la verdad...Bueno si, que hay gente que tiene mucha pero que mucha suerte

Salud Baria, supongo que ese regalo habrá sido bastante mejor que el de la típica corbata ¿verdad?

Que lo sigas disfrutando, malvado... 😉
 

baria

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Pajillero Novato
Buenos días:
Lo prometido es deuda. Aquí os dejo la primera parte de nuestro último encuentro. Espero que disfrutéis del relato lo mismo que yo disfruté de lo que en él os cuento:


Lo primero que quiero advertir a los foreros que estén leyendo ésto es que primeramente lean las partes precedentes del relato con el título “Mi regalo de cumpleaños” porque, si no lo hacen así, lo que viene a continuación no lo entenderían.
Hecha la advertencia, voy con este nuevo relato:
Después de volver a Madrid en octubre, mi mujer Rosi, Estefanía y yo empezamos a tener encuentros de manera más o menos regular, unas veces en nuestra casa y algunas otras, aprovechando los fines de semana, en algún sitio algo apartado para no encontrarnos con nadie de nuestro entorno.
Pasado el día de Reyes, y tras un encuentro en nuestra casa, cuando mi mujer se estaba duchando, estábamos Estefanía y yo sentados en el salón cuando me pregunta:

  • Sergio, ¿te acuerdas lo que te comentamos la primera vez que estuvimos los 3 juntos?
  • ¿A qué te refieres?
  • A que lo que te “regalamos” tu mujer y yo fue la puesta en práctica de una fantasía sexual que tenía Rosi desde hace tiempo
  • Ah, sí, me acuerdo
  • Y dime, ¿tú no tienes ninguna fantasía que quisieras realizar?
  • La verdad es que no –le dije riéndome- porque para qué voy a tener fantasías si la realidad supera cualquier fantasía que pudiera tener
  • No, en serio. ¿No tienes ningún sueño o deseo sexual que quisieras realizar?
Lo cierto es que yo, en ese sentido, debo reconocer que soy muy simple y que, al menos conscientemente, no recordaba nada de lo que me preguntaba Estefanía. Como me insistía, hice examen de conciencia y me vino a la cabeza algo y se lo dije antes de que mi mujer volviera de la ducha.
  • Vaya, qué casualidad –me dice Estefanía- porque a mí me pasa lo mismo que a tú mujer.
  • No me lo puedo creer, ¿es verdad?
  • Totalmente. ¿Y que te parecería que, al igual que tú mujer y yo pusimos en marcha su fantasía para sorprenderte, prepare yo el terreno para que tú cumplas tu sueño con las dos?
  • ¿Qué quieres que te diga, aparte de que me encantaría? Lo único que no sé si Rosi accedería a ello; a mí las pocas veces que he insistido en ello me ha dicho que no
  • Bueno, lo intentamos. A lo mejor si ve que a mí me pasa lo mismo y que estamos las dos juntas en eso, se decide a dar el paso. Déjame hacer y ya te cuento.
Así lo hice. Pasaron los días y una tarde nos llama Estefanía para decir que el primer fin de semana de febrero se lo reservemos porque nos va a invitar por su cumpleaños. Cuando llegó el viernes por la tarde, tras salir yo del trabajo, recogí a mi mujer en casa y a Estefanía en la suya y pusimos rumbo a nuestro destino.
Estefanía había reservado en un complejo rural (si podemos evitamos los hoteles) que tenía casitas independientes, y había reservado una casita para 2-4 personas. La casita tenía 2 habitaciones, una con una cama de matrimonio y otra con 2 camas individuales pequeñas… pero ni que decir tiene que utilizamos únicamente la cama grande para dormir los 3 juntos.
Tras dar un pequeño paseo por los alrededores del complejo, tomamos una ligera cena y nos fuimos a nuestra casita. Sentados en el sofá del salón empezaron los besos, tocamientos, etc., preludio siempre de nuestros juegos sexuales. Estando mi mujer y Estefanía ya medio desnudas, y yo poco más o menos, pasamos a la habitación donde nos quedamos los tres desnudos y nos echamos en la cama.
Las dos se dedicaron a mi polla. He de deciros que me encanta cuando me la están comiendo entre las dos y se dan besos en la boca mientras lo hacen. Mi mujer fue la primera que quiso algo más, y se puso encima de mí para hacer un “69” mientras que Estefanía se quedaba entre mis piernas.
Al cabo de un rato, mi mujer le dijo a Estefanía:

  • Ven, te toca a ti –y se cambiaron las posiciones.
Estuvimos así un rato hasta que Estefanía retiró su coño de mi boca y se levantó de la cama.
  • ¿Dónde vas? –le preguntó mi mujer
  • Vuelvo enseguida, no os preocupéis
Mi mujer dejó de chuparme y se sentó encima de mi polla, y yo empecé unos movimientos algo rápidos dentro-fuera porque ya tenía ganas de follarme alguno de mis dos coñitos.
  • ¡Vaya, sí que tenéis ganas; no me habéis esperado! –dijo Estefanía cuando volvió
Nos reímos los dos pero seguíamos a lo nuestro. Estefanía se subió a la cama, volvió a poner su coño sobre mi boca para que se lo siguiera comiendo, y al mismo tiempo se empezó a morrear con mi mujer.
Como la mayoría de las veces, ellas son las que dirigen las operaciones y yo soy un mero juguete en sus manos, y esta vez la cosa iba por el mismo camino. Al rato de estar follando a mi mujer, se sacó mi polla de su coño y le dice a Estefanía: “Tu turno, preciosa”
Estefanía se quita de encima de mí y cuando pensábamos que iba a intercambiar la posición con mi mujer, se tumba a mi lado y le dice a mi mujer:

  • Espera. Ven y túmbate al otro lado
No sabíamos qué pasaba. Cuando ya estaba mi mujer tumbada a mi lado y Estefanía al otro lado mío de rodillas sobre la cama, dice:
  • Rosi, la última vez que nos acostamos en vuestra casa le pregunté a Sergio que si él no tenía ninguna fantasía sexual que quisiera hacer. Me dijo que no y, después de pensarlo, me dijo que había una cosa que no habíais hecho nunca
  • Pues ahora mismo no sé qué puede ser
  • Pues es lo mismo que tampoco he hecho yo nunca, de ahí que le dije a Sergio que me dejara prepararlo para la próxima vez que nos juntáramos… y ese día es hoy
  • No sé si fiarme de vosotros, me dais un poco de miedo
  • Acuérdate de nuestro primer día, cielo –le dije yo- Más miedo que tenía yo al estar atado y ciego y tú me dijiste que me tranquilizara y que me iba a gustar
  • Rosi, aquí nadie fuerza a nadie para hacer algo que no quiera o no le guste –le dijo Estefanía-. Además, vamos a hacerlo las dos juntas y si no nos gusta no se hace y ya está; no creo que Sergio se disguste por ello
  • En absoluto. Si sale bien el tema, encantado, y si no funciona, pues nos quedamos como ahora y en paz
Mi mujer nos miraba con ojos de no entender nada pero al final dijo:
  • Está bien. Vosotros diréis.
Estefanía le tendió una mano a mi mujer y se acercó para darle un beso en la boca.
  • Rosi, me dijo Sergio que habéis intentado hacer varias veces el coito anal pero que no habéis podido porque tú sentías dolor y no podías aguantar la penetración. A mí me ha pasado igual las pocas veces que mi ex intentó hacérmelo. Y le dije a Sergio que hoy intentaríamos las dos, ayudándonos entre los tres, superar ese hándicap y darle nuestros culitos “vírgenes”. ¿Qué te parece?
Mi mujer se quedó muda. Nos miraba a los dos sin decir nada, no sé si porque le pilló totalmente de sorpresa o porque era algo con lo que no estaba de acuerdo. Tras unos segundos de espera, al fin habló:
  • Me habéis dejado en fuera de juego, os lo juro. No imaginaba que sería eso. En fin, como bien decís, somos tres y lo que hacemos es por acuerdo entre los tres, así que estoy decidida a intentarlo con vosotros… pero no quiero ser yo la primera, Estefanía. ¿No te importa ser tú?
  • Claro que no, cielo –le dijo Estefanía y le dio un beso en la boca-. Aunque no lo hubieras dicho yo iba a proponeros ser la primera precisamente para darte más confianza. Como dicen por ahí, se aprueba la moción.
Nos besamos los tres y a partir de ahí Estefanía fue la directora de la orquesta. Se tumbó en la cama, boca arriba, y nos dice:
  • Sergio, un punto importante es la lubricación. Te encargo de que mojes mi agujerito muy bien y tú, Rosi, tienes vía libre para hacer lo que quieras
Yo me arrodillé a los pies de la cama y empecé por besarle su coño y a pasarle la lengua.
  • Me encanta que me hagas eso, pero no es ese el agujero que me tienes que lubricar.
  • Lo sé, tonta. Lo tenía al alcance y no he querido dejar de pasar la oportunidad. Ya voy a cumplir tus órdenes –le dije, tras lo cual bajé mi boca y mi lengua hacia su ano.
  • Pues ya que lo has dejado libre, es todo mío –dijo mi mujer.
Ellas dos empezaron con su “69”, entre gemidos de ambas, mientras yo me dedicaba con mi lengua a ir mojando su agujerito y, poco a poco, ir metiendo la puntita de mi lengua dentro de él, para intentar llegar lo más dentro posible. No sé si eran los lametones de mi mujer o los míos pero el caso es que Estefanía cada vez gemía más fuerte.
  • Un momento, parar los dos. Sergio, trae ese neceser pequeño que he dejado ahí encima.
Cogí lo que me dijo, se lo acerqué y de su interior veo que saca un tubo de lubricante, unos preservativos y dejó para el final la sorpresa: sacó una especie de consolador, formado por varias bolitas de silicona unidas, cada bolita de un tamaño distinto, y terminado en una especie de anillas para meter los dedos.
  • Echa lubricante a esto y, con mucho cuidado, me lo vas metiendo poco a poco en el culito. Rosi, tú continúa con lo que hacías.
Puse lubricante en la punta del consolador y en todas las bolitas, y se lo fui acercando poco a poco. La punta del consolador entró con facilidad. Dejé quieto el consolador hasta que Estefanía me dijo que metiera la primera bolita. Lo hice muy despacio hasta que, no sé si por el lubricante o porque ella colaboró, pero entró entera súbitamente.
De nuevo me paré para que se acostumbrara a la bola dentro. Entre tanto, mi mujer y ella seguían con su “69”, interrumpido sólo cuando Estefanía hablaba para decir que le siguiera introduciendo bolitas. Finalmente tuvo todas las bolitas en su interior y me pidió que moviera un poco hacia delante y hacia atrás el consolador pero sin llegar a sacar ninguna bola de su culito.
Estuve así un rato hasta que dijo:

  • Creo que ya estoy preparada para tu polla, pero, por favor, despacio y poco a poco, ¿vale?
  • Claro que sí –le dije- márcame tú el ritmo pero primero deja que yo también me prepare de nuevo
Mi polla, a pesar del panorama que tenía delante con ellas dos haciendo el “69” y teniendo el culo de Estefanía a merced de mi mano armada con el consolador, había perdido parte de la erección.
  • De eso me encargo yo –dijo mi mujer- Ven aquí
Me puse de pie y nada más hacerlo mi mujer dejó el coño de Estefanía y empezó a chuparme la polla. No hizo falta que le dedicara mucho tiempo y enseguida estaba preparado:
  • Ya estoy listo –le dije a Estefanía
  • Espera, métemela primero por el coño que quiere sentir tu polla al mismo tiempo que tengo el consolador en el culo.
Así lo hice. Mi polla entró sin problemas en su coño y empecé a moverme. Estefanía gemía con cada movimiento mío:
  • ¡Joder, que bien! Noto como tu polla empuja las bolas dentro de mi culo
  • Y yo noto las bolas cada vez que la meto y la saco
Así estuvimos un ratito hasta que Estefanía me pidió que la penetrara por el culo:
  • Ponte un preservativo y lubrícate bien y, sobre todo, despacito
Saqué la polla de su coño, me puse el preservativo y me di lubricante en él. Una vez preparado, fue mi mujer la que poco a poco fue sacando del culo de Estefanía todo el consolador para que yo tuviera vía libre y empezara a penetrarla.
Acerqué mi punta a su agujerito… y empecé a empujar poquito a poquito con ayuda de mi mano. Estefanía gimió un poquito cuando mi puntita empezó a entrar, yo paré pensando que le estaba haciendo daño, pero me dijo que siguiera. Poco a poco, siguiendo el ritmo que ella me marcaba, fui metiendo centímetro a centímetro mi polla hasta que, tras un movimiento de Estefanía al mismo tiempo que yo empujé un poquito, entré todo lo que podía entrar dentro de ella.
Me quedé quieto unos instantes. Le pregunté qué tal y me dice:

  • Ahora ya genial. Te noto dentro, llenándome, así que empieza a follar mi culito.
Aquello me puso a cien. Empecé a moverme dentro de ella. La sensación de follarme un culo por primea vez era increíble. Notaba mi polla presa de su culito a la vez que podía salir y entrar sin mucha dificultad. Entre tanto, mi mujer se había tumbado al lado de Estefanía y se estaba masturbando viendo el espectáculo.
No os puedo decir cuánto tardé en estar preparado para correrme. Se lo dije a ambas:

  • Creo que me voy a correr en nada.
  • Aguanta un poco –me dice Estefanía- a ver si me corro contigo
  • Y a ver si yo también lo hago con vosotros –dijo mi mujer
Estefanía empezó a tocarse su clítoris con sus dedos. Mi mujer seguía haciéndose lo mismo… y yo no pude aguantar mucho más.
  • ¡Ya no puedo más! –medio grité y a continuación, en uno de los golpes de mi polla hacia el interior del culo de Estefanía, mi leche empezó a salir y a llenar el preservativo.
Los orgasmos de ellas llegaron a continuación. Primero el de Estefanía que debió notar los espasmos de mi polla al correrme dentro de ella, y luego el de mi mujer al ser testigo de nuestros orgasmos.
Al poco noté como mi polla iba perdiendo “facultades” y muy despacio, sujetándomela con la mano para que no se saliera el preservativo, la fue sacando del culo de Estefanía, hasta liberar su agujerito por completo. Se lo vi completamente abierto y como poco a poco, tras sentirse libre del “ocupa”, se fue cerrando.
Nos tumbamos los tres en la cama, Estefanía en el centro, mi mujer a un lado y yo al otro.

  • Cielo –dijo Estefanía volviéndose hacia mí- gracias. Ha sido increíble. Me alegro de haber esperado a perder mi “virginidad” contigo
  • Gracias a ti. Tenía miedo de si ibas a sentir dolor o a no querer hacerlo, pero me ha encantado llegar hasta el final
  • Y ahora, Rosi, ya has visto cómo se puede hacer. Acuérdate bien de todo porque mañana es tu turno
  • No sé si seré capaz –dijo mi mujer- porque ya la última bola del consolador me parecía grande para mi agujerito, así que no sé, no sé…
  • ¿Te dejarás guiar por mí? – le dijo Estefanía- Lo haremos despacio, sin prisas y, sobre todo, con tu aceptación. Si en algún momento dices que basta, ni Sergio ni yo seguiremos, ¿de acuerdo?
  • Claro que sí. Me fio de vosotros pero la que no tiene confianza en sí misma soy yo
  • Bueno, ahora a dormir. Mañana será otro día intenso… y genial, ya veréis.
Me puse yo en el centro de la cama, como hacíamos cada vez que dormíamos los 3 juntos, nos tapamos… y nos quedamos dormidos al poco tiempo. (Continuará)
 

Esluga

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Ultra Mega Pajillero
Buenos días:
Lo prometido es deuda. Aquí os dejo la primera parte de nuestro último encuentro. Espero que disfrutéis del relato lo mismo que yo disfruté de lo que en él os cuento:


Lo primero que quiero advertir a los foreros que estén leyendo ésto es que primeramente lean las partes precedentes del relato con el título “Mi regalo de cumpleaños” porque, si no lo hacen así, lo que viene a continuación no lo entenderían.
Hecha la advertencia, voy con este nuevo relato:
Después de volver a Madrid en octubre, mi mujer Rosi, Estefanía y yo empezamos a tener encuentros de manera más o menos regular, unas veces en nuestra casa y algunas otras, aprovechando los fines de semana, en algún sitio algo apartado para no encontrarnos con nadie de nuestro entorno.
Pasado el día de Reyes, y tras un encuentro en nuestra casa, cuando mi mujer se estaba duchando, estábamos Estefanía y yo sentados en el salón cuando me pregunta:

  • Sergio, ¿te acuerdas lo que te comentamos la primera vez que estuvimos los 3 juntos?
  • ¿A qué te refieres?
  • A que lo que te “regalamos” tu mujer y yo fue la puesta en práctica de una fantasía sexual que tenía Rosi desde hace tiempo
  • Ah, sí, me acuerdo
  • Y dime, ¿tú no tienes ninguna fantasía que quisieras realizar?
  • La verdad es que no –le dije riéndome- porque para qué voy a tener fantasías si la realidad supera cualquier fantasía que pudiera tener
  • No, en serio. ¿No tienes ningún sueño o deseo sexual que quisieras realizar?
Lo cierto es que yo, en ese sentido, debo reconocer que soy muy simple y que, al menos conscientemente, no recordaba nada de lo que me preguntaba Estefanía. Como me insistía, hice examen de conciencia y me vino a la cabeza algo y se lo dije antes de que mi mujer volviera de la ducha.
  • Vaya, qué casualidad –me dice Estefanía- porque a mí me pasa lo mismo que a tú mujer.
  • No me lo puedo creer, ¿es verdad?
  • Totalmente. ¿Y que te parecería que, al igual que tú mujer y yo pusimos en marcha su fantasía para sorprenderte, prepare yo el terreno para que tú cumplas tu sueño con las dos?
  • ¿Qué quieres que te diga, aparte de que me encantaría? Lo único que no sé si Rosi accedería a ello; a mí las pocas veces que he insistido en ello me ha dicho que no
  • Bueno, lo intentamos. A lo mejor si ve que a mí me pasa lo mismo y que estamos las dos juntas en eso, se decide a dar el paso. Déjame hacer y ya te cuento.
Así lo hice. Pasaron los días y una tarde nos llama Estefanía para decir que el primer fin de semana de febrero se lo reservemos porque nos va a invitar por su cumpleaños. Cuando llegó el viernes por la tarde, tras salir yo del trabajo, recogí a mi mujer en casa y a Estefanía en la suya y pusimos rumbo a nuestro destino.
Estefanía había reservado en un complejo rural (si podemos evitamos los hoteles) que tenía casitas independientes, y había reservado una casita para 2-4 personas. La casita tenía 2 habitaciones, una con una cama de matrimonio y otra con 2 camas individuales pequeñas… pero ni que decir tiene que utilizamos únicamente la cama grande para dormir los 3 juntos.
Tras dar un pequeño paseo por los alrededores del complejo, tomamos una ligera cena y nos fuimos a nuestra casita. Sentados en el sofá del salón empezaron los besos, tocamientos, etc., preludio siempre de nuestros juegos sexuales. Estando mi mujer y Estefanía ya medio desnudas, y yo poco más o menos, pasamos a la habitación donde nos quedamos los tres desnudos y nos echamos en la cama.
Las dos se dedicaron a mi polla. He de deciros que me encanta cuando me la están comiendo entre las dos y se dan besos en la boca mientras lo hacen. Mi mujer fue la primera que quiso algo más, y se puso encima de mí para hacer un “69” mientras que Estefanía se quedaba entre mis piernas.
Al cabo de un rato, mi mujer le dijo a Estefanía:

  • Ven, te toca a ti –y se cambiaron las posiciones.
Estuvimos así un rato hasta que Estefanía retiró su coño de mi boca y se levantó de la cama.
  • ¿Dónde vas? –le preguntó mi mujer
  • Vuelvo enseguida, no os preocupéis
Mi mujer dejó de chuparme y se sentó encima de mi polla, y yo empecé unos movimientos algo rápidos dentro-fuera porque ya tenía ganas de follarme alguno de mis dos coñitos.
  • ¡Vaya, sí que tenéis ganas; no me habéis esperado! –dijo Estefanía cuando volvió
Nos reímos los dos pero seguíamos a lo nuestro. Estefanía se subió a la cama, volvió a poner su coño sobre mi boca para que se lo siguiera comiendo, y al mismo tiempo se empezó a morrear con mi mujer.
Como la mayoría de las veces, ellas son las que dirigen las operaciones y yo soy un mero juguete en sus manos, y esta vez la cosa iba por el mismo camino. Al rato de estar follando a mi mujer, se sacó mi polla de su coño y le dice a Estefanía: “Tu turno, preciosa”
Estefanía se quita de encima de mí y cuando pensábamos que iba a intercambiar la posición con mi mujer, se tumba a mi lado y le dice a mi mujer:

  • Espera. Ven y túmbate al otro lado
No sabíamos qué pasaba. Cuando ya estaba mi mujer tumbada a mi lado y Estefanía al otro lado mío de rodillas sobre la cama, dice:
  • Rosi, la última vez que nos acostamos en vuestra casa le pregunté a Sergio que si él no tenía ninguna fantasía sexual que quisiera hacer. Me dijo que no y, después de pensarlo, me dijo que había una cosa que no habíais hecho nunca
  • Pues ahora mismo no sé qué puede ser
  • Pues es lo mismo que tampoco he hecho yo nunca, de ahí que le dije a Sergio que me dejara prepararlo para la próxima vez que nos juntáramos… y ese día es hoy
  • No sé si fiarme de vosotros, me dais un poco de miedo
  • Acuérdate de nuestro primer día, cielo –le dije yo- Más miedo que tenía yo al estar atado y ciego y tú me dijiste que me tranquilizara y que me iba a gustar
  • Rosi, aquí nadie fuerza a nadie para hacer algo que no quiera o no le guste –le dijo Estefanía-. Además, vamos a hacerlo las dos juntas y si no nos gusta no se hace y ya está; no creo que Sergio se disguste por ello
  • En absoluto. Si sale bien el tema, encantado, y si no funciona, pues nos quedamos como ahora y en paz
Mi mujer nos miraba con ojos de no entender nada pero al final dijo:
  • Está bien. Vosotros diréis.
Estefanía le tendió una mano a mi mujer y se acercó para darle un beso en la boca.
  • Rosi, me dijo Sergio que habéis intentado hacer varias veces el coito anal pero que no habéis podido porque tú sentías dolor y no podías aguantar la penetración. A mí me ha pasado igual las pocas veces que mi ex intentó hacérmelo. Y le dije a Sergio que hoy intentaríamos las dos, ayudándonos entre los tres, superar ese hándicap y darle nuestros culitos “vírgenes”. ¿Qué te parece?
Mi mujer se quedó muda. Nos miraba a los dos sin decir nada, no sé si porque le pilló totalmente de sorpresa o porque era algo con lo que no estaba de acuerdo. Tras unos segundos de espera, al fin habló:
  • Me habéis dejado en fuera de juego, os lo juro. No imaginaba que sería eso. En fin, como bien decís, somos tres y lo que hacemos es por acuerdo entre los tres, así que estoy decidida a intentarlo con vosotros… pero no quiero ser yo la primera, Estefanía. ¿No te importa ser tú?
  • Claro que no, cielo –le dijo Estefanía y le dio un beso en la boca-. Aunque no lo hubieras dicho yo iba a proponeros ser la primera precisamente para darte más confianza. Como dicen por ahí, se aprueba la moción.
Nos besamos los tres y a partir de ahí Estefanía fue la directora de la orquesta. Se tumbó en la cama, boca arriba, y nos dice:
  • Sergio, un punto importante es la lubricación. Te encargo de que mojes mi agujerito muy bien y tú, Rosi, tienes vía libre para hacer lo que quieras
Yo me arrodillé a los pies de la cama y empecé por besarle su coño y a pasarle la lengua.
  • Me encanta que me hagas eso, pero no es ese el agujero que me tienes que lubricar.
  • Lo sé, tonta. Lo tenía al alcance y no he querido dejar de pasar la oportunidad. Ya voy a cumplir tus órdenes –le dije, tras lo cual bajé mi boca y mi lengua hacia su ano.
  • Pues ya que lo has dejado libre, es todo mío –dijo mi mujer.
Ellas dos empezaron con su “69”, entre gemidos de ambas, mientras yo me dedicaba con mi lengua a ir mojando su agujerito y, poco a poco, ir metiendo la puntita de mi lengua dentro de él, para intentar llegar lo más dentro posible. No sé si eran los lametones de mi mujer o los míos pero el caso es que Estefanía cada vez gemía más fuerte.
  • Un momento, parar los dos. Sergio, trae ese neceser pequeño que he dejado ahí encima.
Cogí lo que me dijo, se lo acerqué y de su interior veo que saca un tubo de lubricante, unos preservativos y dejó para el final la sorpresa: sacó una especie de consolador, formado por varias bolitas de silicona unidas, cada bolita de un tamaño distinto, y terminado en una especie de anillas para meter los dedos.
  • Echa lubricante a esto y, con mucho cuidado, me lo vas metiendo poco a poco en el culito. Rosi, tú continúa con lo que hacías.
Puse lubricante en la punta del consolador y en todas las bolitas, y se lo fui acercando poco a poco. La punta del consolador entró con facilidad. Dejé quieto el consolador hasta que Estefanía me dijo que metiera la primera bolita. Lo hice muy despacio hasta que, no sé si por el lubricante o porque ella colaboró, pero entró entera súbitamente.
De nuevo me paré para que se acostumbrara a la bola dentro. Entre tanto, mi mujer y ella seguían con su “69”, interrumpido sólo cuando Estefanía hablaba para decir que le siguiera introduciendo bolitas. Finalmente tuvo todas las bolitas en su interior y me pidió que moviera un poco hacia delante y hacia atrás el consolador pero sin llegar a sacar ninguna bola de su culito.
Estuve así un rato hasta que dijo:

  • Creo que ya estoy preparada para tu polla, pero, por favor, despacio y poco a poco, ¿vale?
  • Claro que sí –le dije- márcame tú el ritmo pero primero deja que yo también me prepare de nuevo
Mi polla, a pesar del panorama que tenía delante con ellas dos haciendo el “69” y teniendo el culo de Estefanía a merced de mi mano armada con el consolador, había perdido parte de la erección.
  • De eso me encargo yo –dijo mi mujer- Ven aquí
Me puse de pie y nada más hacerlo mi mujer dejó el coño de Estefanía y empezó a chuparme la polla. No hizo falta que le dedicara mucho tiempo y enseguida estaba preparado:
  • Ya estoy listo –le dije a Estefanía
  • Espera, métemela primero por el coño que quiere sentir tu polla al mismo tiempo que tengo el consolador en el culo.
Así lo hice. Mi polla entró sin problemas en su coño y empecé a moverme. Estefanía gemía con cada movimiento mío:
  • ¡Joder, que bien! Noto como tu polla empuja las bolas dentro de mi culo
  • Y yo noto las bolas cada vez que la meto y la saco
Así estuvimos un ratito hasta que Estefanía me pidió que la penetrara por el culo:
  • Ponte un preservativo y lubrícate bien y, sobre todo, despacito
Saqué la polla de su coño, me puse el preservativo y me di lubricante en él. Una vez preparado, fue mi mujer la que poco a poco fue sacando del culo de Estefanía todo el consolador para que yo tuviera vía libre y empezara a penetrarla.
Acerqué mi punta a su agujerito… y empecé a empujar poquito a poquito con ayuda de mi mano. Estefanía gimió un poquito cuando mi puntita empezó a entrar, yo paré pensando que le estaba haciendo daño, pero me dijo que siguiera. Poco a poco, siguiendo el ritmo que ella me marcaba, fui metiendo centímetro a centímetro mi polla hasta que, tras un movimiento de Estefanía al mismo tiempo que yo empujé un poquito, entré todo lo que podía entrar dentro de ella.
Me quedé quieto unos instantes. Le pregunté qué tal y me dice:

  • Ahora ya genial. Te noto dentro, llenándome, así que empieza a follar mi culito.
Aquello me puso a cien. Empecé a moverme dentro de ella. La sensación de follarme un culo por primea vez era increíble. Notaba mi polla presa de su culito a la vez que podía salir y entrar sin mucha dificultad. Entre tanto, mi mujer se había tumbado al lado de Estefanía y se estaba masturbando viendo el espectáculo.
No os puedo decir cuánto tardé en estar preparado para correrme. Se lo dije a ambas:

  • Creo que me voy a correr en nada.
  • Aguanta un poco –me dice Estefanía- a ver si me corro contigo
  • Y a ver si yo también lo hago con vosotros –dijo mi mujer
Estefanía empezó a tocarse su clítoris con sus dedos. Mi mujer seguía haciéndose lo mismo… y yo no pude aguantar mucho más.
  • ¡Ya no puedo más! –medio grité y a continuación, en uno de los golpes de mi polla hacia el interior del culo de Estefanía, mi leche empezó a salir y a llenar el preservativo.
Los orgasmos de ellas llegaron a continuación. Primero el de Estefanía que debió notar los espasmos de mi polla al correrme dentro de ella, y luego el de mi mujer al ser testigo de nuestros orgasmos.
Al poco noté como mi polla iba perdiendo “facultades” y muy despacio, sujetándomela con la mano para que no se saliera el preservativo, la fue sacando del culo de Estefanía, hasta liberar su agujerito por completo. Se lo vi completamente abierto y como poco a poco, tras sentirse libre del “ocupa”, se fue cerrando.
Nos tumbamos los tres en la cama, Estefanía en el centro, mi mujer a un lado y yo al otro.

  • Cielo –dijo Estefanía volviéndose hacia mí- gracias. Ha sido increíble. Me alegro de haber esperado a perder mi “virginidad” contigo
  • Gracias a ti. Tenía miedo de si ibas a sentir dolor o a no querer hacerlo, pero me ha encantado llegar hasta el final
  • Y ahora, Rosi, ya has visto cómo se puede hacer. Acuérdate bien de todo porque mañana es tu turno
  • No sé si seré capaz –dijo mi mujer- porque ya la última bola del consolador me parecía grande para mi agujerito, así que no sé, no sé…
  • ¿Te dejarás guiar por mí? – le dijo Estefanía- Lo haremos despacio, sin prisas y, sobre todo, con tu aceptación. Si en algún momento dices que basta, ni Sergio ni yo seguiremos, ¿de acuerdo?
  • Claro que sí. Me fio de vosotros pero la que no tiene confianza en sí misma soy yo
  • Bueno, ahora a dormir. Mañana será otro día intenso… y genial, ya veréis.
Me puse yo en el centro de la cama, como hacíamos cada vez que dormíamos los 3 juntos, nos tapamos… y nos quedamos dormidos al poco tiempo. (Continuará)
Les hay afortunados pero como tú pocos.
 

Yyoconestospelos

Miembro activo
Mega Pajillero
Buenos días:
Lo prometido es deuda. Aquí os dejo la primera parte de nuestro último encuentro. Espero que disfrutéis del relato lo mismo que yo disfruté de lo que en él os cuento:


Lo primero que quiero advertir a los foreros que estén leyendo ésto es que primeramente lean las partes precedentes del relato con el título “Mi regalo de cumpleaños” porque, si no lo hacen así, lo que viene a continuación no lo entenderían.
Hecha la advertencia, voy con este nuevo relato:
Después de volver a Madrid en octubre, mi mujer Rosi, Estefanía y yo empezamos a tener encuentros de manera más o menos regular, unas veces en nuestra casa y algunas otras, aprovechando los fines de semana, en algún sitio algo apartado para no encontrarnos con nadie de nuestro entorno.
Pasado el día de Reyes, y tras un encuentro en nuestra casa, cuando mi mujer se estaba duchando, estábamos Estefanía y yo sentados en el salón cuando me pregunta:

  • Sergio, ¿te acuerdas lo que te comentamos la primera vez que estuvimos los 3 juntos?
  • ¿A qué te refieres?
  • A que lo que te “regalamos” tu mujer y yo fue la puesta en práctica de una fantasía sexual que tenía Rosi desde hace tiempo
  • Ah, sí, me acuerdo
  • Y dime, ¿tú no tienes ninguna fantasía que quisieras realizar?
  • La verdad es que no –le dije riéndome- porque para qué voy a tener fantasías si la realidad supera cualquier fantasía que pudiera tener
  • No, en serio. ¿No tienes ningún sueño o deseo sexual que quisieras realizar?
Lo cierto es que yo, en ese sentido, debo reconocer que soy muy simple y que, al menos conscientemente, no recordaba nada de lo que me preguntaba Estefanía. Como me insistía, hice examen de conciencia y me vino a la cabeza algo y se lo dije antes de que mi mujer volviera de la ducha.
  • Vaya, qué casualidad –me dice Estefanía- porque a mí me pasa lo mismo que a tú mujer.
  • No me lo puedo creer, ¿es verdad?
  • Totalmente. ¿Y que te parecería que, al igual que tú mujer y yo pusimos en marcha su fantasía para sorprenderte, prepare yo el terreno para que tú cumplas tu sueño con las dos?
  • ¿Qué quieres que te diga, aparte de que me encantaría? Lo único que no sé si Rosi accedería a ello; a mí las pocas veces que he insistido en ello me ha dicho que no
  • Bueno, lo intentamos. A lo mejor si ve que a mí me pasa lo mismo y que estamos las dos juntas en eso, se decide a dar el paso. Déjame hacer y ya te cuento.
Así lo hice. Pasaron los días y una tarde nos llama Estefanía para decir que el primer fin de semana de febrero se lo reservemos porque nos va a invitar por su cumpleaños. Cuando llegó el viernes por la tarde, tras salir yo del trabajo, recogí a mi mujer en casa y a Estefanía en la suya y pusimos rumbo a nuestro destino.
Estefanía había reservado en un complejo rural (si podemos evitamos los hoteles) que tenía casitas independientes, y había reservado una casita para 2-4 personas. La casita tenía 2 habitaciones, una con una cama de matrimonio y otra con 2 camas individuales pequeñas… pero ni que decir tiene que utilizamos únicamente la cama grande para dormir los 3 juntos.
Tras dar un pequeño paseo por los alrededores del complejo, tomamos una ligera cena y nos fuimos a nuestra casita. Sentados en el sofá del salón empezaron los besos, tocamientos, etc., preludio siempre de nuestros juegos sexuales. Estando mi mujer y Estefanía ya medio desnudas, y yo poco más o menos, pasamos a la habitación donde nos quedamos los tres desnudos y nos echamos en la cama.
Las dos se dedicaron a mi polla. He de deciros que me encanta cuando me la están comiendo entre las dos y se dan besos en la boca mientras lo hacen. Mi mujer fue la primera que quiso algo más, y se puso encima de mí para hacer un “69” mientras que Estefanía se quedaba entre mis piernas.
Al cabo de un rato, mi mujer le dijo a Estefanía:

  • Ven, te toca a ti –y se cambiaron las posiciones.
Estuvimos así un rato hasta que Estefanía retiró su coño de mi boca y se levantó de la cama.
  • ¿Dónde vas? –le preguntó mi mujer
  • Vuelvo enseguida, no os preocupéis
Mi mujer dejó de chuparme y se sentó encima de mi polla, y yo empecé unos movimientos algo rápidos dentro-fuera porque ya tenía ganas de follarme alguno de mis dos coñitos.
  • ¡Vaya, sí que tenéis ganas; no me habéis esperado! –dijo Estefanía cuando volvió
Nos reímos los dos pero seguíamos a lo nuestro. Estefanía se subió a la cama, volvió a poner su coño sobre mi boca para que se lo siguiera comiendo, y al mismo tiempo se empezó a morrear con mi mujer.
Como la mayoría de las veces, ellas son las que dirigen las operaciones y yo soy un mero juguete en sus manos, y esta vez la cosa iba por el mismo camino. Al rato de estar follando a mi mujer, se sacó mi polla de su coño y le dice a Estefanía: “Tu turno, preciosa”
Estefanía se quita de encima de mí y cuando pensábamos que iba a intercambiar la posición con mi mujer, se tumba a mi lado y le dice a mi mujer:

  • Espera. Ven y túmbate al otro lado
No sabíamos qué pasaba. Cuando ya estaba mi mujer tumbada a mi lado y Estefanía al otro lado mío de rodillas sobre la cama, dice:
  • Rosi, la última vez que nos acostamos en vuestra casa le pregunté a Sergio que si él no tenía ninguna fantasía sexual que quisiera hacer. Me dijo que no y, después de pensarlo, me dijo que había una cosa que no habíais hecho nunca
  • Pues ahora mismo no sé qué puede ser
  • Pues es lo mismo que tampoco he hecho yo nunca, de ahí que le dije a Sergio que me dejara prepararlo para la próxima vez que nos juntáramos… y ese día es hoy
  • No sé si fiarme de vosotros, me dais un poco de miedo
  • Acuérdate de nuestro primer día, cielo –le dije yo- Más miedo que tenía yo al estar atado y ciego y tú me dijiste que me tranquilizara y que me iba a gustar
  • Rosi, aquí nadie fuerza a nadie para hacer algo que no quiera o no le guste –le dijo Estefanía-. Además, vamos a hacerlo las dos juntas y si no nos gusta no se hace y ya está; no creo que Sergio se disguste por ello
  • En absoluto. Si sale bien el tema, encantado, y si no funciona, pues nos quedamos como ahora y en paz
Mi mujer nos miraba con ojos de no entender nada pero al final dijo:
  • Está bien. Vosotros diréis.
Estefanía le tendió una mano a mi mujer y se acercó para darle un beso en la boca.
  • Rosi, me dijo Sergio que habéis intentado hacer varias veces el coito anal pero que no habéis podido porque tú sentías dolor y no podías aguantar la penetración. A mí me ha pasado igual las pocas veces que mi ex intentó hacérmelo. Y le dije a Sergio que hoy intentaríamos las dos, ayudándonos entre los tres, superar ese hándicap y darle nuestros culitos “vírgenes”. ¿Qué te parece?
Mi mujer se quedó muda. Nos miraba a los dos sin decir nada, no sé si porque le pilló totalmente de sorpresa o porque era algo con lo que no estaba de acuerdo. Tras unos segundos de espera, al fin habló:
  • Me habéis dejado en fuera de juego, os lo juro. No imaginaba que sería eso. En fin, como bien decís, somos tres y lo que hacemos es por acuerdo entre los tres, así que estoy decidida a intentarlo con vosotros… pero no quiero ser yo la primera, Estefanía. ¿No te importa ser tú?
  • Claro que no, cielo –le dijo Estefanía y le dio un beso en la boca-. Aunque no lo hubieras dicho yo iba a proponeros ser la primera precisamente para darte más confianza. Como dicen por ahí, se aprueba la moción.
Nos besamos los tres y a partir de ahí Estefanía fue la directora de la orquesta. Se tumbó en la cama, boca arriba, y nos dice:
  • Sergio, un punto importante es la lubricación. Te encargo de que mojes mi agujerito muy bien y tú, Rosi, tienes vía libre para hacer lo que quieras
Yo me arrodillé a los pies de la cama y empecé por besarle su coño y a pasarle la lengua.
  • Me encanta que me hagas eso, pero no es ese el agujero que me tienes que lubricar.
  • Lo sé, tonta. Lo tenía al alcance y no he querido dejar de pasar la oportunidad. Ya voy a cumplir tus órdenes –le dije, tras lo cual bajé mi boca y mi lengua hacia su ano.
  • Pues ya que lo has dejado libre, es todo mío –dijo mi mujer.
Ellas dos empezaron con su “69”, entre gemidos de ambas, mientras yo me dedicaba con mi lengua a ir mojando su agujerito y, poco a poco, ir metiendo la puntita de mi lengua dentro de él, para intentar llegar lo más dentro posible. No sé si eran los lametones de mi mujer o los míos pero el caso es que Estefanía cada vez gemía más fuerte.
  • Un momento, parar los dos. Sergio, trae ese neceser pequeño que he dejado ahí encima.
Cogí lo que me dijo, se lo acerqué y de su interior veo que saca un tubo de lubricante, unos preservativos y dejó para el final la sorpresa: sacó una especie de consolador, formado por varias bolitas de silicona unidas, cada bolita de un tamaño distinto, y terminado en una especie de anillas para meter los dedos.
  • Echa lubricante a esto y, con mucho cuidado, me lo vas metiendo poco a poco en el culito. Rosi, tú continúa con lo que hacías.
Puse lubricante en la punta del consolador y en todas las bolitas, y se lo fui acercando poco a poco. La punta del consolador entró con facilidad. Dejé quieto el consolador hasta que Estefanía me dijo que metiera la primera bolita. Lo hice muy despacio hasta que, no sé si por el lubricante o porque ella colaboró, pero entró entera súbitamente.
De nuevo me paré para que se acostumbrara a la bola dentro. Entre tanto, mi mujer y ella seguían con su “69”, interrumpido sólo cuando Estefanía hablaba para decir que le siguiera introduciendo bolitas. Finalmente tuvo todas las bolitas en su interior y me pidió que moviera un poco hacia delante y hacia atrás el consolador pero sin llegar a sacar ninguna bola de su culito.
Estuve así un rato hasta que dijo:

  • Creo que ya estoy preparada para tu polla, pero, por favor, despacio y poco a poco, ¿vale?
  • Claro que sí –le dije- márcame tú el ritmo pero primero deja que yo también me prepare de nuevo
Mi polla, a pesar del panorama que tenía delante con ellas dos haciendo el “69” y teniendo el culo de Estefanía a merced de mi mano armada con el consolador, había perdido parte de la erección.
  • De eso me encargo yo –dijo mi mujer- Ven aquí
Me puse de pie y nada más hacerlo mi mujer dejó el coño de Estefanía y empezó a chuparme la polla. No hizo falta que le dedicara mucho tiempo y enseguida estaba preparado:
  • Ya estoy listo –le dije a Estefanía
  • Espera, métemela primero por el coño que quiere sentir tu polla al mismo tiempo que tengo el consolador en el culo.
Así lo hice. Mi polla entró sin problemas en su coño y empecé a moverme. Estefanía gemía con cada movimiento mío:
  • ¡Joder, que bien! Noto como tu polla empuja las bolas dentro de mi culo
  • Y yo noto las bolas cada vez que la meto y la saco
Así estuvimos un ratito hasta que Estefanía me pidió que la penetrara por el culo:
  • Ponte un preservativo y lubrícate bien y, sobre todo, despacito
Saqué la polla de su coño, me puse el preservativo y me di lubricante en él. Una vez preparado, fue mi mujer la que poco a poco fue sacando del culo de Estefanía todo el consolador para que yo tuviera vía libre y empezara a penetrarla.
Acerqué mi punta a su agujerito… y empecé a empujar poquito a poquito con ayuda de mi mano. Estefanía gimió un poquito cuando mi puntita empezó a entrar, yo paré pensando que le estaba haciendo daño, pero me dijo que siguiera. Poco a poco, siguiendo el ritmo que ella me marcaba, fui metiendo centímetro a centímetro mi polla hasta que, tras un movimiento de Estefanía al mismo tiempo que yo empujé un poquito, entré todo lo que podía entrar dentro de ella.
Me quedé quieto unos instantes. Le pregunté qué tal y me dice:

  • Ahora ya genial. Te noto dentro, llenándome, así que empieza a follar mi culito.
Aquello me puso a cien. Empecé a moverme dentro de ella. La sensación de follarme un culo por primea vez era increíble. Notaba mi polla presa de su culito a la vez que podía salir y entrar sin mucha dificultad. Entre tanto, mi mujer se había tumbado al lado de Estefanía y se estaba masturbando viendo el espectáculo.
No os puedo decir cuánto tardé en estar preparado para correrme. Se lo dije a ambas:

  • Creo que me voy a correr en nada.
  • Aguanta un poco –me dice Estefanía- a ver si me corro contigo
  • Y a ver si yo también lo hago con vosotros –dijo mi mujer
Estefanía empezó a tocarse su clítoris con sus dedos. Mi mujer seguía haciéndose lo mismo… y yo no pude aguantar mucho más.
  • ¡Ya no puedo más! –medio grité y a continuación, en uno de los golpes de mi polla hacia el interior del culo de Estefanía, mi leche empezó a salir y a llenar el preservativo.
Los orgasmos de ellas llegaron a continuación. Primero el de Estefanía que debió notar los espasmos de mi polla al correrme dentro de ella, y luego el de mi mujer al ser testigo de nuestros orgasmos.
Al poco noté como mi polla iba perdiendo “facultades” y muy despacio, sujetándomela con la mano para que no se saliera el preservativo, la fue sacando del culo de Estefanía, hasta liberar su agujerito por completo. Se lo vi completamente abierto y como poco a poco, tras sentirse libre del “ocupa”, se fue cerrando.
Nos tumbamos los tres en la cama, Estefanía en el centro, mi mujer a un lado y yo al otro.

  • Cielo –dijo Estefanía volviéndose hacia mí- gracias. Ha sido increíble. Me alegro de haber esperado a perder mi “virginidad” contigo
  • Gracias a ti. Tenía miedo de si ibas a sentir dolor o a no querer hacerlo, pero me ha encantado llegar hasta el final
  • Y ahora, Rosi, ya has visto cómo se puede hacer. Acuérdate bien de todo porque mañana es tu turno
  • No sé si seré capaz –dijo mi mujer- porque ya la última bola del consolador me parecía grande para mi agujerito, así que no sé, no sé…
  • ¿Te dejarás guiar por mí? – le dijo Estefanía- Lo haremos despacio, sin prisas y, sobre todo, con tu aceptación. Si en algún momento dices que basta, ni Sergio ni yo seguiremos, ¿de acuerdo?
  • Claro que sí. Me fio de vosotros pero la que no tiene confianza en sí misma soy yo
  • Bueno, ahora a dormir. Mañana será otro día intenso… y genial, ya veréis.
Me puse yo en el centro de la cama, como hacíamos cada vez que dormíamos los 3 juntos, nos tapamos… y nos quedamos dormidos al poco tiempo. (Continuará)
Que manera más buena de disfrutar. Buen relato.
 

elherdau

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Hombre afortunado donde los haya. Menuda suerte desvirgar dos culitos. notworth notworth clap0000clap0000beerchugbeerchug
 
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xar63

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Pajillero Novato
Un relato espectacular , una vivencia unica sin buscarla ,felicidades por tu descripcion de las escenas ha sido muy morbosa y placentera para los tres.
 

baria

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Pajillero Novato
De nuevo gracias a todos por vuestros comentarios. Y para no defraudaros, voy a por el final del encuentro que ya os he empezado a contar:

A la mañana siguiente, cuando me desperté, mi mujer no estaba en la cama. Yo me levanté con cuidado para no despertar a Estefanía. En el salón estaba mi mujer viendo la televisión. Hablamos un rato de lo ocurrido en la noche anterior y mi mujer me expresó su miedo:

  • No sé si seré capaz de hacer lo mismo que Estefanía –me dice- y eso me asusta porque sé que a ti te encantaría hacérmelo y a mí también de que me lo hicieras pero…
  • Cariño, no pasa nada si no puedes. Hemos estado todos estos años sin hacerlo y si seguimos igual no pasa absolutamente nada.
  • Lo sé, y visto cómo anoche Estefanía pudo hacerlo por primera vez, ya tengo algo menos de miedo, pero no sé si llegado el momento seré capaz de disponer mi culo para todo eso
  • Sólo recuerda una cosa –le dije-: llegaremos hasta dónde tú quieras y cómo tú quieras. Si dices que no, pues será no, y ya está, ¿vale?
  • Vale, intentaré no defraudaros a ninguno de los dos.
Mientras mi mujer estaba en la ducha se levantó Estefanía y le comenté lo que me había dicho Rosi. Quedamos en hacerlo aún más lento y más poquito a poco para que todo le resultara más fácil.
Esa mañana Rosi había reservado una sesión de spa con masaje en un balneario que había en el siguiente pueblo. Pasamos allí la mañana y salimos con aires renovados. Comimos en un restaurante cercano y regresamos a nuestro alojamiento.
Al llegar allí, Estefanía cogió de la mano a Rosi y le dijo que le acompañara al baño. Ante nuestra extrañeza, nos dijo que iba a prepararla para lo que vendría después.
Pasó un buen rato durante el cual yo no sabía qué estaba pasando. Finalmente regresaron al salón y se sentaron a mi lado en el sofá. Yo las miré a ambas porque no sabía muy bien qué hacer y fue Estefanía la que dijo:

  • Tranquilo, Sergio. No hay ningún problema. En un ratito estaremos dispuestas para ti.
Estuvimos viendo un poco la televisión hasta que Estefanía cogió el mando a distancia, apagó la televisión y dijo:
  • Bueno, cuanto antes empecemos, más tiempo tenemos para hacer cosas.
Nos levantamos los tres del sofá y fuimos a la habitación. Por el camino Estefanía le besó en la boca a mi mujer al mismo tiempo que le decía: “Tranquila, déjanos hacer y disfruta”.
Ya en la cama empezamos con los prolegómenos: mi polla comida por las dos, mi boca comiendo ambos coñitos, ellas haciéndose lo mismo,… Al rato Estefanía coge a mi mujer y le dice que se tumbe en la cama que vamos a empezar a prepararla.
Yo me arrodillo a los pies de la cama y empiezo a jugar con mi lengua en el agujerito de mi mujer. Ella gime y dice que le gusta… aunque también puede que se refiera a que, al mismo tiempo, Estefanía y ella estaban haciendo el “69” de rigor. Tras un buen rato Estefanía me hace un gesto y yo cojo el consolador y lo lubrico bien.

  • Ahora empezamos lo bueno, cielo –le dice Estefanía a mi mujer- Recuerda: tú diriges y nos dices si vamos bien, si paramos, o lo que sea, ¿entendido?
  • Confío en vosotros –dijo mi mujer
Dicho y hecho. Acerco la punta del consolador a su agujerito y empiezo a meterlo muy despacio. La punta del consolador y el agujerito de Rosi estaban muy lubricados por lo que entra sin problemas. Aguanto un poco y voy empezando a meter la primera bolita. Rosi gime un poco, paro, vuelvo a intentarlo y entra la bolita con un gemido de mi mujer.
  • ¿Bien así, cielo? –le dice Estefanía
  • Sí, sí.
Voy moviendo un poco el consolador dentro de su culito, para que se acostumbre a la bolita y, al poco, empiezo a meter la siguiente bolita. Los gemidos de Rosi siguen, alguna pequeña resistencia, pero cuando se quiere dar cuenta ya tiene todas las bolitas en su culito… aunque ella no se lo creía.
Comienzo a moverle el consolador poco a poco y mi mujer dice que le gusta. Eso me pone supercontento. Estefanía me da en el hombro, me indica que me levante y, al hacerlo, mi polla queda a la altura de su boca y empieza a comérmela. Cuando ya está dura y supermojada por su saliva, Estefanía le dice a mi mujer:

  • Ahora quiero que sientas como es tener tus dos agujeritos llenos. Te aseguro que es genial
No hace falta que me diga nada. Cojo mi polla y la empiezo a meter en el coño de mi mujer. Da un gritito de placer y se abre del todo, hasta que mi polla se lo llena. Es genial follármela oyendo como grita de gusto, diciendo que le encanta y que siente como el consolador se mueve a cada movimiento de mi polla. No os lo puedo asegurar, pero creo que, por el movimiento de su coño y su grito, que mi mujer tuvo un orgasmo.
Viendo que yo también me podía correr, saco mi polla y es la propia Estefanía la que me pone el condón y me lo cubre de lubricante.

  • Cielo –le dice a mi mujer- a partir de ahora estamos a lo que tú nos digas. Sergio está preparado para ti y para darte gusto. ¿Tú también lo estás?
  • Sí, creo que sí. No quiero volverme atrás ahora
Yo besé en la boca a mi mujer al mismo tiempo que le decía: “Lo que tú quieras hacer es lo que voy a hacer, cielo”. Me puse la polla junto a su agujerito esperando a que Estefanía le fuera sacando el consolador. Cuando estuvo fuera de su culito, y aprovechando que su agujerito estaba abierto, metí la punta de mi polla. Para sorpresa de todos, entró sin problema y sin que mi mujer se quejara. Eso me animó y muy despacio fui metiendo cada vez más un poquito de mi polla. Tan sólo hubo un instante en que mi mujer pegó un pequeño respingo como si le doliera o le molestara, pero al decirle que si pasaba algo, me dice que no y que siga, pero yo notaba que algo la molestaba. Estefanía también se dio cuenta y se lo dijo:
  • ¿Algún problema, cielo? ¿Paramos, lo dejamos…?
  • No lo sé, iba bien pero los últimos movimientos me molestan un poco
  • Espera, vamos a intentarlo de otra forma
Estefanía me hizo sacar la polla del culo de Rosi y me dijo que me tumbara boca arriba en la cama. A continuación le dijo a Rosi que se pusiera encima de mí y que fuera ella la que se fuera metiendo mi polla poco a poco en su culo. Así lo hicimos… y resultó ser la solución. Rosi cada vez subía y bajaba con más ganas y más rápido. A mí me encantaba verlo y notar como mi polla entraba todo lo que Rosi quería.
No soy capaz de deciros si a mí me gustó más follar el culo de Estefanía o el culo de mi mujer, pero os confieso que disfruté más follando a mi mujer por el hecho de que estaba haciendo algo que nunca había hecho con ella y que yo siempre tuve ganas de hacerla.
Estefanía siguió el ejemplo de mi mujer: mientras yo entraba y salía del culo de Rosi, ella empezó a tocarse y a masturbarse, hasta que se movió y me puso el coño en la boca para que se lo comiera. Ya no podía ver a mi mujer meterse mi polla, pero la seguía notando dentro de su culo. No sé cuánto duró aquello pero sé que esta vez también yo fui el primero en correrme, que mi mujer, nada más sentir mi orgasmo y el calor de mi leche en su culo a través del preservativo, se tocó el clítoris y se corrió, y Estefanía, que había quitado su coño de mi boca, estaba de rodillas junto a mí y también tuvo su orgasmo tocándose su coño.
Agotados los tres, Estefanía se tumbó a mi lado pero mi mujer se echó sobre mí sin sacarse mi polla de su culo.

  • Gracias, gracias a los dos –decía mi mujer mientras nos besaba- Ha estado genial, me ha encantado. Nunca pensé que sería así y que sentiría lo que he sentido
  • Yo sí que os doy las gracias a las dos- dije yo- por dejarme cumplir este sueño. No esperaba que pudiera hacerlo alguna vez… y han sido dos veces increíbles.
  • A lo mejor ha salido así porque nosotras dos teníamos también ganas de vencer este “tabú” y porque formamos un equipo genial, ja ja –dijo Estefanía.
Nos quedamos un rato en silencio, recuperando el resuello. Mi polla finalmente salió del culo de mi mujer y ella misma me quitó el preservativo lleno de leche. Se tumbó a mi lado y nos quedamos los tres abrazados y medio adormilados hasta que nos levantamos para ducharnos e ir a la cena.
Esa noche, al volver a la cama, no hicimos nada más… salvo desnudarnos los 3 y dormir desnudos toda la noche. A la mañana siguiente vuelta a Madrid… pensando en lo que habíamos hecho el fin de semana y pensando en lo que haríamos en nuestro próximo encuentro.


Gracias a todos los que hayáis leído este relato, espero que os haya gustado y, como hice en el anterior, aseguraros que todo lo que he contado sucedió tal y como os lo he dicho.
¿Hasta una próxima vez?
 

ragasa

Miembro
Pajillero
De nuevo te has superado, en la experiencia y en tu relato.
Esperamos que si surgen más situaciones nos las sigas queriendo contar... para seguir con nuestra sana envidia.
Gracias por compartirlas aquí.
 

xar63

Nuevo miembro
Pajillero Novato
Excelente relato,me ha encantado la redaccion y el morbo de la vivencia.

un saludo
 

dayamineral

Miembro bien conocido
Mega Pajillero
De nuevo gracias a todos por vuestros comentarios. Y para no defraudaros, voy a por el final del encuentro que ya os he empezado a contar:
....

Escelente y morboso relato, sigue deleitandonos con mas episodios si los hay, y contandonos como habeis llegado a conseguir el equilibrio si es que lo habeis conseguido, y como lo manteneis.
 
Última edición:

baria

Miembro activo
Pajillero Novato
Escelente y morboso relato, sigue deleitandonos con mas episodios si los hay, y contandonos como habeis llegado a conseguir el equilibrio si es que lo habeis conseguido, y como lo manteneis.
Gracias a tí y al resto de foreros por tus comentarios. Si tenemos más episodios, como dices, dignos de contar, os los contaré, contar con ellos.
En cuanto a lo del equilibrio, todo empieza porque somos personas adultas y tenemos muy claro por qué empezó ésto, por qué ha seguido y lo que pretendemos conseguir los tres. Fundamental también es el respeto que nos tenemos cada uno de los tres, y nunca hacemos nada si alguno de nosotros se opone a ello o pone algún tipo de reparo. Y también el que tras estos meses, y basado posiblemente en todo lo anterior, la relación que hemos establecido va más allá de lo puramente sexual.
Espero haber respondido a tu pregunta.
Un saludo.
 

baria

Miembro activo
Pajillero Novato
Hola a todos:
Agradeceros primero todos vuestros comentarios y "Me gusta" a estos relatos. Voy a poner otro relato de otra experiencia pero, para no hacer más largo éste, lo pondré en otro nuevo relato que se llamará "Sexo y algo más" (no sé si se podría poner un enlace al mismo desde aquí, de ahí que os diga el título por si lo queréis leer).
Espero que también sea de vuestro agrado.
Gracias otra vez.
 

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